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El tribunal no dijo ni pío


Columna de opinión escrita por Joaquín López Dóriga para el diario Milenio


Viernes 20 de marzo de 2026


Joaquín López Dóriga

El 20 de agosto de 2020, Carlos Loret dio a conocer un video en el que Pío López Obrador, hermano del entonces presidente, recibía paquetes de dinero en efectivo de David León en 2015.


Aquello fue un escándalo porque los que eran diferentes, versión fraterna de Andrés Manuel, cayeron en lo mismo.


Su karma más repetido fue el de no mentir, no robar, no traicionar cuando Pío, su hermano, rompió los tres al embolsarse todo aquel efectivo.


Al día siguiente, 21 de agosto, López Obrador quiso sacársela así: No es lo mismo… Esos recursos eran para fortalecer un movimiento, —Morena su partido— no para un beneficio personal.


Es decir, López Obrador no negó el hecho, que su hermano Pío hubiera sido grabado recibiendo cientos de miles de pesos y trató de transformarlo de delito electoral a aportación política legítima.


El INE concluyó en 2021 que no podía sancionarlo porque el caso ya había prescrito.


La Fiscalía General de la República decidió, en octubre de 2022, no ejercer acción penal por falta de elementos suficientes.


Así, la entrega de dinero al hermano favorito quedó sin sanción electoral por prescripción y sin proceso penal, porque se archivó el caso, quedando en el terreno de los medios.


El 22 de octubre de 2020, Pío impugnó el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, no para hablar de los sobres, sino para objetar al INE.


Y así, este martes por la noche, ese tribunal cerró definitivamente el caso al decidir que no había pruebas suficientes, los videos no tenían valor probatorio, lo declaró total y definitivamente concluido y mandó al archivo, seis años después.


Pero lo que no han podido mandar al archivo de la memoria de los mexicanos es que Pío López Obrador se guardó aquellas bolsas de dinero que su hermano, el Presidente de la República, dijo que eran para Morena, y un tribunal constitucional a la medida, lo absolvió de lo que, en los hechos, era inabsolvible.




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Dos Bocas, un catálogo de lo que


no se debe hacer


Columna de opinión escrita por ​Diego Petersen Farah para Sin Embargo


Viernes 20 de marzo de 2026


Diego Petersen Farah

La administración pública no es la misma hoy que hace un siglo. Fuimos aprendiendo a gestionar mejor, y la corrupción, por supuesto, se ha ido sofisticando. Las normas, todas, aun las más absurdas, respondieron a la necesidad de evitar un abuso o se hicieron para proteger a la población de decisiones arbitrarias del gobierno y el poderoso en turno.


La refinería de Dos Bocas es un catálogo de cómo no se debe hacer una obra pública. Con la excusa, siempre cierta, de que la corrupción reinaba en nuestro país, el soberano en turno decidió brincarse todas las normas. 


No hubo un estudio de pertinencia. A pesar de que los expertos no recomendaban hacer una refinería en la cuenca del Golfo, pues había demasiadas, el Presidente López Obrador nos dijo que él sabía más que el resto y que la soberanía energética estaba por encima de cualquier consideración económica. Los expertos insistieron en que la obra costaría el doble de lo que él había calculado. O el Presidente no sabía que no sabía, o nos engañó con esa facilidad para mentir que tienen los políticos. La refinería efectivamente costó el doble de lo calculado, duró el doble de tiempo de lo estimado en construcción y sigue sin funcionar a la capacidad prometida.


Para acelerar los procesos, cosa que encima ni siquiera sucedió, decidieron exculpar a esta obra de “seguridad nacional” de todos los estudios de impacto y seguridad. A pesar de la advertencia de los ecologistas de los riesgos de que se construyera una refinería sobre un estero, que son los vasos reguladores más importante en la costa y particularmente en esa zona de Tabasco, el Presidente los ignoró, los maltrató y los trató como opositores. Por supuesto nunca hubo un proyecto ejecutivo, algo que los políticos de hoy consideran un gasto y retraso innecesarios. La obra se fue haciendo sobre la marcha, al leal saber y entender de los cuates que supuestamente sabían. Hoy resulta que la refinería tiene serios problemas de drenaje.


Una de esas típicas lluvias “atípicas, hoy tan de moda en el lenguaje político, causó un incendio y provocó la muerte de cinco personas. Fallas en el drenaje arrastraron aceites a la zona del estero y se incendió. ¿Quién se hace responsable de esas muertes? Podemos apostar doble contra sencillo que la Fiscalía General de la República concluirá que el responsable es Tlaloc, porque aquí sí está complicado involucrar a García Luna.


Dos Bocas es un catálogo de lo que no hay que hacer. Uno de los virajes que está haciendo el gobierno de Claudia Sheinbaum es tratar de regresar a la profesionalización de la administración pública, pero será muy difícil mientras la prioridad siga siendo no sólo cubrir, sino hacerse cargo de los errores del gobierno de su antecesor.




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Pasarela en Washington



Columna de opinión escrita por ​Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior


Viernes 20 de marzo de 2026


Pascal Beltrán del Río

“En política, nada ocurre por accidente. Si ocurre, puedes apostar a que fue planeado de esa manera”.  


Dicha frase se atribuye al presidente estadunidense Franklin Delano Roosevelt. Y aunque no existe la certeza de que él la haya pronunciado, se ha convertido en una máxima de la política que pocos se atreven a cuestionar. 


Ignoro cómo ocurrió que los secretarios Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch se encontraran los mismos días en Washington —ciudad donde, por cierto, Roosevelt vivió los últimos doce años de su vida—, pero eso fue lo que pasó esta semana. Puede ser que haya sido casualidad, pero parece otra cosa. Y en política, dice otra máxima, lo que parece, es. 


¿A qué fueron? Ebrard, a encabezar la primera reunión bilateral para la revisión del T-MEC. García Harfuch, a reunirse con sus pares de la DEA y el FBI. Ambos informaron de sus respectivas actividades mediante sus cuentas en redes sociales. 


Si quienes se hubieran encontrado simultáneamente en la capital de Estados Unidos hubiesen sido los secretarios de Agricultura y Energía, o de Salud y Turismo, no tendría por qué llamar la atención. Pero aquí estamos hablando de dos corcholatas de la sucesión presidencial de 2030. Las únicas dos que hay por el momento, por más que algunos en el bando radical de Morena anden promoviendo que los medios incorporen en la lista a Luisa María Alcalde, lo cual no es sino un chascarrillo.


Ebrard y García Harfuch son los miembros del gabinete que tienen una relación más fluida con funcionarios del gobierno de Donald Trump. Son los más conocidos en Washington y quienes viajan con mayor frecuencia a esa ciudad. Y puede decirse que uno y otro son vistos con buenos ojos por allá. Ambos han fincado su actuación en México en mantener una buena relación con sus contrapartes en EU. Ésa no ha sido una tarea fácil, pues les ha tocado lidiar con situaciones muy espinosas. Ebrard, con las amenazas de Trump de subir los aranceles, cosa que en algunos casos ha sucedido. García Harfuch, con las insinuaciones de Trump de emprender acciones bélicas contra los cárteles en territorio mexicano. Ambos han salido muy bien librados.


Claro, puede ser un fortuito que Ebrard y García Harfuch tuvieran reuniones el mismo día en Washington. De repente, esas cosas pasan. ¿Pero si —como dicen que decía Roosevelt— aquello fue planeado? ¿Quién organizó las agendas para que sucediera justo de esa manera? ¿Alguien que no quiere que parezca que Estados Unidos tiene alguna preferencia? ¿Alguien que no quiere que alguno de los dos tome ventaja en la carrera?


En todo caso, la simultaneidad de las estancias de Ebrard y García Harfuch en la capital del poderoso vecino no pasa de largo para el ojo de un observador de la política medianamente avezado. 


BUSCAPIÉS


* Hablando de cosas que pueden o no ser casualidad, la detención en la zona de Polanco del jefe del grupo criminal ecuatoriano Los Lobos —Ángel Esteban Aguilar Morales, alias Lobo Menor— ocurrió casi al mismo tiempo que el diario estadunidense The Wall Street Journal informaba que el Cártel Jalisco Nueva Generación había designado a Juan Carlos Valencia González, hijastro del asesinado Nemesio Oseguera Cervantes, como nuevo líder de la organización. ¿Qué hacía Aguilar Morales en México, justo en ese momento? Quizá huyendo de la persecución en Sudamérica por el asesinato del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio. O pudiera ser algo más.


* Acabar con los “privilegios” en la política es el propósito explícito del denominado Plan B. ¿Pero qué mayor privilegio puede haber que levantar, para beneficio exclusivo del Ejecutivo, la prohibición constitucional que tienen todos los servidores públicos de intervenir en asuntos para los que la ciudadanía es convocada a las urnas? Poder hablar de la consulta de revocación de mandato todos los días desde la conferencia mañanera —es decir, usando para ello un micrófono que se paga con recursos públicos—, vaya que ése es un verdadero privilegio. Especialmente si quien propone el cambio es quien primero podría beneficiarse de él.





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