La reforma que sí le urge a la Judicial
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- hace 1 hora
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Columna de opinión escrita por Salvador Camarena para el diario El Financiero
Martes 19 de mayo de 2026
Salvador Camarena
Arturo Manuel Chávez López fue colaborador de Claudia Sheinbaum cuando la hoy presidenta era alcaldesa de Tlalpan (2015-2017). También cuando fue jefa de Gobierno de la CDMX. Y en este sexenio fue su titular de Talleres Gráficos de México. Que luego haya resultado que era el mejor candidato para integrarse como consejero electoral es, no vayan a creer ustedes, pura chiripa.
Desde abril, Chávez López es uno de los tres consejeros que se integraron este año al Instituto Nacional Electoral. Lo hizo con cero discreción: no iba a pasar inadvertido en la selección quien logra 99 de 100 aciertos en el respectivo examen.
La prensa recogió su humilde versión de tal puntaje: “Los científicos sociales nos dedicamos a estudiar mucho; el conocimiento es la base de la transformación”, dijo. “Yo aplico muchos exámenes y sé cómo preparar un examen, la cosa es estudiar”. ¡Aléguenle al umpire!
Seguro fue demasiada confianza lo que provocó que gente que lleva décadas en el estudio y ejercicio profesional de leyes e instituciones con las que México organiza sus comicios sacaran un puntaje notoriamente inferior al de Chávez López, como María del Carmen Alanís, exmagistrada electoral que se inscribió en el mismo proceso que el excolaborador de Sheinbaum, pero sacó 79 de 100 posibles.
El caso de Chávez López viene como anillo al dedo –diría el ex– para quienes abriguen la peregrina tentación de echar campanas al vuelo por la noticia en la mañanera de ayer, donde la presidenta anunció cambios a la reforma judicial.
Más allá de posponerla, que se explica por motivos estrictamente logísticos, la elección judicial no tendrá méritos reales, ni generará confianza en la inversión, si no atiende dos elementos que ya se vieron en 2025 con el primer ejercicio de tan inopinado aquelarre.
El proceso de selección y la equidad en la elección tendrían que ser diametralmente distintos si de verdad se quiere corregir la reforma judicial y, por consecuencia, lograr que tan disparatada idea –elegir en urnas a jueces– no ponga nerviosos a inversionistas y ciudadanos.
El problema es que no hay razones para creerle a la presidenta. Y en Arturo Chávez tenemos un gran argumento. Él y las dos nuevas consejeras son producto de un comité cero plural y menos independiente de Morena en San Lázaro. De una farsa, pues.
Ayer quedó inaugurada una fase de deliberación sobre lo que busque la presidenta Sheinbaum en el Judicial, además de posponer un año la elección.
Se dirá que habrá mejoras en las boletas, en el comité, etcétera. Mas lo que no se hará es crucial: con la premura y cerrazón se tramitará en el Congreso una iniciativa que no garantiza un mecanismo multipartidista y menos ciudadano para filtrar las candidaturas.
Sin eso, el proceso puede ser más ejecutivo –menos aberraciones de forma al cribar precandidaturas–, pero igual de sectario en el resultado: la mayoría de las personas aspirantes serán del oficialismo y, ¿alguien duda que veremos la temporada 2 de los acordeones?
Y encima, lo presumirán como un logro. Tanto como Chávez López cuando declaró su experiencia en materia electoral: “he participado como ciudadano, en casillas electorales y en otros procesos políticos; por supuesto que tengo mucha experiencia (...) Como director general de Talleres Gráficos de México, estamos imprimiendo las boletas”.
Ajá, el problema es que o se burlan diciendo eso porque saben que no importa, que no rinden cuentas, o se burlan de la inteligencia de todos cuando se creen sus propios choros. El resultado es el mismo: de estas “mejoras” de Palacio no crecerá nada bueno.
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Sin preocupación
Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma
Martes 19 de mayo de 2026
Sergio Sarmiento
"Estar preocupado es ser inteligente,
aunque de modo pasivo. Sólo los
tontos carecen de preocupaciones".
Atribuido a Johann Wolfgang
von Goethe
La presidenta Sheinbaum ha tratado de restar relevancia a las acusaciones en Estados Unidos a los 10 de Sinaloa acusados de narcotráfico y terrorismo. No hay "ningún riesgo", dijo ayer, ante las decisiones del exsecretario de Seguridad y del exsecretario de Finanzas de Sinaloa de entregarse a las autoridades estadounidenses. Sobre la posibilidad de que su partido, Morena, sea declarado una organización terrorista por sus vínculos con el narcotráfico, respondió de igual suerte: "Ningún riesgo". Ante la decisión de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de congelar las cuentas bancarias del gobernador Rubén Rocha Moya, tres de sus hijos y otros nueve exfuncionarios sinaloenses, aclaró: "Estas medidas no constituyen una determinación definitiva ni implican la acreditación de responsabilidad alguna, sino acciones preventivas de carácter administrativo".
No hay ningún riesgo, como vemos, ninguna preocupación. Apenas la semana pasada la presidenta Sheinbaum habló con el primer mandatario de Estados Unidos y todo salió a pedir de boca. "Tuve una cordial y excelente conversación con el presidente Trump -explicó el 15 de mayo-. Reafirmamos el trabajo que estamos haciendo en seguridad y las pláticas sobre comercio. Acordamos hablar nuevamente y continuar el diálogo con algunos de sus colaboradores que, en fecha próxima, visitarán nuestro país". Así es, las cosas van tan bien que la Presidenta sostendrá reuniones personales con Markwayne Mullin, titular del Departamento de Seguridad Nacional; Sara Carter, de la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas; y Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos.
Las reiteradas declaraciones de Trump en el sentido de que México es un país gobernado por el narco son simples chascarrillos o solo tienen propósitos electorales. No son señal de alguna verdadera diferencia. Las llamadas entre ambos resultan siempre cordiales y revelan la magnífica relación entre ellos. A eso hay que prestar atención, no a las declaraciones políticas.
A Trump, por supuesto, no le importa que un fiscal de su Departamento de Justicia haya presentado acusaciones contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y otros nueve miembros de la élite del poder de Sinaloa. Tampoco que un gran jurado, un panel de ciudadanos que tiene la tarea de revisar las pruebas, haya decidido avalarlas. Trump ha dicho que la presidenta mexicana tiene una voz muy bonita y por ello, cuando ella le dice que no hay pruebas contundentes, él lo acepta sin chistar. Las acusaciones son producto de las maniobras de unos fiscales malvados, como esos que procesaron a Genaro García Luna y lograron que un jurado lo declara culpable sin más pruebas que los testimonios de unos criminales convertidos en testigos protegidos. Sin embargo, Trump entiende que esos testigos rinden testimonios sinceros contra un criminal como García Luna, pero no contra un gobernador bueno y amigo del mejor presidente de la historia de México, Andrés Manuel López Obrador.
No hay nada de qué preocuparse. El presidente Trump sabe que nosotros en la 4T siempre actuamos con el beneficio del pueblo en el corazón. Lo hemos afirmado con claridad: "Nadie, ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada, puede esconderse bajo el halo de la transformación del pueblo de México... Este es un movimiento honesto, honrado, que le cumple al pueblo. Como decimos, nosotros no mentimos, no robamos y nunca vamos a traicionar al pueblo de México".























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