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El manotazo de la DEA, una respuesta


Columna de opinión escrita por Carlos Marín para Milenio


Jueves 16 de julio de 2026


Carlos Marín

Sin ceder a la solicitud de captura con fines de extradición de Los diez de Sinaloa, la presidenta Claudia Sheinbaum proseguía su airada cruzada contra el Buró Federal de Investigaciones por el caso Zambada basándose en interpretaciones y esgrimiendo un sofisma, cuando el director de la agencia antidrogas estadunidense (DEA), Terrance Christopher Cole, saltó antier al ring con un severo diagnóstico y una grave acusación:


“Ponemos toda la fuerza de esta agencia en la lucha contra los cárteles, contra los facilitadores, los distribuidores, los lavadores de dinero, el suministro de sustancias químicas y todo aquel que se beneficie envenenando a ciudadanos estadunidenses”, dijo en su discurso inaugural de la primera Cumbre Estados Unidos libre de fentanilo.


“Esto incluye ––aseguró–– la peligrosa conexión entre las redes de los cárteles y el gobierno mexicano. Son inseparables, y en la DEA son nuestra máxima prioridad…”.


Sin pruebas de la participación de agentes federales estadunidenses en México, la mandataria esgrime un débil razonamiento para insistir en que hubo intromisión: que el FBI, al exhibir como trofeo el avión en que fue trasladado El Mayo a Estados Unidos, delata lo que la agencia y el ex embajador Ken Salazar niegan: la intromisión en asuntos que sólo competen a México.


Especializado en delincuencia organizada y seguridad, el respetado analista Eduardo Guerrero, titular de Lantia Consultores, me dijo para El asalto… de lunes y martes en MILENIO Tv que el FBI no tenía necesidad de exponer a sus agentes en territorio mexicano y provocar una crisis binacional, sino sólo contactar a Joaquín Guzmán López.


La agencia sabía que el chapito se quería entregar después de que su hermano Ovidio ––preso ya en Estados Unidos–– negociaba con el Departamento de Justicia la reducción de su condena.


Por conversaciones con fuentes mexicanas y estadunidenses, el investigador supone que a través de informantes e infiltrados contactó y pidió a Joaquín como señal de confianza la entrega de El Mayo.


Guerrero deduce que el hijo de El Chapo convenció al gobernador Rubén Rocha Moya, a su enemigo político Héctor Melesio Cuén y a Zambada de reunirse en la finca donde se consumó la traición, el sometimiento y el secuestro del capo; que Rocha y El Mayo se aseguraron antes de que la propuesta fuera seria y el capo cayó en la trampa. También que, en el vuelo sobre el cruce fronterizo, el ahijado ingrato avisó a su contacto del FBI que llevaba a Zambada.


Según mi entrevistado, los primeros sorprendidos del éxito de la operación fueron los agentes del FBI.


El Buró y el exembajador insisten en que su gobierno no puso al piloto ni la aeronave (lo que está plenamente comprobado) y que únicamente capturaron al narcotraficante en el aeropuerto de Santa Teresa.


Para evitar este tipo de confrontaciones, me dijo finalmente, Sheinbaum debiera dejar de invocar la “soberanía” y acordar con Estados Unidos y Canadá un tratado conjunto (como el comercial) para combatir al crimen organizado en América del Norte…




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Complot o no, las reuniones


existieron


Columna de opinión escrita por Azucena Uresti para ​El Universal


Jueves 16 de julio de 2026

Azucena Uresti

Los audios de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, revelados por el columnista de este diario, Héctor de Mauleón, parecen ir mucho más allá de un intento de la morenista por recuperar la visa que le fue revocada el año pasado, como justificó ayer en conferencia de prensa. Y es que en ellos, de forma expresa, manifiesta su temor de ser extraditada o de enfrentar futuros señalamientos por algún delito.


Ante esta nueva polémica, la reacción dentro de Morena ha sido predecible. La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de seguridad, Omar García Harfuch, han adelantado que aquí no hay delito que perseguir.


Otra cosa preocupante ha sido la postura del coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, quien en lugar de exigir una explicación clara a una compañera de partido o de pedir que se investigue el contenido de las grabaciones, deslizó la posibilidad de proceder contra quienes los grabaron o los filtraron, algo que ya dijo estar considerando la gobernadora.


Es decir, una vez más, el foco deja de estar en los hechos para concentrarse en quien los hizo públicos. Es la vieja estrategia de matar al mensajero para evitar discutir el mensaje.


Si la mandataria está revelando información reservada o compartiendo datos —sensibles o no— obtenidos en reuniones que, por su naturaleza, deberían ser confidenciales, el problema no es quién publica la información ni la persona que la filtró; sino la conducta de quien ocupa un cargo público y el posible riesgo que ello implicaría para la seguridad del país.


Desde el gobierno de López Obrador se consolidó una práctica política consistente en descalificar a quien denuncia, desacreditar a periodistas y desplazar la conversación hacia cualquier tema que permita evitar el fondo del asunto.


Además, bien aprendido de las lecciones de López, Marina del Pilar salió a acusar que todo se trató de una trampa, de un montaje orquestado por su adversario político, el exmorenista —hoy petista— Jaime Bonilla. Dijo que él fue quien la refirió con personas que podrían ayudarla con su visa, y que confió en él “de buena fe”. Le preguntaron por qué, contestó que por ingenua.


Cerca de 30 minutos dedicó Marina del Pilar a este tema en su conferencia, pero nunca explicó qué temas tocaron sobre su visa durante la primera reunión en Tijuana, algo que, afirma, ocurrió el 15 de diciembre del año pasado. Ahí dijo: “Yo, la verdad, estoy tranquila. (He estado) reuniéndome con quienes me han buscado de las agencias, y realmente me han buscado a mí, y yo en la mejor disposición, porque, pues yo quiero resolver eso y aclarar cualquier cosa. Pero sí me gustaría que fuera a través de mi abogado”.


Tampoco habló sobre qué información estaba dispuesta a entregar. Esto fue parte de lo que le prometió a los supuestos agentes de Estados Unidos: “Yo puedo saber o escuchar muchas cosas de seguridad, pero si hay algo en particular que ellos quieran saber… Yo puedo decir lo que he escuchado en las mesas de seguridad…”.


Y menos aclaró lo que implicaba el acuerdo de cooperación que le planteó el Departamento de Justicia, según sus propias palabras: “... estuve platicando con el adjunto, luego nos volvimos a ver en México. Agendamos. Luego, a través de mis abogados, nos volvimos a reunir en México. Yo por eso… hace dos, tres semanas, nos sentamos con todas las agencias. Ahí estaban todos. También del Departamento de Justicia. (Me dicen:) ‘Va a ser acuerdo de cooperación’. Yo les dije: ‘Lo que quieran’”.


Y también falta conocer qué trato le dieron como para que dijera: “Yo la verdad ya no quiero tener más reuniones porque se han portado muy mal. Cada vez que me siento me hacen algo”.


Gritar complot nuevamente —como lo hacía el tabasqueño— podrá funcionar, pero no por mucho tiempo. La gobernadora debe responder.




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La infidelidad de los consumidores


Columna de opinión escrita por Enrique Quintana para El Financiero


Jueves 16 de julio de 2026


Enrique Quintana

Recientemente se publicaron dos cifras que, leídas juntas, parecen contradecirse.


El INEGI dio a conocer ayer el Indicador Oportuno del Consumo Privado, que estima para junio un crecimiento anual de 2.6 por ciento.


Un día antes, la ANTAD reportó que las ventas a tiendas iguales de sus cadenas asociadas cayeron 1.6 por ciento nominal también en junio, lo que, descontada la inflación, implica un retroceso real cercano a 5 por ciento.


¿Quién tiene razón? Probablemente ambos. El consumo no se está desplomando: se está mudando de tienda.


La propia ANTAD atribuyó el mal resultado a un domingo menos en el calendario y al efecto del Mundial, que desvió tráfico de las tiendas físicas. Ambos factores existen, pero son transitorios y no alcanzan a explicar que las ventas reales del gremio agrupado en la ANTAD acumulen varios meses de estancamiento o caída.


Es cierto también que sus cifras tienen exclusiones relevantes, como Walmart y Oxxo, pero esa omisión es de larga data y no explica el deterioro reciente. Lo que sí lo explica es un cambio en los hábitos de compra que ya es visible en varios frentes.


El primero está dentro del propio gremio. En junio, las tiendas departamentales cayeron 3.1 por ciento a tiendas iguales y los autoservicios 2.7 por ciento, pero las tiendas especializadas —farmacias, conveniencia, cuidado personal, mascotas— crecieron 3.1 por ciento. El consumidor no desapareció: cambió de pasillo y de local.


El segundo frente es el descuento duro. De acuerdo con Bain & Company, el mercado de “hard discount” en México pasó de 25 mil millones de pesos en 2019 a 103 mil millones en 2024, y, por ejemplo, Tiendas 3B elevó su participación en ese segmento de 4 a 14 por ciento, mientras Bodega Aurrera la redujo de 71 a 63 por ciento.


En el primer trimestre de este año, las ventas a tiendas iguales de 3B crecieron 16 por ciento, contra 1.4 por ciento de los autoservicios de la ANTAD, con ingresos totales que aumentaron 33.4 por ciento.


No se trata solo de un fenómeno de hogares de bajos ingresos. Según la consultora Kantar, 93 por ciento de la población del Valle de México ya compra en este formato y una cuarta parte de su crecimiento proviene de niveles socioeconómicos altos. La compra en tiendas de descuento dejó de ser un síntoma de precariedad para convertirse en una estrategia de administración del gasto.


El tercer frente es el digital. El Estudio de Venta Online 2026 de la AMVO calcula que el comercio electrónico minorista creció 19.2 por ciento en 2025, hasta 941 mil millones de pesos, y que ya representa 17.7 por ciento de las ventas al menudeo.


México es el octavo país del mundo con mayor penetración digital en el comercio, por encima de Estados Unidos. Cada peso que migra a las pantallas es un peso que las cajas registradoras tradicionales ya no ven.


Euromonitor lo resumió en la Expo ANTAD de este año: el crecimiento del comercio se concentra en los extremos —el descuento y los clubes de precio por un lado, los nichos premium por el otro—, mientras el centro del mercado, el territorio histórico de las departamentales y del autoservicio tradicional, se debilita.


¿Qué esperar para lo que resta del año? El consumo agregado seguirá creciendo, pero poco.


BBVA recortó su previsión de crecimiento del PIB a 1.2 por ciento y anticipa que la debilidad del gasto persistirá en la segunda mitad del año, una vez diluido el impulso transitorio, y con menos impacto del previsto, del Mundial.


A favor juegan una masa salarial real que aún crece a tasas cercanas al 4 por ciento, un crédito al consumo que avanza 6.8 por ciento real y las transferencias de los programas sociales.


En contra, un empleo formal que registró en el primer semestre su segundo peor arranque en dos décadas y unas remesas cuyo poder de compra en pesos se ha erosionado alrededor de 15 por ciento por la fortaleza cambiaria.


En ese entorno de gasto escaso, la migración de formatos no va a detenerse: va a acelerarse.


Un consumidor con presupuesto apretado es, por definición, un consumidor promiscuo en canales: compra la despensa básica en la tienda de descuento; la reposición en la de proximidad, la electrónica, en línea, y deja para el autoservicio solo lo que no encontró en los demás.


Hay una moraleja estadística y otra de negocios.


La estadística: quien mida el consumo únicamente con el termómetro de la ANTAD lo va a subestimar, y quien lo mida solo con el agregado del INEGI va a perder de vista la revolución silenciosa que ocurre en los anaqueles.


La de negocios: en el comercio mexicano ya no gana quien tiene la tienda más grande, sino el que está más cerca —del bolsillo o del teléfono— del consumidor.



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