El error de fondo detrás de una mala comunicación
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Columna de opinión escrita por Jorge Castañeda para el diario El Universal
Miércoles 1 de abril de 2026
Jorge Castañeda
La explicación simple y simplista cuando un gobierno enfrenta serios desafíos de política pública suele ser la comunicación. Es algo así como el futbol y el cine: todo el mundo se siente experto en materia de comunicación, y se trata de un tema que no requiere mayor sofisticación, pericia o estudio para opinar al respecto. Casi siempre, la explicación es falsa, o en el mejor de los casos, insuficiente. Pero eso sí: es fácil.
Las piernas al sol de Palacio, la colección Gelman, el derrame de petróleo, las pensiones doradas, la doble derrota de los planes B y C, se perciben como errores debidos a una mala comunicación. Cuando además, como sucede con frecuencia, los equipos encargados de la política comunicativa son detestados por una buena parte de la comentocracia, se antoja inevitable echarles la culpa. Así además se evita responsabilizar a los encargados de la sustancia detrás de las supuestas pifias de comunicación, sin hablar de acusar al jefe del Ejecutivo de yerros de fondo.
Casi siempre, sin embargo, detrás de la mala comunicación se esconde un error de fondo. No es sencillo detectarlo: requiere investigación, conocimiento, valentía y perseverancia. Tomemos el ejemplo del derrame de crudo en el Golfo de México. El problema no radica en que el gobierno no haya informado, o incluso en sus mentiras evidentes. Consiste en los orígenes del desastre, en la falta de respuesta expedita de las autoridades, y del empeño casi obsesivo de proteger a Pemex. Lo han comunicado mal, pero eso es lo de menos. Lo demás reside en la incompetencia de las autoridades correspondientes, en la desidia y el cinismo, y en la falta de voluntad de aceptar la clara comisión de un error de alguien. A lo que se debe agregar la mediocridad de la oposición y de la mayoría de los medios de comunicación, incapaces de investigar el escándalo e identificar a los responsables.
Lo mismo sucede con las piernas de sol (que no es un poema de Octavio Paz). No fue un error de comunicación, ni un descuido de los colaboradores de Claudia Sheinbaum, que debieron haberle informado correctamente, para que ella reconociera de entrada que alguien cometió una imprudencia. Impera una falta de profesionalismo, de seriedad y de sentido del Estado en todo el gobierno. En esta ocasión dicha falta se tradujo en una frivolidad irresponsable, aunque inocua. En otras ocasiones, se producen transgresiones más graves, efecto de las mismas causas: la improvisación, la ignorancia, la incapacidad de decidir, y la simple carencia de preparación. Eso lo que debe ser criticado, y no el hecho de que se tardaron en comunicar la verdad.
Gobernar no es sencillo. Todos aquellos que se han atrevido a hacerlo cometen errores. Pero el peor engaño consiste en creer que el problema es la comunicación. Se trata de una salida fácil, no solo para la crítica, sino también para los propios gobernantes. Detrás de cada metida de pata de comunicación, yace un error de sustancia. En este gobierno, abundan. Poco a poco, irán apareciendo. Sería hora de que alejaran a los culpables —son muchos— y los sustituyeran con caras frescas, aunque resulten imberbes.
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Cazando ONG
Columna de opinión escrita por Sergio Aguayo para el diario Reforma
Miércoles 1 de abril de 2026
Sergio Aguayo
En los primeros meses de este año, el Sistema de Administración Tributaria de la Secretaría de Hacienda quitó a centenares de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) la posibilidad de recibir donativos deducibles de impuestos. Las inconformidades se toparon con una frase de la Presidenta: "No es una decisión política, sino técnica". ¿Será?
México tiene 48,035 ONG registradas y 10,600 son donatarias autorizadas. Hay de todo: abnegación y simulación, compromiso y corrupción. Es posible que en algunos casos las decisiones del SAT sean acertadas. Las dudas brotan por la cancelación a cinco ONG dedicadas a una espléndida investigación crítica de políticas públicas. Cuatro están en la CDMX, pero me centraré en el caso de Morelos Rinde Cuentas porque involucra al gobierno federal y otro estatal de Morena.
La Miscelánea Fiscal para 2025 incluía un párrafo bastante claro: para renovar u obtener su calidad de donatarias debían acreditar sus actividades con una carta expedida por una lista de 30 dependencias federales o sus equivalentes en los 32 estados. El requisito aparentemente sencillo provocó un relajo monumental.
Las dependencias habilitadas para dar la carta a las ONG tenían que incluir la facultad en su normatividad interna. Se dice fácil, pero la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) se tardó once meses en estar lista para hacer las cartas.
Morelos Rinde Cuentas obtuvo el registro en marzo de 2017 y lo fue renovando cada año sin ningún problema, pues hace muy buenas investigaciones. Aun así, en diciembre de 2025 recibieron un correo del SAT informando que le habían cancelado el registro. Como a MRC le correspondía la SECIHTI, pidieron una cita para presentar su caso.
El 12 de enero de 2026 los recibió Carlos Felipe Corona Morales, subdirector sectorial de Innovación. Los morelenses le presumieron, confiados, sus investigaciones; pero el funcionario ni siquiera abrió las publicaciones y carpetas; les informó que no podía revertir la decisión porque MRC no tenía proyectos con SECIHTI (no he logrado encontrar esa exigencia en la normatividad). MRC le aclaró que no los tenían porque jamás han solicitado dinero público; todo su presupuesto proviene de donativos de particulares. Nada que hacer, el subdirector les recomendó dirigirse a las autoridades estatales.
El Consejo de Ciencia y Tecnología de Morelos es presidido por Jaime Eugenio Arau Roffiel, con un doctorado por la prestigiada Universidad Politécnica de Madrid. Le enviaron un whatsapp pidiéndole una reunión; como nunca respondió lo harán de manera formal. Tener el apoyo del gobierno del estado podría ser difícil debido a la incomodidad que causa en la administración de Margarita González Saravia la vigilancia y observaciones que regularmente hace Morelos Rinde Cuentas.
Cuando terminé la investigación sobre MRC pregunté a las cuatro ONG de la CDMX cuál había sido su experiencia. Por ser Semana Santa me respondieron tres. El Instituto Mexicano para la Competitividad obtuvo la carta de la SECIHTI, pero el SAT consideró que la persona que había firmado no estaba facultada para hacerlo. El gobierno de Chihuahua le dio la carta a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, pero aun así el SAT procedió a quitarles el registro. México Evalúa recuperó el estatus de donataria. Está pendiente de saber Mexicanos Primero, pero con lo revisado basta para documentar un merequetengue que facilita la discrecionalidad y la parcialidad.
La desconfianza nace de la esperanza. Andrés Manuel López Obrador odiaba a las ONG y dedicó la Circular Número 1 (14 de febrero de 2019) a prohibir la entrega de aportaciones federales bajo el argumento de que había que terminar con los "intermediarios". Los subsidios federales cayeron de 7,571 millones de pesos (mdp) en 2018, a 441 mdp en 2023. La ofensiva fracasó porque lo que AMLO quitó, la sociedad lo compensó; los donativos privados pasaron de 45,280 mdp en 2018 a 56,172 mdp en 2023 (cifras del Centro Mexicano para la Filantropía, Cemefi).
Las modificaciones hechas por el actual gobierno han facilitado el desorden, la discrecionalidad y la cacería selectiva de las ONG más críticas y sólidas. Afortunadamente, las cinco están decididas a defenderse. Apoyémoslas con donativos. Se lo merecen.





















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