Ilustrarse
- Noticias Cabo Mil

- hace 1 hora
- 8 min de lectura
Columna de opinión escrita por Carlos Elizondo Mayer-Serra para el diario Reforma
Lunes 29 de junio de 2026
Carlos Elizondo Mayer-Serra
Los viajes ilustran. O deberían. En visita del director de Pemex a Brasil para firmar acuerdo con Petrobras, Magda Chambriard, su directora, refiriéndose al Golfo de México afirmó: "No es creíble que miremos la región y digamos: 'Todo el petróleo eligió quedarse en la parte americana'".
Obviamente no es así. AMLO decidió no invertir más en aguas profundas. Peor todavía, con el arreglo institucional actual México no podrá acceder con éxito a ese crudo.
México no ha buscado entender ni mucho menos emular qué hizo posible el que hoy Estados Unidos produzca más de 1.9 millones de barriles diarios en su parte del Golfo de México. La respuesta es muy sencilla: licitaron de forma competitiva el derecho a explorarlo. A diferencia de lo que sucede en tierra firme, donde el subsuelo es propiedad privada, en el mar es del gobierno federal.
El proyecto en curso más prometedor para Pemex es Trion, un campo de aguas profundas en el Golfo de México, descubierto por Pemex en 2012, pero sin la tecnología adecuada no era razonable explotarlo. Gracias a la reforma petrolera de Peña Nieto, el campo se licitó en el año 2016. La empresa australiana BHP Billiton se quedó con la responsabilidad de desarrollarlo, pagándole a Pemex 624 millones de dólares por lo que se había ya invertido en el campo. Pemex retuvo el 40 por ciento del campo y tiene que invertir en la proporción de su participación. Se espera produzca 109 mil barriles diarios en el 2030, cuando llegue a su pico. El gobierno obtendrá más de 10 mil millones de dólares en derechos de extracción a lo largo de la vida del campo. No invirtió un centavo.
Sheinbaum lo presumió hace unas semanas diciendo que era un proyecto de AMLO. No es cierto. Ni con las reglas de AMLO ni con las actuales se puede hacer algo parecido. Los contratos mixtos no sólo son negociados en lo oscurito, sino que parten del principio de que Pemex pone el valor estimado del campo, no lo que haya invertido en él. En el resto del mundo, incluido Brasil, se hace de otra forma. Se licita al mejor postor. Gana quien se compromete a pagar más al Estado.
Entre los acuerdos anunciados con Petrobras se incluye entender las mejores prácticas en el sector. Esto podría ser la lección más importante para el gobierno mexicano. En 1997, Brasil producía menos de un millón de barriles diarios frente a los tres millones de México. No parecía tener recursos petroleros suficientes como para dejar de ser un importador neto de crudo.
Fernando Henrique Cardoso llegó a la Presidencia de Brasil en enero de 1995. Era el momento idóneo de poner en acción su teoría de la dependencia, según la cual América Latina era pobre por depender de sus recursos naturales, entregados además a los extranjeros, y sin agregarles valor. No le hizo caso a la ideología de su pasado académico. Ese año Brasil abrió el sector petrolero a la inversión privada, brasileña y extranjera.
Gracias a la competencia, Brasil se convirtió en potencia petrolera. En enero del 2025 Petrobras producía 2.1 millones de barriles equivalentes diarios y los privados 1.3 millones de barriles. En ese mismo periodo, dado que la CNH desapareció y se dejó de publicar la información, Pemex produjo 1.6 millones de barriles diarios de líquidos, y los privados 88 mil.
Tampoco los hidrocarburos optaron por migrar al norte del río Bravo. Hoy Texas produce cerca de 5.8 millones de barriles diarios de crudo, en buena medida gracias al fracking, prohibido también por AMLO. El año pasado Texas recabó 27 mil millones de dólares en impuestos y regalías del sector petrolero. Sheinbaum quiere explotar el fracking. Sin cambiar la Constitución no será posible.
¿Cuánto tiempo les tomará a los gobiernos de Morena entender que su reforma constitucional nos condena a sólo ser espectadores del éxito petrolero de otros países? No lo sé. Mientras en México la producción no crece y Pemex le cuesta al erario.
—--------------------------------------------------------------------------------
Si ves las barbas del colombiano,
ecuatoriano, chileno y peruano
Columna de opinión escrita por Leonardo Curzio para el diario El Universal
Lunes 29 de junio de 2026
Leonardo Curzio
Hace pocos años la izquierda latinoamericana hablaba de la “marea roja”. Una serie de gobiernos izquierdistas estaban en los despachos presidenciales y aunque nunca tuvieron nada parecido a un proyecto común, ni siquiera una cumbre para combatir la inflación, pudieron celebrar; se sentía un ambiente dominado por una narrativa optimista. No se avanzó mucho porque, entre otras cosas, las tradicionales rivalidades entre México y Brasil se vieron exacerbadas por el protagonismo de dos viejos leones López Obrador y Lula. El brasileño no iba a compartir créditos con el tabasqueño y el tabasqueño no iba a quemar incienso en el altar del sudamericano.
Por otra parte, la izquierda latinoamericana fue incapaz de superar su vinculación con las dictaduras venezolana y cubana. Los viejos alegatos para defender a esos fantasmagóricos regímenes sofocaron las esperanzas de una nueva visión que pusiera a los derechos humanos y la libertad en el centro de su discurso hemisférico.
El avance de la derecha es, en cierta medida, consecuencia de ese estancamiento programático. Tampoco en el desempeño han brillado. Los gobiernos de izquierda, incluido el de México, fueron electos con entusiasmo, pero no consiguieron desplegar una gobernabilidad progresiva y democrática que refrescara la atmósfera. Ya instalados en el poder empezaron a recurrir a maniobras y triquiñuelas para permanecer en el cargo. Nada, pues, que conectara con su relato angelical y humanista; eran viejos coyotes disfrazados de canarios a los que sólo preocupaban el dinero y las cuotas de poder. Prometieron al hombre nuevo y nos dejaron a Adán Augusto.
A pesar de que, según su propia propaganda, todo lo que hacían era histórico, tanta grandilocuencia nunca tuvo un correlato real que desatascara los problemas estructurales y mucho menos abriera un espacio para construir algo nuevo. Su gran mérito fue redirigir el gasto y su techo son las capacidades fiscales que cada vez son menores. Tampoco tuvieron un desempeño brillante en seguridad.
Otro revulsivo para girar a la derecha es que la retórica que arrancó con la esperanza se convirtió en el guion de una plañidera. Los problemas, según ese relato, tienen siempre un origen en fuerzas ocultas y postcoloniales que ahora dejaron de ser fantasmas cortesianos y se convirtieron en realidad monda y lironda. El gobierno de Trump se ha convertido en un factor importantísimo de presión y de inspiración para aupar a candidatos de derecha al poder ante la atónita mirada de los Petro, Lula y Morena. Hoy, para vergüenza nuestra, el proyecto del escudo hemisférico a mucha gente le parece esperanzador y se ha convertido en un argumento rentable en política.
La gente cambia de partido porque espera mejores gobiernos, no explicaciones reiterativas de por qué no ocurren las cosas. Mucho ruido y pocas nueces, mucha movilización y poca prosperidad. A la gente se le acaba la paciencia porque su vida transita sin esperanza de que sus hijos puedan tener un horizonte diferente al propio. La migración, que resolvió la vida de muchas generaciones previas, ha dejado de ser una válvula de escape y la gente se ocupa en el sector informal y espera que algún programa social le permita acceder a los satisfactores mínimos. Ese planteamiento parece infecundo para generaciones que esperan una mejor vida.
No me hago ilusiones con los gobiernos de derecha. Nuestras sociedades se resisten a dar el gran paso adelante y no hay lideres que lo encabecen. Lo que tenemos es una variación democrática saludable para que los salvadores de la patria se serenen y su retórica febril se atempere. Ni más, pero ni menos.
—--------------------------------------------------------------------------------
Somos México
Columna de opinión escrita por Macario Schettino para el diario El Financiero
Lunes 29 de junio de 2026
Macario Schettino
El jueves pasado, el INE decidió otorgar registro a dos nuevos partidos y negarlo a otros tres que lo habían solicitado. Uno de estos últimos no logró organizar suficientes asambleas ni reunir el número de afiliados requerido, de manera que su caso era evidente. Los otros dos que no fueron aprobados se debió a temas relacionados con el financiamiento y la participación de ministros de culto, entre otras irregularidades que los consejeros del INE consideraron suficientemente graves.
Los partidos que obtuvieron registro son “Construyendo Sociedades de Paz” y Somos México. El primero eligió ese nombre porque las siglas son CSP, las mismas de Sheinbaum. Por esa razón, desde hace meses se le requirió un cambio de nombre, que entiendo será Paz. Se trata de una resurrección más del Partido Encuentro Social, PES, que ya ha perdido en dos ocasiones el registro, pero tiene la capacidad de obtenerlo de nuevo. Digamos que tiene seguros los 300 mil afiliados que alcanzan para el registro, pero no los 2 millones de votos para mantenerlo. Es un partido cercano a Morena, con quienes ha estado aliado en varias ocasiones, notablemente para llevar a Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura de Morelos.
Somos México también ha sido requerido, pero apenas en estas últimas sesiones del INE, para cambiar su nombre, color y emblema. En ese tema, la votación del consejo general fue de 6-5, y esta organización impugnará esa decisión. El argumento es que el nombre puede interpretarse como excluyente de los demás, que el color se parece al de un partido local en Tlaxcala, y el emblema deriva del nombre impugnado. No parecen argumentos sólidos, y así lo expresaron un par de consejeros durante la sesión, por lo que supongo que el TEPJF puede modificar esa decisión del INE y permitir a Somos México continuar con esos elementos.
He visto abundantes opiniones acerca de la existencia de estos dos nuevos partidos, especialmente de quienes se han quejado desde hace años de la inexistencia o inutilidad de la oposición. Ahora están inconformes por la llegada de Somos México, argumentando unos que se trata de políticos reciclados, y otros que esto debilitará a la oposición al dispersar el voto.
Con respecto al primer punto, conviene insistir en que Somos México proviene de la conjunción de varios grupos, entre ellos el Frente Cívico Nacional, que incluía al segmento más liberal del PRD y a militantes de causas cívicas. Fue la organización promotora, pero en el camino ha sumado a diferentes organizaciones y personalidades, entre ellos a abundantes exconsejeros y exfuncionarios del INE, lo que fue determinante en el éxito del registro. Así que sí, Somos México incluye a viejos políticos, pero no nada más. Conviene no olvidar lo difícil que es construir un partido político en México para entender por qué la experiencia acumulada es tan importante.
La queja de la dispersión del voto de la oposición resulta absurda, especialmente cuando viene de quienes afirman que hoy esa oposición no existe, o no sirve para nada. En las encuestas que construyen perfiles de la sociedad, como la que publica Nexos cada cinco años, o la Mundial de Valores, suele aparece un grupo de personas que no están conformes con nada, que insisten en que todos son iguales e inútiles, y que frecuentemente son etiquetados, en esas encuestas, como “cínicos inconformes”. Uno de cada 10 mexicanos cae en ese grupo, pero la proporción crece con el nivel de ingresos y educativo.
Mi opinión (obvia en tanto que participé en el proceso de Somos México) es que es necesario revitalizar a la oposición, y ofrecer a los votantes algo diferente a los dos partidos existentes en ese espacio, que hoy sufren de grandes “negativos”. Podremos verificar esto dentro de un año, pero no olvidemos que hay personas que gozan ejercer la crítica improductiva. No se junte con ellos.























Comentarios