top of page

El ‘Grito’ del miedo: de Hobbes a Blade Runner

hace 3 días
8 min de lectura

Columna de opinión escrita por José Carreño Carlón para El Universal


Miércoles 16 de septiembre de 2026

José Carreño Carlón

Esclavitud y de control. Dos meses y medio después del Grito de Independencia de 1810, que anoche debió replicar la presidenta (con las morcillas que agrega cada gobernante), el padre Hidalgo proclamó en Guadalajara la abolición de la esclavitud, que la historia patria de nuestras primarias da por felizmente consumada desde entonces en nuestro país. Sin embargo, a lo largo de estos 216 años han prevalecido diversas formas de esclavitud. Una de ellas es el miedo, hoy en día una forma de esclavitud y de control social.


La estadística del miedo. Leo habitualmente el riguroso, en este caso, además, minucioso artículo de José Woldenberg publicado ayer en estas páginas e intitulado ‘Inseguridad: vivir con miedo’; entresaca, entre otros datos del informe estadístico oficial sobre percepciones de inseguridad, elaborado por el Inegi, la cifra de un 74 por ciento de mexicanos mayores de 18 años que viven bajo el yugo de la percepción de inseguridad y miedo. ¿La causa? El clima de violencia criminal que se ha redoblado en México en los ocho años de la era de López Obrador. Un clima que impacta todas las actividades, desde las escolares, laborales, profesionales y empresariales, hasta los procesos electorales, infiltrados ya por los cárteles en las elecciones de estos años.


De Hobbes a Blade Runner. Pero, al lado de las pertinentes, prestigiosas citas de Woldenberg, de los clásicos de la teoría del Estado y la sociología, Thomas Hobbes y Max Weber, me parece también pertinente invocar una pieza maestra de la cultura popular contemporánea y universal. Esta pieza ha sido recuperada por el debate público internacional de hoy en el marco del pánico surgido del auge de la inteligencia artificial. Y también, de la cacería, maltrato y homicidios de migrantes en Estados Unidos y otras partes del mundo. “Es un martirio vivir con miedo: así es la esclavitud”, le explica, en sus últimos minutos de vida como ser humano, el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) a su ‘cazador’, después de salvarle a éste la vida: el blade runner estelar de la cinta (Harrison Ford).


La gestión del miedo. Acorde con la narrativa presidencial de estos meses, el cultivo del miedo por parte de un régimen suele servir para paralizar la inconformidad y para fabricar en la gente la necesidad de mandos y controles fuertes, incluyendo la militarización del Estado (maná para sociedad empanicada). Probablemente pudo haber algún mensaje en ese sentido, acaso codificado, en el ‘Grito’ de anoche o lo haya en el discurso oficial de esta mañana. Quizás más que referido a sólo la violencia criminal el énfasis de las cabezas del régimen se haya centrado —o se centre hoy— en el cultivo del miedo a la amenaza externa, sin identificarla, pero bien sustentada en la retórica de Trump y su funcionariado.


El fraude contra el miedo. Allí están los aprestos —normativos, institucionales y discursivos— del régimen para blandir el miedo a la amenaza externa a fin de fraguar un ‘fraude patriótico’, como el atribuido por Raymundo Riva Palacio a Manuel Bartlett en la elección de 1986 en Chihuahua. Como replicantes de Blade Runner aparecen los mexicanos con doble nacionalidad, acaso potenciales servidores del extranjero, como todo personaje de la oposición y la resistencia democráticas.


Lágrimas en la lluvia. Por ese camino, la democracia mexicana puede correr la suerte de las maravillas de la agonizante experiencia humana contadas por el replicante Roy Batty: “se perderán como lágrimas en la lluvia”.



—----------------------------------------------------------------



Poder soberano


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para Reforma


Miércoles 16 de septiembre de 2026


Sergio Sarmiento

"Quien amenaza la soberanía de los mexicanos no es Estados Unidos. No es España. Y desde luego no es la historia: Hernán Cortés o Isabel la Católica".


Cayetana Álvarez de Toledo

 

 

La presidenta Sheinbaum ha enarbolado la "soberanía" como bandera política. Una y otra vez ha utilizado el concepto para defender sus decisiones y para atacar a sus adversarios. Lo empleó para cuestionar a la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos; para defender a los 10 de Sinaloa, acusados de colaborar con el narcotráfico; para cuestionar a políticas españolas, como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, que han defendido el legado hispano de México; y para alertar contra una posible interferencia de Washington en los asuntos de México.


El término "soberanía" se define actualmente como el "poder político que corresponde a un Estado independiente" y se confunde con nacionalismo o patriotismo. Su etimología, sin embargo, sugiere otro significado. La palabra proviene originalmente del latín super omnia, "sobre todos", y del latín vulgar superanus, "el que está por encima", "el supremo". Denota la capacidad de un gobernante para regir sin límite. Soberano es quien detenta el poder supremo.


En su libro Teología política de 1922 el alemán Carl Schmitt definió al soberano como aquel "que decide el estado de excepción". Si una persona o institución es "capaz de provocar una suspensión total de la ley, y luego utiliza fuerza extralegal para normalizar la situación, entonces esa persona o institución es la soberana en ese cuerpo político". Si bien primero lo repudió, en 1933 Schmitt se unió al Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler.


No sorprende que los gobiernos que pretenden concentrar el poder recurran a la "defensa de la "soberanía". Este 2 de septiembre el dictador nicaragüense Daniel Ortega recordó a "los hermanos [militares] que han entregado su vida frente a los mercenarios, frente a los invasores, [que] no han logrado, y no han podido ni podrán, acabar con la soberanía". Ante la decisión de Ortega de cancelar las elecciones en Nicaragua la presidenta Sheinbaum simplemente declaró: "Cada país decide, cada pueblo decide".


La excusa de la soberanía permite muchos abusos. Ante las críticas de Donald Trump sobre la influencia del narco en la política mexicana, el régimen de la 4T ha aprobado una enmienda constitucional para permitir la anulación de elecciones cuando se acrediten "actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados electorales". La redacción deja abierta la definición de estos actos, por lo que permitirá que se anulen solo las elecciones que pierda Morena. Otra iniciativa ha modificado el artículo 82 de la Constitución para prohibir que quienes tengan doble nacionalidad puedan ser presidentes o gobernadores.


"La soberanía no se negocia", declaró la presidenta el 24 de abril de este año. Los mexicanos debemos defender la patria ante cualquier intervención extranjera. El 3 de diciembre de 2024 añadió: "No va a haber una invasión" de Estados Unidos a México. "Eso no es un escenario que tengamos en mente; y, de todas maneras, tenemos nuestro Himno Nacional".


No sé qué tanto ayudará cantar el Himno Nacional ante una intervención militar extranjera, pero sé que la soberanía más sólida se construye sobre instituciones que protejan los derechos individuales y promuevan la prosperidad. De qué sirve lanzar discursos sobre la soberanía si el Estado no puede proteger de la violencia a los gobernados o a las estudiantes extranjeras. Un país realmente soberano no es el que tiene un gobierno más poderoso, sino el que permite a su población vivir mejor, con mayor prosperidad y seguridad.

 

· PEMEX

 

La verdadera soberanía no surge de cantar el Himno Nacional ante "un extraño enemigo" sino de la fortaleza económica. Pemex no fortalece la soberanía nacional si tiene un patrimonio negativo de 1.6 billones de pesos y requiere subsidios para no hundirse en la quiebra.



—----------------------------------------------------------------



Estimada Lara:


Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para Excélsior


Miércoles 16 de septiembre de 2026


Pascal Beltrán del Río

Escuché con el corazón encogido el video de casi 12 minutos que grabaste tras el asesinato de tu hermana Claudia en Cuautla. Quiero expresarte a ti y a tus padres mi más sentido pésame. Entiendo perfectamente cuando dices que las condolencias de nada sirven si no están acompañadas de justicia, porque las palabras de consuelo no devuelven la vida ni curan el abismo que deja la barbarie.


Te escribo esta carta para responder a esa pregunta que lanzaste al aire con justificada rabia y genuino dolor: “¿Qué os pasa? ¿Cómo podéis vivir así? O sea, ¿cómo tenéis tan normalizado que te maten por un móvil, que maten a chavalas jóvenes todos los días y que no pase nada?”.


Tienes toda la razón. A muchos mexicanos nos duele profundamente la situación de violencia en la que está atrapado nuestro país, y no te equivocas al gritar que esto no es normal. Porque no lo es. No es normal que le arrebaten la vida a alguien por un teléfono celular, ni que una salida a un encuentro cultural se transforme en una tragedia.


Sin embargo, la respuesta a tu pregunta es amarga: México vive sumido en una espantosa impunidad. Aquí, cerca de 97% de los homicidios no tienen ninguna consecuencia legal. Los agresores caminan por las calles con la certeza absoluta de que matar no cuesta nada. 


Esa impunidad constante crea una coraza de sobrevivencia que a veces parece apatía, pero en realidad es el entumecimiento de una sociedad acorralada que ya no sabe cómo procesar el miedo diario.


Ojalá atrapen al tipo que le quitó la vida a Claudia. Sin embargo, si la policía llega a detenerlo, será únicamente porque este caso se volvió un escándalo internacional que cruzó el Atlántico y presionó al gobierno. Por desgracia, hay que decirlo con toda claridad: si tu hermana hubiera sido mexicana, probablemente nada sucedería. Su expediente pasaría a formar parte de una enorme montaña de carpetas de investigación que jamás se mueven, condenado al olvido en un cajón oficial.


Las autoridades en nuestro país no actúan por convicción ni por sentido del deber; responden, casi en exclusiva, cuando enfrentan un costo mediático y político. Únicamente se movilizan cuando la presión de los medios de comunicación amenaza su imagen. 


La triste realidad es que gran parte de las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia están coludidas con el crimen organizado o responden a intereses ajenos a la protección de los ciudadanos.


Parte de la razón por la que Claudia no supo exactamente qué estaba pasando en Cuautla, ni en el estado de Morelos en general, es porque las autoridades siempre minimizan los problemas de inseguridad o, de plano, los niegan. Y luego califican de corrupto a quien los expone, cuando la corrupción está claramente en otro lado.


El discurso oficial en México se empeña en maquillar las cifras y vender una calma ficticia para cuidar el turismo y, sobre todo, la imagen de los gobernantes. Así, ocultan los riesgos reales a los que se exponen quienes caminan por las calles y descuidan a los estudiantes que llegan con la ilusión de una estancia académica.


Claudia vino a México a aprender, a compartir su juventud y a cumplir sus sueños. Que su vida haya terminado en un callejón de Cuautla por la ferocidad de un criminal y la negligencia de un sistema fallido es una afrenta que nos avergüenza y nos conmueve a los mexicanos que creemos en la ley y queremos vivir en un Estado de derecho.


Por favor, no aceptes que te digan que “México es así”, como si fuera una condena inevitable o un rasgo natural. Tu reclamo es justo y tu indignación es absolutamente necesaria. Ojalá la voz de tu familia no se apague y la memoria de Claudia nos recuerde a todos que jamás debemos resignarnos a vivir en esta barbarie, porque, como dijiste con toda verdad: “Claudia tenía 21 años, tenía toda la vida por delante, muchísimos sueños y planes. No quiero que mi hermana pase a ser sólo una cifra más”. Créeme que, como tú, muchos mexicanos tampoco queremos eso y alzaremos la voz para que no ocurra.



Comentarios


Suscríbete para recibir novedades exclusivas

¡Gracias por suscribirte!

Contacto

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

Conmutador: (624) 145 7963

Teléfonos: 624 145 7912 (Ventas)

624 145 8182 y 624 145 8183 (Cabina)

Email: contacto@cabomil.com.mx

© 2026 Cabo Mil , Sitio Realizado y administrado por Imandi

bottom of page