La tormenta que acecha
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- hace 17 horas
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Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior
Viernes 19 de junio de 2026
Pascal Beltrán del Río
El desenlace de la cumbre del G7 en Francia ha dejado un mensaje nítido y perturbador para nuestro país: una vez concluido el conflicto armado con Irán, el próximo gran objetivo en la agenda geoestratégica y de seguridad del presidente estadunidense Donald Trump será, sin lugar a dudas, México.
La pirotecnia retórica y las descalificaciones lanzadas por el mandatario durante la conferencia de prensa de clausura no deben leerse como un simple exabrupto retórico. Al contrario, constituyen la declaratoria formal de una nueva fase de tremenda presión diplomática, comercial y militar que se avecina sobre el gobierno mexicano de cara a la revisión del T-MEC de los próximos meses, y que ocurrirá en el marco de la inminente campaña electoral para la renovación de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, un proceso en el que estará en juego el control del Congreso de Estados Unidos.
Lo que Trump afirmó sobre la crisis de seguridad mexicana, el control territorial de los cárteles del narcotráfico y la supuesta parálisis institucional por temor a las mafias ciertamente no contiene elementos novedosos. El inquilino de la Casa Blanca lleva años utilizando a México como el saco de boxeo predilecto para cohesionar a su base electoral y justificar sus posturas de aislamiento y mano dura. Sin embargo, lo verdaderamente relevante en esta ocasión no fue el contenido de su discurso, sino el escenario geográfico y el momento político exacto que eligió para articular su embestida.
En primer lugar, hay que fijarse detenidamente en el dónde. Trump no vertió sus juicios desde un mitin partidista en Ohio o en sus redes sociales de madrugada. Lo hizo en el marco de la cumbre del G7, uno de los foros multilaterales más vigilados e influyentes de todo el planeta, rodeado por los líderes de las democracias más industrializadas del mundo. Al internacionalizar su diagnóstico sobre un México presuntamente desbordado por el crimen, Trump buscó arrebatarle el carácter de asunto estrictamente bilateral para presentarlo ante la comunidad internacional como una seria amenaza global que requiere medidas excepcionales de intervención.
En segundo lugar, el cuándo resulta todavía más calculador. Las agresivas declaraciones se emitieron precisamente al dar por concluido el tenso conflicto con Irán, enviando la clara señal de que Washington ya ha desocupado sus capacidades operativas de Oriente Medio y está listo para redirigir su maquinaria de presión hacia el sur del río Bravo.
Para colmo de la ironía diplomática, este golpe de mazo se dio a menos de un mes después de que la Unión Europea y México firmaron con gran optimismo la modernización del Acuerdo Global. Con un brutal baño de realismo, Trump le recordó a Europa y al mundo que las reglas comerciales del viejo continente importan muy poco cuando el socio alfa de Norteamérica desconoce por completo el valor del libre comercio.
Este endurecimiento discursivo no ocurre en el vacío. En el fondo de la relación subyace un expediente explosivo y pendiente que la diplomacia de nuestro país ha intentado matizar sin éxito alguno: las acusaciones formales lanzadas el pasado 29 de abril por la justicia estadunidense contra diez funcionarios y exfuncionarios mexicanos por presuntos vínculos con el narcotráfico, una lista negra que incluye de manera destacada al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Washington tiene nombres, investigaciones y, sobre todo, determinación para utilizar la crisis del fentanilo como la palanca perfecta para doblegar el discurso de la soberanía nacional. La advertencia abierta de Trump sobre el futuro del tratado comercial y su desdén explícito al señalar que preferiría no tener el acuerdo norteamericano son la confirmación de que la seguridad interior y la sumisión económica serán las dos tenazas con las que buscará asfixiar a la administración mexicana de manera implacable.
Frente a un aparato gubernamental de EU que ha decidido centralizar de inmediato todas sus prioridades globales en la frontera sur, la clásica simulación diplomática de México ya no será suficiente para contener el embate. El G7 funcionó como el gran megáfono de esta ofensiva; lo que le sigue a este tenso capítulo es, invariablemente, la verdadera gran tormenta.
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Confusión de tratados y choque de
trenes
Columna de opinión escrita por José Elías Romero Apis para el periódico Excélsior
Viernes 19 de junio de 2026
José Elías Romero Apis
La solicitud para la extradición de Rubén “N” y otros ha dado para pronunciar muchos discursos en ambas naciones, para sazonar muchas sobremesas y para que muchos abogados lo analicemos con seriedad. Quizá los más confundidos seamos los espectadores y no los actores.
En lo político, no me queda claro si los gobiernos acertaron o marraron. Puede ser que el inevitable encontronazo sea muy deliberado. Los estadunidenses no son ingenuos. Sabían que el actual gobierno mexicano no entregaría a sus “hermanos” (sic dixit AMLO). Por lo tanto, que eso los llevaría a un conflicto binacional.
Porque también creo que el presidente Donald Trump casi siempre busca el conflicto como un espacio en el que logra un mayor éxito. Sus razones son inteligentes y son muchas, pero me quedo con una sola. Él se ve mejor como provocador que como pacificador. Su imagen, su actitud y su discurso de pacifista, de cooperador o de amigo casi nadie se lo cree, pero la postura de la amenaza y de la bravata sí se la creemos todos.
En lo que concierne a lo jurídico, no me queda en claro si el gobierno mexicano se ha equivocado por mal conocimiento, por mal asesoramiento o por mal aconsejamiento. Pero quizá también busque un conflicto deliberado.
Por otra parte, con este affaire los abogados hemos descubierto mucho “mar de fondo” que no tiene caso ventilar; primero, porque sería aburrido y, segundo, porque no somos los abogados de ninguno de los gobiernos involucrados, ni ellos nos han pedido nuestras recetas ni tenemos por qué dárselas.
El discurso del gobierno mexicano se refiere a pruebas judiciales como si confundiera el Tratado de Extradición (TE) con el Tratado de Asistencia Jurídica (TAJ). Esto requiere de una mínima explicación jurídica.
Para comenzar, esos tratados tienen tal asimetría jurídica como la asimetría tecnológica que pueda existir entre una motoneta de reparto y una aeronave espacial. El TE es muy elemental, mientras que el TAJ es muy elaborado. Baste decir que la celebración de éste nos llevó 13 años de elaboración y negociación entre abogados y funcionarios de ambos países.
El TE es un tratado de aprehensión y de patrullas. La orden de aprehensión es un mandato que emite un juez para que los policías detengan a un acusado y lo presenten ante él. Los patrulleros no le discuten al magistrado sobre sus pruebas ni sus razones. En la extradición, el país requerido es el patrullero. Tan sólo tiene que verificar que la orden sea válida, no que sea probada.
Por el contrario, el TAJ es un tratado de enjuiciamiento y de tribunales. Se utiliza principalmente para requerir y aportar pruebas, para validarlas, para valorarlas y para considerarlas rumbo a una sentencia, bien sea condenatoria o absolutoria. Todo esto es muy complejo, pero baste decir lo que decían las abuelas a sus nietos sobre, si no sabes, mejor pregunta.
No es sencillo que esta complejidad encaje bien con el discurso de los políticos. Es más bien un muy complicado discurso de alegatos de los fiscales y de los defensores, pero no de todos, sino de los mejores abogados especialistas de las fiscalías de ambos países.
Ahora, lo que viene es muy oscuro porque este mes finaliza el término para que EU formalice su solicitud y menciono tres escenarios. El primero, que se repitan la solicitud y la respuesta. El segundo, que se complazca la entrega de pruebas y que éstas hasta asusten.
El tercero sería el silencio bilateral y la cancelación del trámite. Imaginemos las consecuencias, desde las judiciales y arbitrales hasta las policiales y militares, pasando por las diplomáticas y comerciales. Donald Trump está moviendo sus fichas en juzgados, en fiscalías, en policías y en inteligencia. Se oyen voces, se ven sombras y se sienten pasos. La imaginación es grande, pero la realidad es mayor.
Se ha dicho que en la política no hay sorpresas ni confusiones ni equivocaciones. Que tan sólo hay sorprendidos, confundidos y equivocados.
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Que no regresen con el cuento de
que la ley es la ley
Columna de opinión escrita porJoaquín López-Dóriga para el diario Milenio
Viernes 19 de junio de 2026
Joaquín López-Dóriga
Son de los que visten de favor la traición.
Florestán
En la víspera del partido definitorio de la Selección Mexicana en este Mundial de Futbol, anoche en Guadalajara, Morena deslizó la convocatoria oficial para definir a sus candidatos para las elecciones del año que viene vía el disfraz de los coordinadores estatales de defensa de la transformación, en una grosera e impune violación de la ley que prohíbe y sanciona los actos anticipados de campaña.
Pero en el partido oficial rige la norma de su fundador, Andrés Manuel López Obrador, de que no nos vengan con el cuento de que la ley es la ley.
Por eso Morena, sin ningún rubor, al contrario, como una celebración, ha convocado a violar la ley sin que nadie levante la ceja de cara a las elecciones del primer domingo de junio de 2027, cuando el periodo electoral inicia en la primera semana de septiembre y las elecciones serán el domingo 6 de junio. Las campañas deben iniciar 60 días antes de las elecciones, es decir, el 4 de abril, que es lo que marca la ley, pero el partido oficial las arrancó oficialmente esta semana.
En su convocatoria se establecen, sin ningún pudor, reglas, plazos y requisitos para los aspirantes a encabezar esos Comités de Defensa de la Transformación en cada uno de los 17 estados en los que se elegirá gobernador, que serán los candidatos del régimen y su coalición.
Esto es, repito, una desvergonzada, no les da vergüenza, violación a la ley que, insisto, impide los actos adelantados de campaña, como es, en realidad, este método morenista.
Ya publicada el martes la convocatoria, el lunes se inicia el registro de los aspirantes con sus aliados del Verde y el PT, proceso que termina el sábado 27 y luego vendrán las encuestas para decidir lo ya decidido de antemano.
Les digo, a los amigos justicia, gracia e impunidad. A los enemigos justicia a secas, y eso en el mejor de los casos.























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