Proyecto hegemónico
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Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma
Viernes 30 de enero de 2026
Sergio Sarmiento
"Lejos de actuar como un auténtico
tribunal constitucional, la Sala Superior
se convirtió en un engranaje funcional
de un proyecto hegemónico".
Javier Martín Reyes
Nadie cuestiona el resultado de la elección presidencial de 2024 que dio el triunfo a Claudia Sheinbaum con 60 por ciento de los votos. Otra cosa es la Cámara de Diputados, donde un 54 por ciento se tradujo en una mayoría calificada de 73 por ciento, 364 de 500 diputados. En el Senado la alianza oficialista, también con 54 por ciento de los votos, se quedó corta para las dos terceras partes: 83 senadores, 64.8 por ciento, contra los 86 que necesitaba. Por eso el oficialismo compró tres senadores electos por la oposición.
Muchos juristas consideran que esta sobrerrepresentación es ilegal. El artículo 54 de la Constitución establece que "ningún partido podrá contar con más de 300 diputados por ambos principios", esto es, votación uninominal y representación proporcional. También señala que, "en ningún caso, un partido político podrá contar con un número de diputados por ambos principios que representen un porcentaje del total de la Cámara que exceda en ocho puntos a su porcentaje de votación nacional emitida". Estos juristas sostienen que las restricciones se aplican también a las coaliciones.
El Instituto Nacional de Investigaciones Jurídicas de la UNAM ha publicado un libro de 394 páginas, coordinado por María Marván, J. Jesús Orozco Henríquez y Diego Valadés, tres de los juristas más reconocidos de México, titulado La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión. El volumen incluye 14 ensayos de especialistas, así como siete fuentes documentales que sustentan los argumentos. Entre los autores se cuentan Javier Martín Reyes, Jorge Alcocer V., José Woldenberg, Ciro Murayama, Lorenzo Córdova y Jacqueline Peschard. Los textos argumentan que el INE y el Tribunal Electoral violaron la Constitución al dar al gobierno una mayoría calificada en el Congreso.
"Una de las consecuencias de la citada sobrerrepresentación excesiva y mayoría calificada para los partidos políticos integrantes de la coalición oficialista -escriben los coordinadores- ha sido la habilitación de la correspondiente fuerza política para reformar, por sí sola, la Constitución y tomar unilateralmente las decisiones más trascendentes del Estado mexicano, sin requerir participación alguna de las minorías, y en contra de los propósitos explícitos de las reformas constitucionales de 1993 y 1996 que establecieron los límites a la sobrerrepresentación".
Algunos representantes del régimen han descalificado el "libro incómodo". El diputado Sergio Gutiérrez Luna increpó a Lorenzo Córdova en Palacio Legislativo diciendo: "Votas de una forma y luego dices otra cosa de la sobrerrepresentación". La también diputada morenista Gabriela Jiménez presentó una solicitud de información a la UNAM para que dé a conocer cuánto costó el libro. Los autores han señalado que ninguno cobró y que los costos de producción y publicación se recuperarán con las ventas.
El libro describe un verdadero golpe con el cual los partidos del gobierno se han apoderado de la mayoría calificada. En la Cámara de Diputados lo hicieron con un reparto inconstitucional de los legisladores de representación proporcional. En el Senado, "a través de la incorporación de tres senadores de oposición a su bancada mediante la corrupción", como señala Marván.
Hoy, que se discute una nueva reforma electoral que busca afianzar el régimen de partido hegemónico, es importante entender cómo el gobierno se dio a sí mismo en 2024 el poder para cambiar la Constitución sin atender las preocupaciones de una oposición que representaba el 45 por ciento de los votos.
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Entre el trato duro y la retórica
blanda
Columna de opinión escrita por Marcela Gómez Zalce para el diario El Universal
Viernes 30 de enero de 2026
Marcela Gómez Zalce
La incongruencia constante, percibida como una ofensa a la inteligencia y dignidad de los ciudadanos, erosiona la confianza pública, deteriora la salud mental colectiva además de debilitar el tejido social. Cuando un gobierno insiste de manera sistemática en la simulación —es decir en aparentar coherencia, austeridad, transparencia o cambio— mientras las decisiones reales contradicen ese discurso, no sólo se incurre en una falta política o administrativa, sino que produce un daño profundo en la psicología social de la población.
El primer efecto visible de esa simulación, que ya asoma la punta del iceberg del hartazgo ciudadano en algunas regiones del país, es la pérdida progresiva de credibilidad institucional.
Cuando el discurso oficial y el mantra de Palenque no coinciden con la realidad observable, la palabra pública pierde valor, las promesas dejan de generar expectativa legítima y los anuncios y la propaganda son recibidos con un escepticismo subyacente en el ánimo social.
La simulación permanente de varios actores de Morena y ahora sumándose la tremenda Corte con su batidero vehicular, genera un clima de saturación psicológica que fomenta la apatía y reduce la capacidad de análisis crítico. El otro efecto preocupante es esa normalización de la incongruencia y la mentira.
La contradicción es ya cotidiana y es justificada en nombre de la causa y ese mantra hipócrita que los desnuda por completo; lo que antes consideraban inaceptable, hoy se tolera. Se presume. Se celebra.
Ello abre las puertas a abusos cada vez mayores, sin detenerse a sopesar o analizar que las secuelas serán irreversibles y tendrán un efecto en el plano donde más lastima. El electoral. Sin embargo, eso no abarca todo el espectro estratégico.
La simulación gubernamental en esta administración alimenta la polarización y no es un problema superficial de imagen o narrativa: Es un fenómeno que impacta directamente en la mente colectiva. Un gobierno que se autoengaña proyecta fragilidad hacia afuera y esa debilidad se manifiesta con especial claridad en el actual contexto de la ríspida relación bilateral.
El uso reiterativo de la soberanía, utilizado como recurso narrativo y no como ejercicio real, es percibido entre la ciudadanía como simulación.
El término revela más una necesidad de compensación simbólica que un ejercicio efectivo del poder. Ahí se tiene el caso más reciente donde el engrudo mañanero se hizo bolas con la detención del criminal canadiense y la ambigüedad deliberada del relato oficial.
Cuando hay que explicar demasiado la soberanía es porque ya no se ejerce. Sheinbaum insiste en que no hay presencia operativa extranjera en territorio nacional y en Estados Unidos presumen públicamente la cooperación y coordinación bilateral en materia de seguridad.
Un triunfo estratégico en todos los sentidos y un mensaje clarísimo para esa hidra político criminal cuyas cabezas morenas pretenden esconderse tras el manto soberano.
El timing de la llamada entre Trump —que nuevamente reconoce a la presidenta? y Sheinbaum, exhiben señales suficientes de los tiempos y las presiones que se avecinan.
Los acuerdos y el quid pro quo bilateral que tiene feliz al magnate, exhibirán en el corto plazo los cinco elementos clave que definen la hoja de ruta en Washington del T-MEC.
























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