Bajar desaparecidos, antes que perseguir desaparecedores
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Columna de opinión escrita por Salvador Camarena para el diario El Financiero
Miércoles 8 de abril de 2026
Salvador Camarena
La capacidad de los criminales en México es directamente proporcional a la podredumbre de policías, fiscalías y gobiernos. Lo ha dicho el propio García Harfuch, en los estados donde se toman en serio el procurar seguridad, se nota.
En su perenne búsqueda de impunidad, el crimen opera en varias lógicas. Con respecto a autoridades, resiste o compra a quienes le deberían combatir; respecto a sus rivales y a ciudadanos sin involucramiento delincuencial que desacatan, los intenta eliminar.
Matar en el siglo XXI es muy sencillo para quienes se benefician del contrabando de armas, de la sofisticación tecnológica que posibilita desde drones cada vez más capaces hasta sistemas de comunicación propios, y de mano de obra, libre o forzada, abundante y barata.
El homicidio tiene un gran inconveniente. Las masacres que desde tiempos de Fox, y no se diga con Calderón, se fueron multiplicando despiertan, así sea de tanto en tanto, indignación ciudadana. Eso es malo para todo negocio oscuro.
Porque como dejan rastros, eventualmente los homicidios indigestan a la sociedad y, por ende, al gobierno, pues demuestran que este ni impide masacres entre bandas –ni la muerte de ciudadanos que se resisten o son víctimas colaterales–, ni castiga a los homicidas.
Desde octubre de 2024, la presidenta Sheinbaum definió que bajaría el número de homicidios capturando a “generadores de violencia”. A eso atribuyen el descenso de 44 por ciento en año y medio. Es temprano para saber si habrá menos impunidad o solo más presos.
Mucho antes del nuevo enfoque anticrimen de la segunda administración obradorista, los criminales ya habían descubierto que una forma de evitar que “se les caliente la plaza” por presión ciudadana era desaparecer a rivales y ciudadanos rejegos.
La ausencia de una persona es más difícil de catalogar, investigar y, por lo mismo, castigar. Un muerto provoca desde repulsión hasta morbo, sin descartar miedo a un destino similar y sentimientos piadosos. Empero, ¿qué es un desaparecido?
Ponemos sobre las familias de un(a) desaparecido(a) la carga de la prueba, ya sea de inocencia –que se trata de una víctima real y no de alguien que “se la buscó”–, ya sea de que es genuina la sustracción –que no se fue con el novio, que no abandonó a la esposa…–.
El viacrucis para una familia que padece la desaparición de un ser querido comienza al momento mismo de notificar la ausencia. Las policías y los ministerios públicos son el primer muro a sortear: ¿está segura?, espere a ver si aparece, deje pasar el plazo, vuelva después.
Se pierde irrecuperable terreno en la probabilidad de dar con la víctima. Y al correr de los días, el abandono institucional se vuelve anécdota que se repite en puñados de casos diarios. Los gobiernos no buscan, cuando mucho, agregan al expediente lo que la familia indaga.
Va para dos décadas que mujeres, jóvenes y migrantes se esfuman sin importar gran cosa. Tan es así que desde tiempos de Calderón tenemos varios ejecutómetros, y hoy una mañanera quincenal sobre homicidios, pero para nada un seguimiento diario de desaparecidos.
La presidenta Sheinbaum parece decidida a que en su sexenio no cambie eso. Bajará los homicidios, índice de su éxito. Y redondeará en 43 mil su recuento oficial de desaparecidos. A partir de ahí, es de esperarse que fije otro parámetro de buen desempeño: que suban lo menos posible.
Las fiscalías no se van a esforzar en abrir carpetas por desaparición que harían visible en Palacio Nacional su incapacidad y corrupción; el mensaje que dio la presidencia no fue “salgan y vayan a buscar”, sino “ordenen”. Cualquiera puede traducir eso en contener o limitar.
Y, por desgracia, no se puede descartar el hecho de que hasta los criminales vean un beneficio en un esfuerzo presidencial que primero se enfocó en llegar a un número acotado de desapariciones que es, en términos redondos, un tercio de las que se suponían. No abona, para empezar, a un sentido de urgencia: miren, ya son menos.
Encima, desde la semana pasada la delincuencia escucha a la presidenta rechazar ayuda de la ONU y aseverar que el Estado no está rebasado: es decir, el crimen recibe el mensaje de que el statu quo, ese que les ha permitido actuar a sus anchas por lustros, seguirá.
El resultado previsible sería más simulación de las instituciones de procuración de justicia, que se traduciría en aún mayor impunidad y maximización de las oportunidades de los criminales para robar, extorsionar, matar y, por supuesto, desaparecer.
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El gobierno contra los
cuentahabientes bancarios
Columna de opinión escrita por Héctor Aguilar Camín para el diario Milenio
Miércoles 8 de abril de 2026
Héctor Aguilar Camín
La Suprema Corte estableció en estos días un régimen de plena vulnerabilidad para las cuentas bancarias del país. O sea, contra los ahorradores. O sea, si tienes una cuenta bancaria, contra ti.
Otorgó a una dependencia del Ejecutivo, la Unidad de Investigación Financiera, la facultad de congelar cuentas bancarias con el único argumento de que haya “indicios suficientes”, de lavado de dinero o financiamiento al terrorismo.
La cabeza de MILENIO dando cuenta del hecho es elocuente: “La UIF podrá bloquear cuentas sin una orden judicial, falla la SCJN”.
Toda cuenta que resulte sospechosa para las autoridades hacendarias podrá ser congelada sin trámite por la UIF, bajo el supuesto de la validez de la sospecha de la autoridad, no de la presunción de inocencia del cuentahabiente.
El atraco a las garantías elementales del ahorro y de la propiedad de los cuentahabientes, se presenta como una forma de combatir el lavado de dinero y la delincuencia bancaria.
En los hechos, es un ataque a la seguridad del ahorro de todo cuentahabiente.
Difícil entender por qué la decisión de la Suprema Corte no ha producido ya una protesta de los amenazados, que son todos los cuentahabientes del país y todos los bancos donde están esas cuentas.
Es el mayor ataque potencial a la propiedad que se recuerde en este país, el mayor otorgamiento de facultades dictatoriales al gobierno para intervenir el patrimonio de los millones de clientes normales de los bancos.
Imposible que el gobierno congele todas las cuentas. Pero, a partir de la decisión de la Corte, el gobierno puede congelar cualquier cuenta: la que el gobierno quiera, sin presentar una prueba, algún documento y sin ninguna presunción de inocencia.
Los pasos autorizados son increíbles en su otorgamiento de discrecionalidad al gobierno: Primero se congelan las cuentas bancarias bajo el criterio de la sospecha de la autoridad. Después se procede a probar si la sospecha está fundada, y si el dinero de las cuentas puede volver a su dueño o no.
Hablamos de un poder legal, dictatorial, que no ha tenido ningún gobierno en México: el poder de congelar los ahorros del cuentahabiente que le parezca sospechoso.
¿De veras?
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Irán y Trump: ¿cuánto durará el
respiro?
Columna de opinión escrita por Carlos Puig para el diario Milenio
Miércoles 8 de abril de 2026
Carlos Puig
Ayer, poco tiempo antes de la hora en que hay entregar esta columna a mi casa editorial, Donald Trump escribió en su red social: “Con base en conversaciones con el primer ministro Shehbaz Sharif y el mariscal Asim Munir, de Pakistán, en las que me pidieron que detuviera la fuerza destructiva que se enviaría esta noche a Irán, y sujeto a que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante dos semanas”. Según el presidente estadunidense se habían superado “todos los objetivos militares”, y están cerca de “un acuerdo definitivo sobre la PAZ a largo plazo con Irán y la PAZ en Oriente Medio. Recibimos una propuesta de 10 puntos de Irán y creemos que es una base viable para negociar. Casi todos los puntos de disputa han sido acordados entre Estados Unidos e Irán, pero un periodo de dos semanas permitirá que el Acuerdo se finalice”.
Casi al mismo tiempo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró en un comunicado que Irán ha aceptado la propuesta de Pakistán de alto el fuego y que durante un periodo de dos semanas, “será posible el paso seguro por el Estrecho de Ormuz mediante la coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán".
La brutal amenaza de Trump de “terminar con una civilización” si el martes a las ocho de la noche hora del este de EU no se llegaba a un acuerdo parece haber funcionado.
Sin duda, la tregua será un respiro para el mundo. Seguramente veremos los precios del petróleo reducirse en estos días, los mercados estarán más tranquilos y los productos que envía Medio Oriente al mundo comenzarán a volver a alguna normalidad.
La pregunta será cuánto durará ese respiro.
El objetivo de Trump, al menos al principio del ataque, era terminar con los esfuerzos iraníes de construir armas nucleares, asunto que no ha sucedido; aunque podría ser parte de los puntos pendientes de negociar.
¿La otra duda es qué hará Israel? Fue parte del ataque, se dice que fue Netanyahu quien convenció a Trump ¿será parte de la negociación?
O tal vez el respiro dure… Después de todo hay una docena de altos funcionarios iraníes muertos en los ataques, incluido el Líder Supremo y el ministro de Defensa. Al estilo Venezuela, Trump podría estar contento con eso, presumirlo y presumirse. Eso, no es tan buena noticia, porque vendrá, en otro lugar, alguna nueva ocurrencia. Así son algunos, cuando sienten que van ganando.





















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