Bombardean catedrales y cosecharán tempestades
- Noticias Cabo Mil

- hace 12 horas
- 8 min de lectura
Columna de opinión escrita por Jean Meyer para el diario El Universal
Lunes 6 de julio de 2026
Jean Meyer
En la noche del 14 al 15 de junio, Ucrania sufrió otra vez un ataque masivo de más de 600 drones y 70 misiles rusos. La mayoría de los ataques ocurren de noche, pero el empleo de los misiles balísticos va creciendo porque la defensa ucraniana, muy eficiente para los drones, no lo es contra los misiles por falta de misiles Patriot que los EU han dejado de venderle. En esa noche, la defensa interceptó sólo 15 de los 34 misiles que cayeron sobre la capital. Dos drones golpearon la catedral de la Dormición de la Virgen (la Asunción, dicen los católicos) en el santuario de las Cuevas de Kyiv, la Lavra, sitio sagrado que tiene más de mil años. Una fachada quedó destruida y la cubierta parcialmente destrozada en sus cúpulas doradas.
Es la segunda vez que, en 2026, la Lavra ha sido tocada, pero la última ha sido mucho más grave para un sitio catalogado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. En su voluntad de negar la existencia de Ucrania, desde el primer día, las fuerzas rusas han sistemáticamente atacado muchos sitios culturales, además de saquear el patrimonio de los territorios ocupados. Los museos de Kyiv y Kharkiv, la Ópera de Kyiv, el museo de la catástrofe nuclear de Chernobyl han sido bombardeados y, en la misma noche del 14-15, los estudios de cine Dovzhenko, cuyo museo ardió con una colección única de 100 mil trajes históricos.
Bien dijo en la mañana siguiente el estudiante de teología de la Lavra: “Cuando Notre Dame ardió en Francia, el mundo entero lloró, el mundo entero vio sin fin los videos del desastre y todos lamentaron la tragedia. Pero NotreDame se incendió accidentalmente. Aquí, la situación es diferente. La Lavra no se quemó sola, fue incendiada. Fue dañada por Rusia”. La UNESCO condenó el bombardeo y prometió ayudar a la reconstrucción que tomaría dos años, en tiempos de paz.
Comparar las dos catedrales es más que justificado. Fundada en 1051, la catedral de la Dormición, monumento símbolo de Kyiv, ha sido a lo largo de los siglos y es el sitio espiritual y cultural más importante de Ucrania y uno de los santuarios más venerados del mundo ortodoxo. Por eso, el presidente Volodymyr Zelensky pudo decir que lo que hizo el agresor es “uno de los más grandes crímenes cometidos por Rusia contra la cultura cristiana”. Pocos días más tarde, cuando los drones ucranianos incendiaban la refinería en Moscú, añadió: “Si nuestra Ucrania arde, vuestro Moscú arderá”.
Bien me dijo un viejo cristero, en 1967: “Quién escupe al cielo, le cae en la cara”. En 1847, cuando los “gringos” tomaron por asalto la Ciudad de México, no bombardearon nuestra catedral y tampoco la basílica de la Virgen de Guadalupe, a pesar del odio que profesaban sus generales Scott y Taylor por lo que llamaban el “papismo”. Recuerdo lo que me contaba mi abuelo alsaciano cuando yo, de chico, pasaba las vacaciones de verano con ellos en Estrasburgo: en 1870, los prusianos sitiaron la ciudad y, como no se rendía, la bombardearon masivamente, dañando gravemente su hermosa catedral. No se les perdonó, no se olvidó. Al inicio de la primera guerra mundial, los alemanes tomaron pronto la ciudad de Reims, para perderla poco después. Empezaron a cañonearla y dañaron muy seriamente su famosa catedral, con el pretexto que servía de observatorio para los artilleros enemigos. Los franceses emplearon las fotos, grabados y pinturas del desastre para una campaña de propaganda internacional contra la “barbarie alemana”, los “vándalos de los tiempos modernos”, “los nuevos hunos”. En 1962, De Gaulle y Konrad Adenauer asistieron, en la catedral de Reims, a un Te Deum para iniciar, simbólicamente, la reconciliación franco-alemana y la construcción de Europa. Habían pasado 48 años. ¿Podemos soñar con un Te Deum ruso-ucraniano en la catedral de la Lavra antes de 2074?
—--------------------------------------------------------------------------------
Seguridad: el otro tratado
Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para el periódico Excélsior
Lunes 6 de julio de 2026
Jorge Fernández Menéndez
Ante la expectativa de lo que sucedería en el México-Inglaterra, precisamente por eso, porque pocas cosas angustian más que estar a la espera de que comience un juego trascendental de futbol, nos pusimos a rememorar sobre dos acontecimientos que en los últimos días han estado en el debate, pero con mucha menor presencia de la que deberían.
Una es la negativa estadounidense para prorrogar el T-MEC. No se entiende o no se quiere entender que lo ocurrido puede ser el prólogo de una catástrofe económica para el país, quizás porque quienes hoy nos gobiernan, hace 30 años, cuando se negoció y aprobó el TLC, decían que el tratado destruiría el país, acabaría con nuestra soberanía y terminaríamos siendo algo así como una colonia estadounidense (no estoy exagerando: eso decían). Hoy aceptan su importancia, pero no terminan de comprender qué implica, qué trascendencia tiene el T-MEC.
Han pasado los años y el TLC, y luego el renovado T-MEC, ha demostrado ser lo mejor que le ha pasado a la economía nacional (y a la de esta región del mundo) en su historia contemporánea. Es la piedra angular sobre la que se asienta la economía del país y parte de las cadenas productivas de América del Norte. Pensar, decir, que la no prórroga no nos afecta, que es lo mejor entre lo peor que nos podría haber pasado, es una tontería. Y lo es porque estamos en esta situación no por las veleidades del trumpismo, sino porque durante el gobierno de López Obrador y en los inicios del de Claudia Sheinbaum con las reformas constitucionales aprobadas, se violó una y otra vez el tratado: hay hoy 16 controversias en tribunales internacionales contra México por violaciones al T-MEC que van del ámbito energético a las telecomunicaciones y de temas agrícolas a judiciales.
Hemos violado el tratado con la reforma judicial, con la desaparición de los organismos autónomos, con la energía, haciendo trampa con el acero y el aluminio, y con las reglas de origen, introduciendo productos chinos como si fueran mexicanos. Si hemos retrocedido en el T-MEC y si estamos ante el riesgo de que algún día Trump o alguno de sus sucesores decida retirarse del tratado ha sido por la acción negligente del gobierno federal. Recuperar la plenitud del tratado no sería muy difícil si el gobierno federal aceptara regresar a las normas que el Estado mexicano se comprometió a cumplir.
Pero quienes no están preocupados por lo que sucederá con el T-MEC también ignoran conscientemente que existe una dimensión política, de seguridad y seguridad hemisférica que no se puede ignorar y que va unida a éste.
Estados Unidos quiere negociar el T-MEC incluyendo temas de seguridad y de integración hemisférica. Como dijo el propio negociador estadunidense Jamieson Greer, de lo que estamos hablando es de “una integración de cadenas productivas binacionales en un contexto hemisférico”. Busca consolidar a Norteamérica como “una fortaleza económica fuertemente protegida” frente a competidores externos, principalmente China. Esta visión está condicionada a una estricta alineación geopolítica. Y lo quiere hacer a través de mecanismos vinculantes específicos enfocados en la seguridad nacional.
Todo esto tiene un complemento. La necesidad, que es la aspiración estadunidense y de muchos en México, de un tratado de lucha contra el crimen que vaya mucho más allá de los convenios de colaboración, que terminan siendo como llamados a misa, cada uno decide si asiste a ellas o no. Un tratado que establezca, como ha ocurrido en la economía y el comercio con el T-MEC, desde normas y obligaciones hasta instituciones comunes. Un tratado de estas características implicaría, entre otras cosas, crear un marco jurídico permanente y vinculante, común, enfocado exclusivamente en la seguridad.
Y estaría construido sobre tres bases: establecer responsabilidades claras, fijando metas numéricas e institucionales obligatorias tanto para México como para EU; una alineación jurídica en casos de corrupción mediante la cual se regule la actuación y los procesos judiciales ante acusaciones de funcionarios públicos vinculados a cárteles, evitando crisis diplomáticas, como la que estamos viviendo ante la negativa del gobierno mexicano de detener a los funcionarios acusados en Sinaloa; un ataque integral a las redes trasnacionales del crimen que impliquen la coordinación de operaciones conjuntas en tiempo real para desmantelar de manera simultánea el tráfico de fentanilo hacia el norte y el flujo ilegal de armas hacia el sur.
Un tratado de estas características no sólo sería clave para avanzar en la seguridad, sino también en la certidumbre económica, quitando de la mesa del T-MEC el componente de seguridad, y permitiría también tener certidumbre política, metas claras y una operación eficiente en seguridad, incluso obteniendo financiamiento para muchas tareas claves de la seguridad pública, interior y nacional.
Se dirá, como se decía en 1994 cuando se firmó el TLC, que un tratado así violará la soberanía y que terminaremos dependiendo de EU. Eso decían, y se mostró falso con el tratado comercial, y eso dicen ahora para no llegar a un acuerdo de seguridad y también es falso. Y son los mismos, con la única diferencia de que ahora están en el gobierno, y lo que están cuidando, además, son sus intereses personales.
Eso es lo que verdaderamente está en la mesa de debates entre México y EU. Que avancemos o no en ello definirá buena parte de nuestro futuro inmediato como país.
—--------------------------------------------------------------------------------
¿Cuántos “enjambres” se necesitan?
Columna de opinión escrita por Carlos Puig para el diario Milenio
Lunes 6 de julio de 2026
Carlos Puig
Roxana Guzmán fue secuestrada el 2 de junio de este año. Tres hombres encapuchados entraron a su casa (está en video) y se la llevaron.
La gobernadora –es un decir— de Veracruz, Rocío Nahle, dijo por aquellos días que el hecho era “lamentable”.
La madre de la secuestrada fue a donde se aparecería la Presidenta a pedir ayuda para encontrarla, varias organizaciones internacionales exigieron que se hiciera algo.
Más de un mes después se encontraron restos que después de ser analizados concluyeron que eran de Roxana que había sido asesinada.
Como suele ocurrir en el país, después del secuestro y asesinato, más de un mes después de la desaparición, ahora sí surge la eficiencia.
Ocho detenidos dizque para mostrar la eficiencia de los trabajos de inteligencia –no se ría-; de la fiscalía estatal.
Ahora, entre los ocho detenidos se acusa de probable responsabilidad a cuatro policías municipales, entre ellos el comandante de la corporación, Ismael N. De acuerdo con las indagatorias de la Fiscalía del estado, los cuatro policías: Julio N, Enrique N, Juan Carlos N e Ismael N se encargaron de llevar diésel y comida a los sicarios mientras mantuvieron en cautiverio a la periodista Guzmán Ramírez.
Pues sí, como sucede en Veracruz hace tiempo, como sucede en muchos municipios del país, la autoridad, la policía está metida con el crimen organizado.
“Fue el Estado”; decían y siguen diciendo muchos, por ejemplo, sobre la tragedia de Iguala y los estudiantes de Ayotzinapa.
Es cierto que en este sexenio hemos visto operativos en el Estado de México, Jalisco o Michoacán para detener autoridades municipales de todos los niveles por su alianza con criminales. Operación Enjambre, le llaman. Se detiene a las supuestas autoridades responsables y se hace, eso sí, buen escándalo mediático que arranca en alguna mañanera.
No queda claro que sucede después.
¿Quién se queda? Porque no es como la operación criminal —afectada temporalmente— se vaya a detener o no se vaya a reinventar.
Como hemos visto, además, con Sinaloa; las detenciones no pasan de niveles municipales, como si las autoridades estatales no supieran nada o no fueran cómplices.
Y sobre todo, para como están las cosas en el país a nivel local. ¿Cuántos operativos más necesitamos, necesitaríamos?





















Comentarios