Los costos de la mañanera frente a los escándalos
Columna de opinión escrita por Carlos Puig para Milenio
Viernes 9 de octubre de 2026
Carlos Puig
Además de ser un buen recurso para la propaganda, las mañaneras son también, vistas en su conjunto, un relato de los problemas del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Basta revisar las de los últimos meses.
La Presidenta tiene que lidiar con todos los escándalos que vienen del sexenio pasado, o de miembros de su partido aún en funciones y con apellidos que vienen del sexenio pasado y siguen funcionando.
Los escándalos, además, tienen que ver con temas que en Morena se prometieron desde hace quince años como los pilares de su movimiento, de eso que llaman la Cuarta Transformación. La corrupción, las alianzas con el crimen —sólo Calderón se atrevía a eso, dicen— o la impunidad de tantos.
Hoy en los casos más sonados de huachicol no hay un solo personaje de peso, de Morena o del gobierno pasado —cuando el huachicol fue una fiesta—detenido. Queda claro que no localizan al exsecretario de Marina, no hay investigaciones —dicen—contra Amílcar y así podríamos seguir la lista. Eso sí, Ruffo a Almoloya.
Y por supuesto no hay que olvidar a Rocha Moya para quien sigue pidiendo pruebas y, como escribí ayer, ya le ayudó el expresidente para establecer una teoría que exonera al exgobernador.
Ayer hizo algo similar. Cuando le preguntaron sobre las decisiones de la OFAC, parte del Departamento del Tesoro, al denunciar a un grupo de empresarios, corrijo: nuevos emprendedores bajacalifornianos como lavadores de dinero para el crimen organizado; la mayoría de estos emprendedores con muchos negocios a la sombra del gobierno estatal y gobiernos municipales, volvió a la misma lógica que ha manejado con Rocha Moya: “No hay ninguna evidencia de acuerdo con la UIF y el gobierno de México, en particular el gabinete de seguridad, de que las empresas o las personas a las que se congelaron las cuentas estén vinculados con algún grupo delictivo”.
Una cosa es no actuar —a eso estábamos acostumbrados desde antes de Morena— la otra es obligar a la Presidenta a justificar la no actuación por la mañana en Palacio Nacional.
¿No termina eso, algún día, afectando la imagen de la Presidenta?
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Buscando la ruta
Columna de opinión escrita por Macario Schettino para El Financiero
Viernes 9 de octubre de 2026
Macario Schettino
Hace unas semanas estuvimos analizando cuál podría ser una meta razonable para México. Le decía entonces que me parecía mejor empezar por el final que por el principio. En lugar de partir de donde estamos, buscando qué puede hacerse, sugerí que planteáramos primero el objetivo, y después identificáramos bien nuestra posición actual para buscar la mejor ruta.
Creo que hay que pasar al segundo momento: entender en dónde estamos. Para eso he escrito un libro que publicó Ariel, El momento más oscuro, que ya ha empezado a circular y presento mañana en Monterrey. El título viene de un artículo publicado en estas páginas hace meses. Estoy convencido de que México vive el momento más oscuro de su historia. Frente a esta afirmación, hay la duda de si no fue peor lo ocurrido en 1847, cuando perdimos la mitad del territorio, o en esa secuencia de guerras civiles que llamamos Revolución Mexicana. Así respondo al inicio del libro:
“Creo que no. En el primer caso, porque apenas empezábamos a construir este país, y los experimentos no habían logrado consolidarse. Cierto que perdimos más de dos millones de kilómetros cuadrados, en donde vivían pocos mexicanos. Más notable aún es que logramos mantener otros dos millones, en los que vivimos hoy, a pesar de no tener un gobierno estable, ni mucha idea de cómo construirlo.
Las guerras civiles que llamamos Revolución Mexicana fueron sin duda graves, pero no creo que en algún momento estuviese en riesgo el país. Lo que estaba en duda era quién podía gobernar, pero no la integridad del territorio, ni su permanencia. Al final acabamos eligiendo un mal camino, pero esa es otra historia.”.
Hoy, a diferencia de esas ocasiones, creo que la integridad y permanencia del Estado, como dicen en seguridad nacional, sí están en riesgo, y creo que eso es resultado de decisiones tomadas por un grupo político que no dudó en destruir las instituciones, deteriorar la economía, e incluso asociarse con el crimen organizado.
La situación actual es producto de tres momentos clave: el triunfo de Morena en las elecciones locales de 2021 con el apoyo de grupos criminales; el triunfo en 2024 haciendo uso de recursos públicos en cantidades inmensas, que elevaron la deuda del gobierno de 16 a 20 billones de pesos, y el golpe de Estado posterior, cuando por decisión de tres magistrados del TEPJF se asignó una mayoría calificada a un grupo político que no la obtuvo en las urnas. Eso permitió acabar con la Constitución, destruyendo el Poder Judicial y cualquier posibilidad de enfrentar legalmente las acciones del grupo mencionado. Cuando esta época termine, tanto los dirigentes del grupo político como los magistrados mencionados serán recordados como traidores a la patria. Pero habrán provocado que esta época sea mucho más difícil de resolver, y menos pacífica.
Al cerrar las puertas a la democracia, con los tres pasos mencionados, a los que ahora podemos sumar el control total del INE y el TEPJF, se impide la discusión pacífica de los temas públicos. En consecuencia, el natural choque de intereses entre grupos se ha empezado a resolver de forma violenta, empezando por los grupos que sostuvieron al movimiento y que ahora ya no pueden cobrar lo que querían: la CNTE, el SME, el bloque negro, usted ya los conoce.
Si, como es muy probable, haciendo uso de esos instrumentos deciden impedir la manifestación de la voluntad popular en las próximas elecciones, entraremos en un proceso muy complicado.
Ya vivimos algo parecido hace 40 años, pero entonces el viejo régimen todavía tenía fuerza y la población no estaba armada. Ahora es diferente. Bueno, es de ahí, de El momento más oscuro, de donde vamos a partir. La ruta, semblanteada al final del libro, no se ve atractiva. Ya lo platicaremos.
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Leyes antimemes contra la libertad
de expresión
Columna de opinión escrita por Kenia López Rabadán para El Universal
Viernes 9 de octubre de 2026
Kenia López Rabadán
El régimen parece empeñado en encontrar nuevas formas de limitar las libertades de los mexicanos. Ahora, con el pretexto de proteger la propiedad intelectual, impulsa dos reformas que ponen en riesgo la libertad de expresión, el derecho a la información, la libertad de prensa y el derecho humano al acceso al internet. Son las llamadas “leyes antimemes”.
Una pinza autoritaria con dos tenazas: una aprobada en el Senado, que contempla penas de prisión, y otra en la Cámara de Diputados, que abre la posibilidad de dejar sin internet a los usuarios.
La primera reforma, a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y al Código Penal Federal, establece penas de hasta cinco años de prisión y multas por el uso no autorizado de la identidad gráfica institucional. Su mala redacción genera preocupación por posibles interpretaciones que afecten la actividad periodística, la sátira, la parodia, el debate y la crítica política.
Imaginemos a un monero que publica en un periódico una caricatura utilizando elementos de la imagen institucional del Poder Ejecutivo Federal para criticar al gobierno. Aunque su intención sea -mediante el humor- denunciar un hecho y no cometer un ilícito, ¿quién garantiza que no enfrentará una denuncia que termine inhibiendo su trabajo?
La segunda tenaza es la reforma a la Ley Federal del Derecho de Autor, aprobada en Diputados, que establece nuevas responsabilidades para los proveedores de internet y contempla multas de hasta 4.7 millones de pesos.
Dicha reforma, exige políticas para terminar el servicio a usuarios infractores. El problema es la falta de garantías suficientemente claras para defenderse antes de sufrir una restricción. El riesgo es que primero corten el internet y después investiguen.
Ante la amenaza de multas millonarias, los proveedores podrían preferir restringir servicios antes que enfrentar sanciones. Es decir, incentivar la censura preventiva.
No olvidemos algo fundamental: el artículo 6.º constitucional reconoce el derecho de acceso a internet. Restringirlo puede afectar también los derechos a la información, la educación y el trabajo.
Proteger los derechos de autor es legítimo, pero no puede justificar restricciones desproporcionadas a otros derechos humanos.
Estas reformas son una preocupación para periodistas, moneros, creadores de contenido y ciudadanos que utilizan las redes sociales para expresar sentimientos de inconformidad.
México necesita libertad para hablar de los señalamientos contra políticos vinculados con la delincuencia organizada y de los casos de corrupción que incomodan al poder.
Inconformarse forma parte de la democracia. La crítica permite detectar errores y corregirlos. Un gobierno democrático debe responder con argumentos, transparencia y resultados, nunca con amenazas de cárcel o restricciones de derechos.
Mi voto, como diputada federal, fue en contra. Porque apagando el internet no se apagarán las críticas al régimen. Bajando contenidos no desaparecerán los problemas. Y silenciando las voces críticas no se borrará la corrupción.
La libertad no es una graciosa concesión de ninguna autoridad. Es un derecho de todos los mexicanos.





















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