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Vaya manera de arrancar en la SRE


Columna de opinión escrita por Carlos Puig para el diario Milenio


Viernes 3 de abril de 2026


Carlos Puig

Recién nombrado en el puesto, aunque en los hechos hace tiempo que para efectos prácticos él ha sido el canciller en funciones, vaya asunto el que se le apareció al nuevo secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco: bronca con la ONU.


En días en que la discusión pública se ha volcado a discutir la tragedia de los desaparecidos en México después de la presentación de un nuevo inventario de la situación presentado por el gobierno de la presidenta Sheinbaum, el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada “ha decidido solicitar al secretario general que remita a la Asamblea General la situación de las desapariciones en México para que tome medidas destinadas a apoyar al Estado en la prevención, investigación, castigo y erradicación de este crimen”.


“El Comité —dice el comunicado— concluyó que hay “indicios fundados” de que en el país se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas que podrían equivaler a crímenes de lesa humanidad, alegando que se han producido ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil en diferentes partes del país”.


La reacción del gobierno mexicano ha sido inmediata —ya quisiéramos que fuera así en otras cosas—. El gobierno “rechazó” el informe llamándolo “tendencioso” y porque dice que no tomó en cuenta “las observaciones, análisis y actualizaciones presentadas por el Gobierno de México”.


Una parte de la respuesta es, por lo menos, curiosa: “Si bien el informe se refiere principalmente a hechos ocurridos en el periodo 2009-2017 –administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto– y se circunscribe a cuatro estados, la decisión del Comité es parcial y sesgada”.


Mal andamos cuando el gobierno de la 4T tiene que medio defender a Peña y Calderón.


Nadie, ni el gobierno, ni sus adversarios, ni un solo comentócrata ha negado en la reciente discusión pública la tragedia que son las desapariciones en México ni que el problema radica en fiscalías y otras instituciones.


Por eso, creo que importa la última parte del comunicado: “El Comité solicitó a la Asamblea que considere adoptar medidas para proporcionar la cooperación técnica, el apoyo financiero y la asistencia especializada que el país requiere para las operaciones de búsqueda, análisis forense e investigación de las desapariciones y de los vínculos entre funcionarios públicos y el crimen organizado”.


No suena mal. ¿Qué pensará el nuevo canciller?




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Santander, la Coleccion Gelman, y


las contradicciones de la 4T


Columna de opinión escrita por Mario Maldonado para el diario El Universal


Viernes 3 de abril de 2026


Mario Maldonado

La historia de la colección Gelman —uno de los acervos de arte moderno mexicano más importantes del mundo— dejó de ser solo un asunto cultural para convertirse en uno financiero y legal en el que están involucrados tanto el gobierno mexicano, una familia regiomontana y el tercer banco más grande del país: el español Santander, cuya presidenta y heredera, Ana Botín, mantiene buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum.


Todo comienza con Robert Littman, quien tras años de litigio logró hacerse del control de la colección de Jacques y Natasha Gelman. Durante casi dos décadas la mantuvo itinerante bajo la lógica de preservar su integridad y respetar las restricciones legales mexicanas que impedían su salida definitiva. Intentó venderla en México en bloque, con un precio cercano a los 300 millones de dólares, sin éxito.


El punto de quiebre llegó en 2023, cuando Marcelo Zambrano Alanís —sin trayectoria en el mundo del arte ni presencia en patronatos o circuitos museísticos— accedió a una parte sustancial de la colección por una cifra estimada por debajo de los 200 millones de dólares. La operación no se hizo con capital propio. Se estructuró con financiamiento, lo que desde el inicio convirtió a las obras en activos sujetos a la presión de la deuda.


A partir de ese momento, la lógica cambió. Ya no se trataba de preservar una colección, sino de monetizarla. Se asegura que Zambrano intentó colocar piezas en el extranjero, pese a las restricciones legales. Cuando llegó el momento de cubrir intereses, ordenó subastar obras clave en Sotheby’s Nueva York. El resultado fue adverso. Muchos lotes no alcanzaron sus estimaciones y el INBAL, de la Secretaría de Cultura, intervino para impedir la salida de piezas con declaratoria de monumento artístico. En los hechos, la colección comenzó a fragmentarse y se rompió la voluntad original de los Gelman de mantenerla unida.


Uno de los problemas es que el mercado mexicano no tiene la profundidad para absorber obras de ese calibre a precios internacionales, pues mientras en México una pintura de Frida Kahlo puede tener un techo cercano a los 40 millones de dólares, en el extranjero su valor potencial puede multiplicarse varias veces. Esa brecha convirtió a la colección en un activo inviable dentro del país, pero altamente atractivo fuera de él.


Dicha tensión ha sido advertida en el ámbito internacional. En una carta abierta publicada en la plataforma e-flux se alerta sobre el riesgo de que la colección salga de México bajo esquemas opacos y se cuestiona el papel de los intermediarios financieros en su gestión. El documento advierte que una exportación temporal puede convertirse en permanente si no existe una vigilancia efectiva del Estado.


Asimismo, un artículo publicado en Brooklyn Rail subraya cómo el núcleo de la colección —especialmente la obra de Frida Kahlo— ha adquirido una dimensión global que rebasa los marcos institucionales mexicanos y la coloca en el centro de un mercado internacional dispuesto a pagar múltiplos muy superiores a los del mercado local. Ese diferencial es el que explica el interés financiero detrás del acervo.


Con la presión de la deuda encima, Zambrano regresó al mercado mexicano. Hubo interesados en adquirir las obras y mantenerlas en el país. El INBAL tenía derecho de preferencia. No hubo recursos ni voluntad. Incluso dentro del propio aparato cultural se reconoce que la colección no era prioritaria.


Cuando todo apuntaba a que al menos una parte —las 10 obras de Frida Kahlo— quedaría en una colección institucional mexicana, la operación se canceló. El crédito fue cubierto y semanas después apareció un nuevo actor: Santander.


El banco español anunció la gestión de la colección bajo el nombre “Gelman-Santander”. Oficialmente niega haberla adquirido y sostiene que únicamente administra, conserva y exhibe temporalmente las obras, en coordinación con el INBAL y bajo la legislación vigente. En el papel, el esquema cumple con la ley.


Pero en los hechos, abre un precedente delicado. La figura de “gestión” permite itinerar la colección globalmente, incrementar su valor y mantenerla fuera de México por periodos prolongados bajo autorizaciones temporales.


Las obras fueron utilizadas como colateral para refinanciar la deuda original. Eso implica que, en caso de incumplimiento, el acreedor puede ejecutar la garantía. Santander no necesita comprar la colección, se puede hacer de esta si el propietario incumple financieramente.


¿Por qué el Estado mexicano permitió un esquema de este tipo?, pues mientras se protege con rigor la salida de ciertas obras específicas, se autoriza un modelo que puede derivar en la dispersión internacional de una de las colecciones más importantes del país.


El contraste con otros casos recientes también es contradictorio. En la venta de Banamex se estableció como regla que el patrimonio cultural permaneciera en México. En este caso, tratándose de un banco extranjero, no hubo una exigencia equivalente.


La colección Gelman no ha salido de México de forma definitiva, pero tampoco está asegurada. Está sujeta a deuda, a valorización internacional y a decisiones administrativas que pueden extender indefinidamente su circulación fuera del país.




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