México debe impulsar su sector privado
- Noticias Cabo Mil

- 31 mar
- 7 Min. de lectura
Columna de opinión escrita por el equipo editorial de The Economist
Martes 31 de marzo de 2026
Equipo editorial de The Economist
México debería estar prosperando. Se beneficia de la tensión entre Estados Unidos y China: la relocalización de las cadenas de suministro de las que dependen las empresas estadounidenses implica la construcción de más fábricas en toda Norteamérica. México se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos. Se ha visto parcialmente protegido de los aranceles del presidente Donald Trump gracias a la zona de libre comercio que ambos países comparten con Canadá. El comercio de productos de alta tecnología está en auge. La inversión extranjera directa creció el año pasado, incluso mientras disminuía en otros mercados emergentes.
Sin embargo, la economía avanza con dificultad, no con fuerza. Tras un crecimiento anual promedio de apenas el 2% durante las últimas dos décadas, el PIB se expandió un escaso 0,8% en 2025, la tasa más baja en años (sin contar la pandemia de COVID-19). El ingreso per cápita ha retrocedido al nivel de 2017. La inversión nacional se está contrayendo.
Culpar a Trump no servirá de nada. Los nuevos aranceles que ha aplicado son, sin duda, contraproducentes. Sus constantes críticas al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que negoció durante su primer mandato y que ahora se encuentra bajo revisión formal, resultan inquietantes. Pero el presidente estadounidense no es el principal problema. De hecho, las exportaciones crecieron un 7.6% el año pasado, lo que generó el primer superávit comercial de México desde 2020. Los peores problemas del país son internos y autoinfligidos.
Desde que asumió el poder en 2018, Morena, el partido gobernante, ha impulsado reformas constitucionales que socavan activamente la economía. Ahora los jueces deben ser elegidos, lo que aumenta la inseguridad jurídica. Los organismos reguladores independientes han sido subvertidos o abolidos por completo. El Estado ha consolidado su control sobre el sistema energético, impidiendo el acceso al capital privado, tan necesario para el país, incluso mientras la deuda pública se dispara. En lugar de emprender reformas tributarias, el gobierno ha estado extorsionando a grandes empresas para obtener más liquidez. Todo esto se suma a los problemas crónicos de delincuencia e inseguridad causados por los cárteles de la droga.
Esto no es una crisis. México cuenta con una política monetaria sólida, con un tipo de cambio flotante y un banco central independiente y respetado. Sin embargo, la economía corre el riesgo de sucumbir a una condición más crónica: el bajo crecimiento. Cabe reconocer que la presidenta Claudia Sheinbaum, quien asumió el cargo en 2024, comprende esta situación. El Plan México, su estrategia a seis años, identifica la baja inversión como el peor problema para la economía. Contiene algunas ideas útiles, como incentivos fiscales para la investigación, la capacitación y la inversión. Pero para revitalizar verdaderamente una economía anémica, necesita enfocar sus esfuerzos en los problemas subyacentes que frenan el desarrollo del país.
El más importante es el tamaño de la economía informal. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos trabajan en ella, una proporción que no ha variado en décadas. Los empleadores informales tienden a no invertir en sus negocios, lo que los deja obsoletos y poco eficientes. Para que la inversión crezca a largo plazo, es necesario que más trabajadores se incorporen al sector formal. Para incentivar esto, Sheinbaum debería eliminar el sistema de seguridad social dual, que se basa en impuestos sobre la nómina y desalienta el empleo formal. Debería sustituirlo por un sistema universal financiado con impuestos al consumo. Junto con una regulación menos onerosa y un código tributario más sencillo, esto permitiría la expansión del sector formal de inversión y el crecimiento económico.
Un sistema eléctrico deficiente también frena el crecimiento. Los cambios constitucionales introducidos por Morena han afianzado el control estatal, pero el Estado carece de recursos para invertir. Ahora el partido está dando marcha atrás. Un nuevo modelo que permite a las empresas privadas adquirir participaciones minoritarias en proyectos energéticos estatales es un buen comienzo. Pero Sheinbaum debería ir mucho más allá. El gobierno debería desmarcarse de la línea del partido y permitir que inversionistas privados respalden sus propios proyectos energéticos.
Morena —bajo su fundador, Andrés Manuel López Obrador, y ahora bajo su protegida, Claudia Sheinbaum— ha demostrado su disposición a reescribir la Constitución mexicana para alcanzar sus objetivos. Al hacerlo, ha obtenido un amplio apoyo popular, convirtiéndose quizás en el partido de izquierda más poderoso del mundo democrático. La presidenta. Sheinbaum aún tiene tiempo para usar este poder y ayudar a su pueblo a prosperar. Si no lo hace, México está condenado a seguir avanzando a duras penas. El potencial desperdiciado también es una forma de empobrecimiento.
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Aquello de la lealtad y la capacidad
Columna de opinión escrita por Carlos Puig para el diario Milenio
Martes 31 de marzo de 2026
Carlos Puig
Se preguntaba ayer, y con mucha razón, Gerardo Esquivel ¿Quién cuida a la Presidenta?
Gerardo ponía dos asuntos como ejemplo: “el tema de las llamadas pensiones doradas y la manoseada reforma electoral”. Y explicó con claridad como alguien de su equipo o su gabinete no habían hecho su trabajo de la manera que tenían que hacerlo y, por lo tanto, la que gracias a la mañanera quedaba mal era la Presidenta.
En las últimas semanas hemos tenido dos ejemplos más que plantean el mismo dilema.
El de la colección Gelman y su largo próximo viaje a España y el menos importante pero igual de significativo de la persona asoleándose en Palacio Nacional.
¿Cuánto tiempo tardó la Secretaría de Cultura en intentar aclarar con seriedad y documentos lo que sucede y sucederá con la valiosísima colección de arte? ¿Cuántas cartas de expertos y académicos tuvieron que circular? ¿Cuántos artículos en la prensa? Las dudas de si en verdad estaba enterada la autoridad de lo que estaba pasando con la colección solo aumentaron por las “respuestas”, que más bien eran, como en tantas cosas, ataques contra quien preguntaba como la que se volverá clásica: porqué no lo dijeron hace veinte años (nada más le faltó mencionar a Calderón) o… ahí esté y ni siquiera la van a ver. En fin, un desastre.
Peor aun cuando un órgano que depende el gobierno y que, no se rían, dice que existe para señalar las noticias falsas publica su propia falsedad con tal de atacar para dizque desmentir a quien considera enemigo; para solo tener que ser desmentido…Por la propia presidenta Sheinbaum días después.
Durante el sexenio pasado, López Obrador dejó claro que para él era más importante la lealtad —90 por ciento— que la capacidad —10 por ciento—. Los resultados de esa política de recursos humanos, por llamarla de alguna manera, ya la tenemos clara.
El problema en este sexenio es que aquellos conceptos están revueltos, o hay muchos confundidos. Cada vez nos queda más claro que muchos entienden, como entendían, lo de lealtad dirigida al fundador y gran líder y eso no se traspasa tan fácilmente. Luego está lo de la relación entre capacidad y lealtad, porque al final de cuentas pocas cosas hay más leales que no hacer pasar malos momentos a quien, se supone, eres leal. Es decir, hacer las cosas bien, quitarle problemas, ofrecer soluciones; es decir, ser capaces.
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Anatomía de una derrota
Columna de opinión escrita por Carlos Bravo Regidor para el diario El Heraldo de México
Martes 31 de marzo de 2026
Carlos Bravo Regidor
“No son negociables los plurinominales decididos por las cúpulas”, dijo la Presidenta al presentar su propuesta de reforma electoral en la mañanera del 26 de febrero. “Si no la aprueban algunos partidos”, señaló, “es porque quieren seguir manteniendo sus privilegios”. Su advertencia sobre trasladarles el costo político fue inequívoca: “La gente se va a dar cuenta”. Un mes después, la mandataria celebró que “se aprobó lo principal”. El coordinador de Morena en la Cámara de Senadores rechazó que el proyecto quedara “descafeinado”. Y Alberto Anaya, veterano dirigente del PT, señaló que quienes esperaban “grietas” en la coalición “se equivocan”. Veamos.
Primero fue el Plan A. El 25 de febrero la presidenta Sheinbaum envió a la Cámara de Diputados una reforma que proponía: (1) eliminar a los 32 senadores plurinominales y cambiar el modo de elegir a los 200 diputados de representación proporcional, suprimiendo las listas cerradas y creando ocho diputaciones para mexicanos en el extranjero; (2) recortar en 25% el presupuesto del INE, los partidos, los OPLES y los tribunales electorales, además de ajustar sueldos y bonos de funcionarios electorales; (3) reducir los tiempos oficiales electorales en radio y TV de 48 a 35 minutos diarios por emisora; (4) eliminar el PREP; (5) bajar el gasto del Congreso federal y los congresos locales; y (6) fijar un máximo de 15 regidurías por Ayuntamiento. El 11 de marzo la Cámara desechó la iniciativa, que obtuvo 259 de los 334 votos necesarios. Los aliados de Morena, PT y PVEM, votaron mayoritariamente en contra.
Después vino el Plan B. El 17 de marzo, Sheinbaum envió al Senado otra iniciativa que proponía: (1) reformar la revocación de mandato, de modo que pudiera celebrarse al mismo tiempo que la elección intermedia y permitiendo que la Presidenta promoviera abiertamente el voto a su favor; (2) modificar la composición de los ayuntamientos a sólo una sindicatura y de siete a 15 regidurías; (3) fijar un techo al presupuesto de los congresos locales, no mayor a 0.7% del PIB estatal; y (4) establecer que la remuneración de funcionarios y magistrados electorales no excediera la de la Presidenta, además de prohibirles prestaciones no previstas en la ley o en contratos colectivos. El 25 de marzo el Senado rechazó la reforma del revocatorio y el piso mínimo de siete regidurías, otra vez con los votos decisivos del PT y el PVEM, pero votó a favor el resto.
Sheinbaum propuso una agresiva agenda de reformas que implicaba cambios estructurales en materia de representación, recursos y revocación; pero lo que se aprobó fueron modificaciones menores de naturaleza básicamente administrativa y municipal.
Seamos honestos: el saldo no es ningún ajedrez de ocho dimensiones, es la exhibición de una flagrante incompetencia política. La Presidenta jugó a perder… Y perdió. Así arranca el proceso hacia la elección intermedia de 2027.





















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