La conversación con el Rey
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Columna de opinión escrita por Ana Paula Ordorica para el diario El Universal
Miércoles 24 de junio de 2026
Ana Paula Ordorica
Mañana la presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá con el rey Felipe VI de España, quien visita México para asistir al partido entre España y Uruguay en Guadalajara, en el marco del Mundial de 2026. Cuando le preguntaron en la Mañanera de qué hablaría con él, la Presidenta respondió que uno de los temas sería la importancia de los pueblos originarios antes de la Conquista.
En el contexto de una visita vinculada al Mundial y frente al jefe de Estado de uno de los principales socios económicos de México, ¿por qué se quiere llevar la conversación quinientos años hacia atrás y no veinte años hacia adelante?
España es uno de los mayores inversionistas extranjeros en México. Miles de empleos mexicanos dependen de empresas españolas en sectores como banca, infraestructura, energía, turismo, telecomunicaciones y servicios. Aún así, la Presidenta decide desperdiciar la oportunidad de usar la reunión para hablar de inversión, innovación, educación, turismo, deporte e infraestructura. De futuro.
Escribo estas líneas desde España, un país que ha sabido transformar algunas de sus ventajas naturales en una estrategia nacional. No todo funciona aquí. Hay muchos problemas y tensiones políticas que hoy tienen al gobierno de Pedro Sánchez contra las cuerdas, por no hablar del caso de corrupción de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero al observar este país con ojos mexicanos no deja de asombrarme la capacidad que han tenido de convertir oportunidades en proyectos de largo plazo.
España, como México, tiene buenas playas y buen clima. También una ubicación privilegiada como puente entre Europa y África. Pero a partir de esas ventajas, España ha hecho la tarea trabajando en infraestructura, conectividad, promoción y políticas públicas consistentes para aprovecharlas. El resultado es que el turismo aporta más del 12% del PIB español, genera millones de empleos y permitió que el país recibiera más de 94 millones de visitantes internacionales en 2024, una cifra récord.
México posee recursos turísticos igual o más espectaculares. Sin embargo, la inseguridad ahuyenta visitantes. La extorsión golpea a prestadores de servicios. Los apagones afectan regiones enteras de la Riviera Maya. La corrupción continúa funcionando como un impuesto informal que encarece cualquier inversión.
La otra gran lección española está en el deporte.
Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fueron utilizados como una plataforma para modernizar, transformar y profesionalizar estructuras deportivas. España encontró una ruta de largo plazo para fortalecer el deporte de alto rendimiento. Hoy los mejores futbolistas, tenistas y ciclistas son españoles.
Mientras recorro España con los ojos puestos en el Mundial de 2026, no puedo evitar pensar en otra oportunidad desperdiciada por México.
Somos sede de tres ciudades mundialistas. Contamos con una afición extraordinaria. Llenamos estadios. Incluso tenemos la capacidad de convertir a un pato en una celebridad internacional. Lo que no hemos construido es una estrategia nacional para utilizar el futbol como herramienta de desarrollo.
¿Por qué no aprovechar el Mundial para rehabilitar miles de canchas públicas? ¿Por qué no impulsar programas deportivos permanentes en las escuelas? ¿Por qué no vincular el torneo con campañas nacionales contra la obesidad infantil? ¿Por qué no utilizar el entusiasmo que genera el futbol para promover hábitos saludables entre millones de niños y jóvenes?
Los países exitosos estudian su pasado. Pero dedican mucho más tiempo a construir su futuro. La Presidenta puede empezar a hacer lo propio aprovechando las reunión con el Rey Felipe VI para hablar de lo que realmente le traerá oportunidades a los mexicanos. Dejemos de insistir en lo ocurrido hace quinientos años.
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La rarísima corrupción de los
morenistas: puro charalito
Columna de opinión escrita por Salvador Camarena para el diario El Financiero
Miércoles 24 de junio de 2026
Salvador Camarena
El caso de la morenista Nancy Nápoles es, una vez más, como de cuento de Ibargüengoitia, incluida la moraleja: en este pueblo, diríase, los ladrones y corruptos son pocos y pequeños, unos charalitos; quienes tienen mayor tentación de pecar, esos nunca lo hacen. Ajá.
Nápoles encabeza el ayuntamiento de Tenancingo, Estado de México. La verdad, su nombre sería poco conocido nacionalmente si no fuera porque la fiscalía estatal la acusa de autosecuestrarse para tapar un faltante en el municipio de 40 millones de pesos.
Ella alega inocencia. Pero dos de sus presuntos cómplices están ya detenidos. Una manera de ver este asunto es congratularse de que una persona del régimen sea investigada. Otra es ponerse de mal pensado.
Con pleno uso de sus nuevas siglas, quienes integran Morena llevan ocho años ganando gubernaturas. En 2018, junto con AMLO en la Presidencia, llegaron a ejecutivos estatales Adán Augusto López (Tabasco), el cuñado de este, Rutilio Escandón (Chiapas), Cuitláhuac García (pobre Veracruz), y a la CDMX, Claudia Sheinbaum.
Ese mismo año, y relevante para el tema de hoy, por una cosa, digamos, híbrida en términos obradoristas, se hizo de Morelos el inefable exalcalde de Cuernavaca Cuauhtémoc Blanco. En 2021 se confirmaría la racha ganadora guinda, con las y los gobernadores que ahora van de salida, hasta dominar dos terceras partes de los estados.
Eso nos regresa a Nancy Nápoles y otros como ella. En el futuro se preguntarán cómo es que, en un país con tanta corrupción, en Morena no hay gobernadores en barandilla por delitos, abusos, desvíos, robos, negligencias ni nada parecido (podemos decir que el caso de Jaime Bonilla, efímero mandatario de Baja California y hoy cuadro del ‘PT’ confirmaría la regla). ¿Solo se corrompen los de abajo?
En tiempos de Peña Nieto (podría escribir como decía AMLO, “magínense, en tiempos del licenciado Peña”), cayeron a la cárcel o fueron procesados priistas como Andrés Granier (Tabasco), Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo), Eugenio Hernández (Tamaulipas) y César Duarte (Chihuahua). Varios siguen presos. Entre los panistas enfrentaron procesos Guillermo Padrés y Luis Armando Reynoso, de Sonora y Aguascalientes, respectivamente.
Esta lista es ilustrativa, para nada exhaustiva. Y, hablando de autoinvestigarse a nivel gabinete, con todos los asteriscos que deseen, fue en el propio sexenio de EPN que Emilio Lozoya tuvo que dejar la dirección de Pemex para luego verse contra las cuerdas de la entonces PGR.
Así antes. En el antes neoliberal y, por ende, dirían los morenistas, corrupto. En el hoy, bajo el operativo llamado Enjambre, a veces detienen a alcaldes de un lado del Edomex, morenistas o no, y otras a algunos en Morelos… Al final, decenas de funcionarios de media tabla (hay un recuento que ya cifra en más de 70 esos procesados). Los delitos de los que son acusados varían, pero incluyen corrupción.
Qué bueno que, de ser culpables, funcionarios del nivel municipal, el más cercano a la gente, sean procesados y reciban castigo. Pero no deja de ser intrigante cómo en estos tiempos de barrer las escaleras de arriba a abajo, ese arriba es muy abajo del señor o la señora gobernadora, según sea al caso, de cada entidad. ¿Los de arriba se portan requetebién, mientras los ratones de abajo hacen fiesta?
La verdad, no suena lógico: ¿o sea que roban los que menos acceso tienen a mucho presupuesto? ¿Y los gobernadores, que tripulan sus congresos, ni en cuenta?
No sé si Nancy Nápoles es inocente. Sé que es muy raro que solo ella, y decenas como ella, parezcan protagonistas de la corrupción. No vuela.























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