SHCP vs The Economist
Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para Reforma
Martes 8 de septiembre de 2026
Sergio Sarmiento
"No vamos a pedir prestado, no habrá déficit".
Andrés Manuel López Obrador, 23.07.2018
Esta vez Hacienda no se quedó callada. El 6 de septiembre respondió a un artículo del semanario británico The Economist: "Es importante precisar datos relevantes y de contexto que permiten una evaluación más completa de las finanzas públicas y la posición actual de mercado de México".
El artículo del 3 de septiembre sostiene que, pese a que el gobierno mexicano mantiene (apenas) grado de inversión para su deuda, está pagando tasas de interés muy elevadas. Los rendimientos en los bonos de 10 años en dólares son de "6.4 por ciento, mayores que para muchos países cuya deuda tiene calificación de 'basura', como Guatemala. México está pagando, además, 9.3 por ciento para créditos de 10 años en pesos, cuando en octubre de 2025 solo cubría 8.5 por ciento".
La respuesta de Hacienda, en inglés, dice que el artículo "omite las métricas que importan más a una evaluación de mercado". México "mantiene grado de inversión", su "prima de riesgo... ha disminuido en lugar de crecer" y "la consolidación fiscal está avanzado a una escala sin paralelo desde hace décadas".
Es muy difícil, por supuesto, darles lecciones de economía a los especialistas de The Economist. Si bien Hacienda subraya que México conserva el grado de inversión, lo cual permite que los bonos mexicanos puedan ser adquiridos por la mayoría de los fondos internacionales, no toca el fondo del asunto: ¿por qué un país como México, con grado de inversión, está pagando 6.4 por ciento por su deuda en dólares, cuando Guatemala, sin grado de inversión, desembolsa menos de 6 por ciento?
No es The Economist la primera publicación internacional que lo hace notar. El 25 de agosto la agencia Bloomberg publicó una nota titulada: "Rescates de Pemex arrastran los bonos de México a 'categoría basura'". Solo en los últimos dos años "la presidenta de izquierda Claudia Sheinbaum ha destinado más de 50 mil millones de dólares a rescates de Pemex. Si se suman los aproximadamente 80 mil millones que su predecesor y mentor, Andrés Manuel López Obrador, entregó a la empresa, la cifra supera los 130 mil millones de dólares. Para un país como México, es una suma enorme".
The Economist no trata mal a la Presidenta: "Sheinbaum conoce todo esto. Ha elaborado planes económicos sensatos que han sido más receptivos a los inversores que López Obrador. Quiere que Pemex sea autosuficiente en 2027. Ha tratado de aumentar los ingresos apretando fiscalmente a las grandes empresas y cobrando impuestos a los productos con azúcar, pero cada vez está dejando salir más su lado izquierdista".
Toda la discusión podría resolverse hoy con el paquete presupuestario que Hacienda debe entregar al Congreso. Hace un año propuso reducir el déficit de presupuesto de 5.7 por ciento del PIB en 2024 a 4.1 por ciento en 2026. Habrá que ver si ahora está logrando la meta y, sobre todo, cuál será la propuesta para 2027.
Al cierre de 2018 la deuda pública era de 10.5 billones de pesos (44.9 por ciento del PIB), pero para 2025 se disparó a 18.9 billones (52.6 por ciento). En 2026 cerrará con 20 billones, pero lo importante es saber si en 2027 el gobierno regresará a la prudencia o seguirá endeudándose.
Hacienda no tiene que convencer a The Economist o a Bloomberg. Es un hecho que la deuda mexicana paga tasas de bonos basura. La solución no es criticar al mensajero, sino tomar medidas para empezar a reducir esa deuda que tanto ha crecido durante la 4T. Solo así bajarán las tasas de interés.
—--------------------------------------------------------------------------------
Las implicaciones de perder el
grado de inversión
Columna de opinión escrita por Valeria Moy para El Universal
Martes 8 de septiembre de 2026
Valeria Moy
Hoy se presenta el paquete económico. Finalmente tendremos información sobre lo que la Secretaría de Hacienda espera de la economía para este año y los venideros. Queda claro que no habrá una reforma fiscal profunda a pesar de las presiones fiscales actuales. Quizás encontremos ajustes en algunas tasas impositivas, algunos cambios en la deducibilidad y tal vez algunos aumentos en el IEPS. Será difícil ver un recorte sustantivo al gasto porque las áreas en las que se podía recortar ya están operando en niveles muy bajos, pero el compromiso del servicio de la deuda y de los programas sociales crecerá en la fracción que representa de todo el gasto.
Pero ante ese escenario y la discusión que se dará sobre los detalles de dicho paquete estará —debería de estar— un debate que amerita una conversación más profunda: el grado de inversión. Hace dos años la pregunta parecía remota. Hoy no lo es. ¿Cuánto le queda a México antes de perder el grado de inversión?
Los números dejan poco margen para el optimismo. Fitch tiene a México en BBB-, el último peldaño antes del grado especulativo; S&P revisó su perspectiva de estable a negativa en mayo; Moody's bajó la nota de Baa2 a Baa3 —también el escalón más bajo— aunque cambió su perspectiva a estable. Las tres coinciden en el diagnóstico: bajo crecimiento, un déficit fiscal de 4.4% del PIB, deuda neta de 54.2% del PIB y, de forma particular, los pasivos contingentes de Pemex que erosionan cualquier intento de ajuste. El mercado ya cotiza a México como si el grado de inversión fuera cosa de otro momento.
Algo deberíamos de aprender de la experiencia latinoamericana. Brasil perdió el grado de inversión en 2015-2016 en medio de Lava Jato y el impeachment de Dilma Rousseff: el real se depreció 47% en 2015, la economía cayó 3.5% y la inflación rozó el 10%. Una década después, pese a reformas relevantes como el techo al gasto, Brasil sigue sin recuperarlo.
Colombia lo perdió en 2021, tras retirar una reforma tributaria en medio de protestas sociales: el peso se devaluó 13.5% ese año y 19.7% el siguiente, y el riesgo país siguió subiendo incluso después del anuncio, hasta un máximo en 2022. Cinco años después, dos de las tres calificadoras la mantienen en grado especulativo.
El caso extremo es Argentina: el colapso de la convertibilidad en 2001 no fue una rebaja gradual sino un desplome de escalón en escalón hasta el default. 24 años y tres crisis de deuda después, sigue sin recuperar el grado de inversión; los optimistas no lo ven antes de 2031.
El patrón que comparten los tres casos es el mismo: la rebaja no es el origen del problema, es su confirmación pública, y una vez que ocurre, la reconstrucción de la confianza se da en años, no en trimestres. Además, muchos fondos institucionales tienen prohibido por mandato sostener deuda fuera de grado de inversión, así que la salida de capital no depende de la opinión de nadie: es mecánica. La pérdida del grado de inversión implica la pérdida de un control relevantísimo para cualquier economía. Si ya no hay nada que perder, el gasto se desborda.
Por eso el Paquete Económico de mañana pesa más de lo habitual. No basta con seguir rescatando a Pemex ni con prometer disciplina sin cifras que la sostengan: el mercado ya está juzgando.
—--------------------------------------------------------------------------------
No son locuras, es agenda de EU
Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para Excélsior
Martes 8 de septiembre de 2026
Jorge Fernández Menéndez
Algo le tiene que haber molestado mucho al presidente Trump porque este fin de semana estuvo desatado en la relación con México: primero quitó la protección al lobo gris mexicano porque dijo que atacaba el ganado de su país. Es una fauna en peligro de extinción que estaba protegida a ambos lados de la frontera.
Más tarde dijo que lo único que aportaba México a la economía estadounidense y al T-MEC son “tamales picantes y jitomates”. El comercio bilateral de bienes y servicios superó el año pasado los 964 mil millones de dólares. Las exportaciones de Estados Unidos a México llegaron entre enero y julio de 2026 a casi 230 mil millones de dólares, un incremento del 16.8% anual. México le vende a Estados Unidos vehículos, autopartes, computadoras, maquinaria, camiones de carga y productos agrícolas como hortalizas y fruta fresca. A Estados Unidos le compramos petróleo refinado, gas, partes de máquinas, componentes electrónicos y maquinaria industrial.
Un día después anunció que le cambiará el nombre al estado de Nuevo México por el del Nueva América, aunque hasta ahora eso quedó sólo en una declaración, pero después de ver lo del lago Ontario o del golfo de México no sería descabellado. Y ayer, en su red Truth Social, publicó un mapa de Estados Unidos que incluye a México, Canadá y Groenlandia como territorio estadounidense.
La pregunta es por qué. Muchos creen que son sólo locuras de Trump y en el papel lo son, pero, en realidad, todo responde a una agenda donde existen diferencias importantes y es su forma de presionar y de poner esa agenda en otro nivel. Por ejemplo, lo de Nuevo México o los tamales y jitomates tiene relación directa con la renegociación del T-MEC. Con Canadá y con Groenlandia están en una situación limítrofe. No creo que Trump o su equipo piensen que México se deba incorporar a la Unión Americana (tampoco Canadá, quién sabe Groenlandia), pero la provocación está planteada por partida doble: en la narrativa y en la negociación del T-MEC.
La más reciente reunión que mantuvo Marcelo Ebrard con autoridades estadounidenses fue el 2 de septiembre, y no hay fecha para la próxima. En EU, mientras tanto, insisten en que esa negociación debe ser un paquete completo donde se contemplen temas económicos y de seguridad, cada uno por una vía diferente, pero influyéndose mutuamente.
Al mismo tiempo, el discurso sobre el injerencismo y la intervención de Estados Unidos tampoco ayuda. El fin de semana se dijo en Nuevo León que no aceptaríamos una invasión de Estados Unidos. No creo que haya alguien que esté pensando sensatamente en ello, ni aquí ni allá. Pero se habla de ello.
Lo que hay es algo muy delicado y que en Palacio Nacional no se aquilata correctamente: mientras Estados Unidos está implementando una estrategia hemisférica exitosa, donde ha logrado que muchos de los países de la región se alineen en lo que son sus objetivos centrales: sacar a China, Rusia y sus aliados de áreas estratégicas de la región y acabar con los cárteles de la droga, en México se protege, se impulsa, se financia a los peores exponentes de esas corrientes, todos, además, cartuchos políticamente quemados y con acusaciones penales en su contra.
Por aquí andan Gustavo Petro, al que le van a publicar libros, financiar conferencias y pláticas y al que Avianca le tuvo que cancelar su boletos para regresar a Colombia porque está boletinado por la OFAC; el ecuatoriano Rafael Correa, prófugo de su país, acusado de delitos patrimoniales muy graves y de haber abierto Ecuador a las FARC, al ELN y, de la mano con ellos, a cárteles colombianos, al CJNG y al de Sinaloa. Por proteger a su vicepresidente estamos sin relaciones con Ecuador. Protegemos a funcionarios bolivianos del gobierno de Evo Morales, un prófugo de la justicia acusado de violación de menores, secuestro de jovencitas menores de edad y trata de personas; a la vicepresidenta de Perú con Pedro Castillo, preso por intentar un golpe de estado, y a los líderes de Podemos, defenestrados del gobierno español e incluso ya sin peso electoral alguno: aquí están Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, a los de la empresa Neurona, y aquí funcionan también financiados con recursos públicos sus canales de televisión, trabajando con la radio y televisión pública del gobienro.
A los de Iglesias los sacaron de Venezuela y aquí recalaron y ahora sigue el mismo camino y convierte México en su centro de operaciones, Rusia Today, el principal instrumento de penetración mediática del gobierno de Putin. La publicidad de RT la podemos ver en toda la Ciudad de México. Si alguien cree que todo esto no genera reacciones se está equivocando por completo.
Al mismo tiempo, existe un respaldo explícito a las medidas de seguridad, que se refleja en declaraciones, operativos, resultados concretos. No es un doble discurso, es una doble vía para avanzar en donde haya acuerdos y presionar donde el gobierno está tomando una vía de confrontación con la Unión Americana. No es tan difícil verlo, porque México, desde el propio poder, hace lo mismo, pero nosotros con una situación de debilidad frente a Washington que no puede ocultarse. No se puede avanzar si mientras hacemos acuerdos con los enemigos de la Casa Blanca nos negamos a detener con fines de extradición a personajes como Rocha e Inzunza y éstos, como el senador, se regodean con su apoyo en el Senado. Si hay acusaciones evidentes de corrupción de personajes involucrados en negocios muy oscuros y, pese a las denuncias, no pasa nada. Hay una colaboración inédita en seguridad, pero esas otras decisiones son políticas, no operativas.
























Comentarios