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Claudia y el arte de la guerra


Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para el periódico Excélsior


Miércoles 4 de febrero de 2026

Jorge Fernández Menéndez

¿Qué tanto poder tiene hoy, a año y medio de haber asumido el gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum ante una presión, de sentido contrario, pero constante, del expresidente Andrés Manuel López Obrador y sus cercanos por una parte, y del gobierno de Donald Trump por la otra?, ¿qué margen tiene ante una economía que no crece, un gasto social que aumenta y terminará asfixiando, sin un crecimiento fuerte y constante de las inversiones, a la propia economía? Con una estrategia de seguridad que ha dado un giro de 180 grados respecto al pasado, pero que pareciera que nunca alcanza, que no termina de cubrir las expectativas tanto de la gente como de la de Estados Unidos, entre otras razones porque no se puede o no se quiere avanzar en la desarticulación de las redes políticas de protección y complicidad con el crimen organizado.


Hay quienes dicen, probablemente con razón, que la salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado, es un golpe en este último sentido que fortalece a la Presidenta y le permite recuperar la interlocución con la Cámara alta, secuestrada en el primer año de gestión por dos impresentables como Adán Augusto y Gerardo Fernández Noroña.


En ese sentido es verdad. Ignacio Mier llega a esa posición con el compromiso directo, personal, con la Presidenta. Adán Augusto siempre supo que estaba allí porque lo había puesto, y era verdad, López Obrador, no consultaba con Claudia, sino con Alejandro Esquer, el exsecretario de Andrés Manuel convertido en senador e interlocutor vía Palenque. Fernández Noroña se creía con la capacidad de desafiar a la mandataria pensando que él también estaba protegido por las decisiones sucesorias de López Obrador. Andy López Beltrán llegó a ignorar a la presidenta Sheinbaum asumiendo que era portador del legado de su padre. Aquellas imágenes de todos esos personajes, y algunos otros, ignorando en el Zócalo, en un evento público, a la Presidenta para tomarse una selfie con Andy fue mucho más que un descuido, fue un gesto político evidente de la distancia y el desafío. Esa trama se ha comenzado a desarticular poco a poco y eso fortalece a la mandataria.


Pero tengo la impresión de que no es suficiente. Se acercan cada vez más fechas, momentos que son claves para tomar decisiones que tienen que ir mucho más allá. Por una parte, comenzó la renegociación del T-MEC y la Casa Blanca no se conformará con reformas económicas y comerciales, incluso dentro de éstas hay muchas que significarán dar marcha atrás a decisiones tomadas el sexenio pasado, estoy pensando en energía, agricultura, comunicaciones, ciberseguridad y muchas otras.


Habrá que asumir definiciones políticas importantes que implicarán el alineamiento global, como del resto de América Latina, con Estados Unidos. Incluso ese proceso se dará más allá de lo político, económico y comercial, en el ámbito militar con la convocatoria realizada para la próxima semana por el Estado Mayor Conjunto del Departamento de Guerra de Estados Unidos para una reunión en Washington con todos los secretarios de Defensa, para crear en los hechos un comando hemisférico donde participen todos los países del continente. No creo que se llegue al extremo de realizar operaciones militares o de seguridad unilaterales en forma abierta en México, pero sí se darán operaciones encubiertas conjuntas e intercambios que irán mucho más allá de los actuales.


La caída de Nicolás Maduro e inevitablemente del chavismo en Venezuela irá de la mano con el cambio de régimen en Cuba y Nicaragua. El gobierno ya tuvo que matizar seriamente sus posiciones en la relación con esos gobiernos y lo tendrá que hacer cada vez más.


Todo eso estará marcado por dos fechas: primero, la elección de medio término de Trump en noviembre y, simultáneamente, la elección de las candidaturas para los comicios de junio de 2027 en México. La presidenta Sheinbaum si quiere avanzar en toda esa agenda, tendrá que tener control sobre el Legislativo y el partido, incluyendo sus aliados, un control pleno que aún no tiene; tendrá que fortalecer su equipo cercano que aún se percibe débil y poco operativo, además de que en su entorno hay varios que no responden a ella, sino a Palenque.


Y previo a eso tendrá que avanzar en desmontar esas redes de protección como se le reclama dentro y fuera del país.


El gobierno y el régimen morenista no es monocromático, no puede serlo como tampoco puede depender de quienes ya dejaron el poder. Quizás en lo inmediato no se pueda romper con ellos, pero si no se toman medidas será la realidad la que las impondrá, porque las divisiones ya están ahí: lo sucedido con la consulta en Oaxaca, con la reforma electoral estancada, con la rebelión de los diputados locales de Morena en Campeche contra Layda Sansores, son señales que no se deben ignorar. Decía Sun Tzu en El Arte de la Guerra que a un ejército enemigo, cuando se lo va a derrotar, siempre se le debe dejar una pequeña salida para evitar que luche hasta el final. Es verdad, pero primero hay que asegurarse la victoria.




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Victoria legendaria


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma


Miércoles 4 de febrero de 2026


Sergio Sarmiento

"Estados Unidos conquistará

a México, pero será como un hombre

que traga arsénico que lo derrota

a su vez. México nos envenenará".


Ralph Waldo Emerson, 1846

 

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recordó una fecha que la mayoría de los mexicanos nunca conocimos o que habíamos olvidado. Este 2 de febrero por la noche la Casa Blanca dio a conocer un comunicado que conmemoraba "el 178º aniversario del triunfo de nuestra nación en la guerra México-Estados Unidos, una victoria legendaria que aseguró el suroeste estadounidense, reafirmó la soberanía de Estados Unidos y expandió la promesa de la independencia estadounidense a través de nuestro majestuoso continente".


El 2 de febrero de 1848, efectivamente, se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en la vieja basílica de Guadalupe de la entonces Villa de Guadalupe Hidalgo, que cedió a Estados Unidos más de dos millones de kilómetros cuadrados, 55 por ciento del territorio nacional, a cambio de una compensación de 15 millones de dólares pagaderos en parcialidades.


La guerra dividió a los estadounidenses. Un representante republicano en el Congreso llamado Abraham Lincoln la consideró una inconstitucional y "vergonzosa apropiación de tierras" por el presidente demócrata James Polk. El escritor Henry David Thoreau la descalificó en su ensayo Civil Disobedience como "el trabajo de unos cuantos individuos que usaron el gobierno existente como su instrumento... porque el pueblo no habría consentido esta medida"; Thoreau, incluso, dejó de pagar impuestos varios años en protesta por la guerra. El filósofo Ralph Waldo Emerson afirmó que la absorción de la población mexicana "ensuciaría" la pureza de la población estadounidense y la firmeza de sus instituciones.


La incorporación de los nuevos territorios generó un debate nacional sobre si adoptarían la esclavitud como los estados del sur. La discusión desembocaría en la Guerra de Secesión de 1861-1865 en la que murieron más estadounidenses que en todas las demás guerras del país.


La otra parte de la invasión de México la signó la debilidad de nuestro país. El gobierno nacional había sido incapaz de poblar y desarrollar los territorios del norte que heredó de la corona española. Mientras México cerraba sus puertas a la inmigración, Estados Unidos la invitaba. En 1840 la población extranjera en México era virtualmente inexistente, menor al 1 por ciento. En 1850, año del primer censo que registró la población extranjera en Estados Unidos, los inmigrantes eran casi el 10 por ciento. Los gobiernos centralistas en México, por otra parte, dejaron en el abandono los territorios del norte. Texas declaró su independencia en 1836. Cuando finalmente vino la invasión estadounidense en 1847, México no tuvo fuerza para repelerla.


La guerra fue injusta y desigual, pero México abonó el terreno para facilitar los sueños de expansionismo de Polk y los impulsores de la teoría del "destino manifiesto", que sostenía que Estados Unidos estaba destinado por la divina providencia a expandirse del Atlántico al Pacífico. México pudo haber resistido a los invasores, pero estaba debilitado por sus divisiones políticas y su pobreza. Mientras que Estados Unidos no hizo más que aumentar su fortaleza económica desde su independencia en 1776, la de México solo se debilitó a partir de 1821.


Hoy, al recordar el Tratado Guadalupe Hidalgo, Trump nos obliga a los mexicanos a una reflexión. La Unión Americana se hizo fuerte porque asumió políticas públicas que generaron inversión y crecimiento, pero los gobiernos mexicanos hicieron exactamente lo contrario. La lección de la historia es que un país debe construir fortaleza interna para evitar que otros países abusen de él.


 

· TRUMP Y PETRO

 

Ahora Trump está domesticando a Petro. Si antes lo describía como un "líder del narcotráfico", ayer dijo que "nos llevamos muy bien" después de recibirlo en la Casa Blanca. Quizá la presidenta Sheinbaum debería visitar personalmente a Trump.



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