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Estadista desde la oposición

hace 1 hora
6 min de lectura

Columna de opinión escrita por Jesús Silva-Herzog Márquez para Reforma


Lunes 2 de noviembre de 2026


Jesús Silva-Herzog Márquez

Cuauhtémoc Cárdenas fue un estadista desde la oposición. Sus funerales lo confirman. En la celebración de su vida coincidieron prácticamente todos los actores políticos. ¿Qué personaje político de hoy podría generar ese consenso? Fue un adiós, no al fundador de un partido, sino a uno de los constructores del pluralismo. No alcanzó la Presidencia, pero desde la denuncia, la organización de una alternativa y el compromiso con la reforma ayudó a cambiar la naturaleza del régimen político. El camino del autoritarismo a la democracia en México no se entiende sin la contribución del ingeniero Cárdenas. Exhibió, desde dentro, a un partido que seguía reglas indefendibles. Rompió con él hasta el momento en que le cerraron todas las puertas. Enfrentó entonces a un régimen que no solamente tenía a todas las instituciones de su lado, sino también a los medios que coordinaron una grotesca campaña de desprestigio. La campaña del 88 que sorprendió al país entero terminó en una elección fraudulenta. La "caída del sistema" quedará en la memoria del país como el ejemplo de la desfachatez autoritaria. Es imposible asegurar que el candidato del Frente Democrático Nacional obtuvo más votos que el candidato del PRI. Lo que no puede dudarse es que el aparato de poder alteró los resultados para beneficiar al partido de Estado.


Su gran aportación histórica fue la apuesta posterior. Cárdenas no se detuvo en la denuncia del fraude. No quedó petrificado por el agravio. Nunca llamó a la destrucción de las instituciones. Por el contrario, se comprometió a renovarlas, a reconstruirlas, a refundarlas. Las posiciones parlamentarias que su movimiento fue ganando, el espacio que ganó en la opinión pública sirvieron para impulsar las reformas institucionales que terminarían por transformar al régimen. No fue un hachazo, fue un complejo proceso de movilizaciones, negociaciones y reformas que le dieron sentido al voto, edificaron contrapesos y alojaron el pluralismo. La batalla de partido se convirtió en una batalla por la casa común.


Se le recuerda como integrante de un triunvirato de izquierda, como un político de diálogo con los cercanos y los opuestos; con los viejos, los coetáneos y los jóvenes. Pero no fue el beneficiario de ese cambio en la arquitectura del poder. Sus adversarios de derecha encabezarían la primera alternancia. Su adversario dentro del PRD ganaría la primera Presidencia para la izquierda. Los contrastes entre el constructor y el destructor quedan perfectamente claros cuando hacemos recuento de los méritos que se le reconocen al ingeniero: apuesta por el fortalecimiento de las instituciones del pluralismo, diálogo, aceptación y fomento de liderazgos alternativos. En Cárdenas había un sentido de Estado que se echa de menos desde 2018.


Se convirtió en la figura central de la generación del diálogo. En aquella generación residía la convicción de que las reglas básicas de la convivencia exigían un consenso amplio. Ningún rodillo podría imponer, por sí solo, las normas fundamentales. Por eso era indispensable el diálogo y el respeto por quien piensa distinto. El ingeniero Cárdenas no exigía subordinación para conversar. Por su sobriedad, por su discreción, por su aplomo fue la gran figura de autoridad de la transición. El decano de la oposición no incurrió nunca en la agresión, en la descalificación burda, en el insulto.


Tal vez no era consciente de su gran contribución histórica. Lo que queda como ideal vivo no es la denuncia del fraude, ni la obstinación nacionalista, ni la fundación de un partido ya extinto. Su obra mayor estaba en esa casa del pluralismo que el lopezobradorismo se ha dedicado a demoler. Lo que el ingeniero, junto con otros dirigentes de izquierda, de derecha y de centro, ayudó a levantar lo acabó la furia destructiva de los últimos años. Fue por eso un mal defensor de su herencia. Ante la demolición institucional de los últimos ocho años, el ingeniero Cárdenas permaneció prácticamente en silencio. Apenas levantó la voz para defender lo que, con otros, ayudó a construir. Esa casa común que una generación fundó entre discrepancias y acuerdos fue destrozada en unos cuantos años sin que se escuchara la denuncia del ingeniero.   



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Mañana nada cambia

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Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para Excélsior


Lunes 2 de noviembre de 2026


Jorge Fernández Menéndez

Las elecciones de medio término en Estados Unidos de mañana martes pueden cambiar los equilibrios legislativos en Washington, pero difícilmente cambiarán las tendencias que marcan la relación con México. 


Primero, los resultados. Todo indica que los demócratas se quedarían con el control de la Cámara de Representantes, mientras que el Senado está en disputa. Según las encuestas de Fox News, los demócratas tendrían en la cámara alta 48 asientos asegurados y los republicanos 45, con siete estados en disputa: Alaska, Iowa, Ohio, Maine, Michigan, Kansas (una verdadera sorpresa, hace 96 años que los demócratas no ganan) y Texas (otra sorpresa). 


¿Pero ese resultado cambia la relación con México? No, en términos comerciales un congreso demócrata podría presionar más en el tema de aranceles, por ejemplo, pero estamos hablando de atribuciones presidenciales muy amplias para la Casa Blanca, y no tendrían efecto directo ni sobre los aranceles ni sobre la negociación del T-MEC. 


Trump tiene dos años por delante y querrá cerrar su legado con un cambio profundo en Estados Unidos y el mundo, además de tratar de garantizar el triunfo de su partido (y de uno de los suyos) en la elección de 2028. No ablandará sus posiciones, las endurecerá. Querrá ver concretados sus objetivos porque todo lo anterior depende de ello.


En seguridad, los éxitos indiscutibles logrados en muchos ámbitos (el caudal de detenciones de las últimas semanas o los operativos conjuntos realizados por fuerzas militares de los dos países lo confirman) empequeñecen ante la negativa del gobierno federal para no investigar ni, mucho menos, entregar a los políticos de Morena relacionados con el crimen organizado, comenzando por Rubén Rocha y Enrique Inzunza. No sólo el proceso contra todos ellos y muchos más continúa en la fiscalía y la Corte del sur de Nueva York, existe otro macroproceso en Chicago, y en ambos se conjuntan tanto el tráfico de drogas, sobre todo de fentanilo, con el contrabando de combustible, un delito binacional. 


En la Casa Blanca la duda no parece ser si se aumenta o no la presión sobre México, sino en qué grado hacerlo para evitar una desestabilización del país. Pero si no hay cambios en la posición de Palacio Nacional, la presión se profundizará después de las elecciones de mañana, más aún con el escenario de los comicios intermedios de México en junio próximo.


Se dice que Sheinbaum podría ir a la reunión de la APEC en China, este mismo mes, y que allí finalmente se podría reunir con Trump, aunque sigue siendo muy diferente una reunión en un evento internacional que un encuentro en Washington o una visita de Estado. Ha trascendido, y sería un grave error si se confirmara que, en esa visita a la APEC, si se realiza la reunión con Trump, también se buscaría una con Vladimir Putin. El mensaje sería fatal para la relación bilateral y para el posicionamiento internacional de México, además confirmaría lo que hemos insistido una y otra vez: la penetración de Rusia, su sistema de espionaje y de información, y de sus medios en México gracias a las puertas abiertas del propio gobierno.


Este miércoles en una charla en el Milken Institute, el embajador Ronald Johnson sostuvo que, lo replicó en un tuit, “los Estados Unidos y México tienen algo que ningún otro país puede replicar: nuestra cercanía geográfica, cadenas de suministro integradas y profundos lazos económicos y humanos. Tenemos todo lo necesario para construir una relación que sea la envidia del mundo. Pero la prosperidad y la seguridad van de la mano. Juntos, como socios, podemos convertir estas ventajas únicas en más inversiones, empleos y un futuro más seguro y próspero para nuestros pueblos. Hacerlo separado genera más desafíos y obstáculos para la seguridad y el crecimiento económico”.


La intervención establece con claridad meridiana la propuesta estadunidense. Una integración profunda de la economía y las cadenas de suministros para construir una relación que “sea la envidia del mundo”. Pero no puede hacerse aislada de temas como la energía y la seguridad: la energía es clave para el futuro en un plano incluso mayor que el actual: toda la economía del futuro, comenzando con la relacionada con la IA, requerirá enormes cantidades de energía y la idea de crear una suerte de mercado común energético de América del Norte debería sonar cada día más atractiva. No lo es para el gobierno federal, que sigue pensando en términos energéticos de hace un siglo.


Nada de eso se podrá hacer sin seguridad. La clasificación de los cárteles como terroristas es clave en términos estratégicos y legales, tanto como tener una visión regional y hemisférica de la seguridad. Y, en ese sentido, la negativa del gobierno federal de avanzar en las investigaciones y detenciones de narcopolíticos con acusaciones en Estados Unidos y ampliamente investigadas y documentadas por los medios, cierra la puerta a todas esas oportunidades. 


En Palacio Nacional piensan que se puede realizar una integración en cadenas productivas sin avanzar en seguridad o en energía, sin abrirse a la inversión privada en todos los ámbitos y eso, hoy, es una utopía. América del Norte puede ser la región más próspera del mundo, pero no puede ser una realidad sin estrategias comunes en lo comercial, lo industrial, lo energético, lo militar, la diplomacia y la seguridad, sin que eso afecte en última instancia la soberanía nacional, si la entendemos como la resultante de un mundo globalizado y con los cambios que ha determinado el siglo XXI. No estamos en la posguerra o en la guerra fría. Éste es otro mundo. Y no cambiará con las elecciones del martes.






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