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La reforma de las escondidas,


Columna de opinión escrita por Kenia López Rabadán para el diario El Universal


Viernes 23 de enero de 2026


Kenia López Rabadán

¿Es posible que el sigilo del poder se muestre a plena luz del día? Sí, eso sucede con la reforma electoral. Lo más notable de la disimulada iniciativa es que la mantienen escondida. Les da vergüenza mostrarla porque no quieren debate abierto y público; porque son portadores de un proyecto de sociedad cerrada. Juegan a las escondidas con sus aliados, con la oposición y con la ciudadanía. Ninguna alternativa es aceptable, solo el oportunismo del acomodo. Las voluntades de los partidos de la coalición gobernante, amenazados con la extinción, se alargan o se encogen como el chicle. Si se doblan desaparecen, y si se oponen a la iniciativa serán objeto de extorsión, como ya se empieza a sentir en las azoteas del Senado. Si no se alinean veremos multiplicarse a los Yunes que entreguen su voto a cambio de dejar expedientes en la reserva de closet.


Desconocemos la letra de la iniciativa porque la tienen oculta y, al parecer, no ha habido ninguna garganta profunda que la deslice al público (o al pueblo, que también la desconoce). Lo dicho: reducir el número de asientos plurinominales y el financiamiento a los partidos, y controlar a las autoridades electorales. En una palabra, reducir el espacio de la política legal al predominio del grupo gobernante pretendiendo que esa nueva legalidad adquiera legitimidad. Si esto es lo que a la postre se dé a conocer en la letra de la iniciativa, tendremos una reforma calcada sobre la que presentó AMLO en febrero del año pasado. La nueva iniciativa escondida bajo la manga difiere de la anterior únicamente en la elección de los magistrados electorales, medida ya consumada.


Las minorías de la coalición oficial se resisten a aceptar la disminución de las prerrogativas y los asientos plurinominales, porque son su sentencia de muerte. Sin embargo, también se han exhibido presuntos acuerdos en lo oscurito para sacar ventajas de la necesidad de aprobar esa reforma y vender su voto a cambio de gubernaturas y otras prebendas. Pero no hay que sentirse optimistas porque el PT y el Verde se resistan a ser diezmados. Si no llegan a acuerdos por las buenas, más temprano que tarde saldrán a relucir las amenazas y chantajes, la ventilación de “expedientes” que les tiene guardados el grupo dominante tanto a ellos como a los legisladores de oposición que no acepten entregar las armas si flaquea la coalición.


Sobre el efecto que tendría la reforma ya se ha hablado sin cesar desde hace un año. El más importante sería que una minoría (de acuerdo con los votos que los llevaron al Congreso), impuesta como mayoría, aseguraría su permanencia en el poder controlando los resultados electorales. La nueva legislación reduciría las capacidades y márgenes de acción de la oposición actual y futura, controlando el tamaño de los partidos, los registros y los recursos financieros de que disponga, mientras Morena se sirve de los recursos del Estado sin ningún obstáculo ni pudor. Ya lo vimos en las elecciones de 2024 y antes de ello en la ilegalidad con que AMLO y su grupo beneficiaron el crecimiento de su partido. Además, el gobierno cuenta ya con la herramienta para movilizar el voto inducido (programas sociales, servidores de la nación) y con el control de facto de las autoridades electorales. La oposición se volvería testimonial, pero no competitiva.


Para la ciudadanía la consecuencia será la conversión de ciudadanos en mera audiencia. Si se alinean con Morena tendrán participación subordinada a ese partido; si se mantienen libres e independientes o actúan en la oposición serán espectadores de un teatro que bajó el telón para que la obra se lleve a puerta cerrada. El panorama es sombrío. Con la reforma electoral escondida se cierra la pinza de la autocracia; una nueva “dictadura perfecta.” Lo que no sabemos es si será un motivo para la movilización ciudadana. La “ciudadanía de baja intensidad” sigue presente como razón social del nuevo autoritarismo.




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Que te vaya bonito


Columna de opinión escrita por Juan Villoro para el diario Reforma


Viernes 23 de enero de 2026


Juan Villoro

El 19 de enero se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo popular de México: José Alfredo Jiménez. Sus trescientas canciones rebasaron el marco de la música para explorar el sentido profundo de la pasión. Los misterios que Ovidio quiso dilucidar en El arte de amar encontraron respuesta en la academia nocturna de la cantina.


Incapaz de leer partituras y tocar un instrumento, José Alfredo compuso silbando. Su renovación de la canción ranchera ocurrió en un momento en que el país se desplazaba del campo a las ciudades y el mariachi incorporaba trompetas para competir con los cláxones. Nacido en Dolores Hidalgo, evocó los caminos de Guanajuato, pero fue en la Ciudad de México donde entendió que ese paisaje representaba una utopía sentimental. En los años cuarenta, las cabalgatas revolucionarias ya pertenecían a la nostalgia y la vida campirana se evocaba como un edén perdido. De modo paradójico, eso era posible gracias a dos formas industriales de comunicación: la radio y el cine de la "época de oro".


José Alfredo advirtió el peso que el viejo orden agrario tenía en la populosa vida urbana y recreó un folklor bucólico. Añoró una "casita al pie de la montaña" y convirtió la rienda en metáfora de la atadura amorosa. Con una frase concebía un drama: "Sonaron cuatro balazos...".


En su espléndido libro, Cuando te hablen de amor y de ilusiones, Paloma Jiménez Gálvez, hija del compositor, hace un puntual análisis de las letras y cuenta la verdadera historia de "El caballo blanco". Ese corrido no se inspiró en un brioso corcel, sino en el Chevrolet blanco que su padre tuvo que empeñar en Los Mochis para pagar su hospedaje. Mitógrafo de tiempo completo, el maestro transfiguraba la realidad.

En la colonia Santa María la Ribera trabajó en una cantina que todavía existe; aficionado al futbol, fue portero suplente de Antonio "La Tota" Carbajal. Este dato anecdótico se convirtió, como todo en el taumaturgo emocional de Dolores, en impulso mítico: Carbajal sería el portero legendario del equipo León, cuyo actual canto de guerra es el más ambiguo del futbol mundial: "No vale nada la vida". ¡José Alfredo logró que el nihilismo apasionara a la tribuna!


El rincón de una cantina le sirvió de observatorio para los quebrantos de amor y el tequila, de arriesgado remedio. Sus letras levantan inventario del machismo ("te vas porque yo quiero que te vayas"), el rencor ("qué bonita es la venganza cuando Dios nos la concede"), la resignación ("me cansé de rogarle"), la pérdida anticipada ("quiero ver a qué sabe tu olvido"), los celos ("hoy vas por el mundo buscando placer"), el despecho ("que te den lo que no pude darte... aunque yo te haya dado de todo"), la liberalidad ("yo quiero que te besen otros labios"), la reconciliación ("amanecí otra vez entre tus brazos") y la derrota fatal ("de este golpe ya no voy a levantarme"). El repertorio es tan completo que no podemos cantarlo sin que se vuelva autobiográfico.


Los innegables valores literarios de José Alfredo responden, como señala el poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo, a las virtudes de la oralidad. Hay versos para leer, versos para recitar y versos para cantar con la voz quebrada. José Alfredo es el maestro de la tercera variante. Sus letras no provienen de lecturas, sino de la sabiduría del dolor, la experiencia de quien es "un gallo muy jugado".


"Quien sepa de amores que calle y comprenda", cantó Javier Solís. En la misma tesitura, José Alfredo advierte: "nadie sabe ni puede decir las cosas de amores" y, sin embargo, dedica trescientas canciones a explorar ese enigma.


Murió a los 47 años, dejando un acervo que otras voces han mantenido vivo. Aunque básicamente narró calvarios masculinos -el hombre como gavilán en pos de una paloma-, las mujeres hicieron suyo ese repertorio en las brillantes interpretaciones de Lucha Reyes, Lola Beltrán, Chavela Vargas y Lucha Villa. Cantantes posteriores, como Luis Miguel y Alejandro Fernández, revitalizaron la leyenda.


¿Cuál es el secreto de José Alfredo? Acaso la clave esté en el escenario donde brindó sus remedios de amor, un país donde todos anhelan que los quieran "nomás tantito". Las "esencias nacionales" son una convención transitoria, pero algo perdura entre nosotros. ¿Hay deuda más grande que la del amor correspondido y herida más fuerte que su pérdida?


Hace cien años nació quien supo responder esas preguntas.



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