Solidaridad con la dictadura
- Noticias Cabo Mil

- 17 mar
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Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para el periódico Excélsior
Martes 17 de marzo de 2026
Jorge Fernández Menéndez
El presidente López Obrador sigue pensando que éste es el mundo de los años 60 y 70, de los años de la Guerra Fría, lo cree, así gobernó y así sigue actuando. Es un fanático de la Revolución Cubana, así se cuenta en el libro Ni venganza ni perdón (Planeta, 2026) que hicimos con Julio Scherer Ibarra. Es Cuba uno de los pocos lugares del mundo a donde ha ido en varias ocasiones y durante toda su carrera mantuvo una relación cercanísima con el régimen.
De otra forma no se podría comprender que se le haya otorgado la Orden del Águila Azteca en grado de Collar (el más alto existente de esa condecoración) al presidente cubano Miguel Díaz-Canel (en su tercera visita de Estado en cuatro años a México), que se le haya permitido a Díaz-Canel en 2021 ser el principal orador en el Día de la Independencia; comprender el anuncio de la creación de un frente internacional de apoyo a Cuba que hizo desde la Presidencia en 2023, o ahora la creación de una fundación (violando por supuesto las normas legales) para enviar dinero a la dictadura cubana.
“Le ofrezco al presidente Díaz-Canel, dijo el expresidente López Obrador en 2023, que México va a encabezar un movimiento más activo para que nos unamos todos los países y se defienda la independencia, la soberanía de Cuba. Nada de darle trato de país terrorista o ponerlos en la lista negra de supuestos terroristas: es un pueblo y un gobierno profundamente humano”. Ahora, tres años después, ha repetido prácticamente lo mismo. La pregunta es qué tiene de “profundamente humano” el gobierno cubano.
Cuando se condecoró a Díaz-Canel se dijo que fue por el apoyo de Cuba a México durante la pandemia. Nadie sabe cuál fue ese apoyo. Cuba envió médicos a México pagados generosamente por nuestro gobierno al cubano, un ingreso que no llegó a los médicos, sino al gobierno, que los envía como mercancía. No eran necesarios, pero se decidió contratarlos para darle apoyo a Cuba en un momento de profunda crisis económica y política de ese país, junto con otras medidas como cancelar la deuda que Cuba tenía con México, de algunos miles de millones de dólares, además, desde entonces le estamos regalando petróleo a la dictadura.
Pregonar, con la nueva estrategia hemisférica de la administración de Trump, la creación de un bloque proCuba es políticamente delirante. El régimen agoniza, la gente se está levantando, harta de no tener qué comer, de la ausencia de medicinas y de cualquier producto básico, de la represión y la corrupción de las autoridades.
Cuba fue incorporada a la lista de State Sponsors of Terrorism el 12 de enero de 2021 por el entonces secretario de Estado Mike Pompeo, bajo la primera administración de Trump, alegando que el gobierno cubano daba refugio a fugitivos estadunidenses y a líderes de grupos armados colombianos, y apoyaba al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.
Ello implica sanciones adicionales: restricciones a asistencia exterior de Estados Unidos, prohibición de exportaciones y ventas de defensa, y controles más duros a exportaciones de bienes de “doble uso”, además de efectos indirectos porque bancos y empresas evitan operar con Cuba por temor a sanciones. Quienes envíen dinero, sean personas físicas o morales, desde la fundación lopezobradorista a Cuba, quedarán incluidos en esas sanciones. El riesgo se duplica con la declaración de terroristas a los cárteles del narcotráfico y la decisión de golpear militarmente a los cárteles.
La coartada del bloqueo a Cuba sólo sirve para justificar el fracaso político, económico y social de un gobierno que lleva 67 años ininterrumpidos en el poder. El bloqueo implica que distintas empresas de Estados Unidos no pueden negociar con Cuba, aunque existen numerosas excepciones a ello. En los últimos cinco años, por ejemplo, los principales socios comerciales de Cuba fueron Venezuela, China, España, Canadá, Rusia, México, Países Bajos, Italia, Francia, Alemania y los propios Estados Unidos, de acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba.
El fracaso económico absoluto del castrismo es su propia responsabilidad por una gestión desastrosa en todos los ámbitos, incluyendo la salud y la educación, que en los primeros años de la revolución tuvieron un alto valor como bandera de la misma (paradójicamente la habían heredado de la dictadura de Batista). López Obrador y los suyos jamás se han atrevido a reclamar el respeto a los derechos humanos en Cuba. Estamos hablando de un gobierno que en 67 años no ha permitido elecciones, que es gobernado por una casta burocrática endogámica, que no permite ningún tipo de disidencia u organización opositora ni la más mínima libertad de expresión y que tiene en sus cárceles a centenares de opositores, y casi tres millones de cubanos se han exiliado o emigrado: la cuarta parte de la población.
Ayer la presidenta Sheinbaum compró, una vez más, las decisiones de López Obrador y se lanzó con un discurso de solidaridad y apoyo al “pueblo de Cuba”. Ese pueblo está protestando y levantándose contra el régimen. El apoyo que propone la 4T es al gobierno y, como hemos visto, es utilizado en forma corrupta por los funcionarios que venden en dólares los alimentos enviados desde México. Vamos a un choque de trenes con EU, con un dato adicional: el intercambio entre México y EU es de 873 mil mdd al año y las remesas suman otros 62 mil millones. El intercambio que tenemos con Cuba fue de 659 mdd en 2025. Pero de esa suma hay que descontar 543 mdd de envíos petroleros que jamás pagaron los cubanos.
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¿Qué esperar de la revisión del
TMEC?
Columna de opinión escrita por Valeria Moy para el diario El Universal
Martes 17 de marzo de 2026
Valeria Moy
Valdría la pena ajustar las expectativas sobre el proceso de revisión del tratado comercial trilateral que dará inicio esta semana. El acuerdo establece que a seis años de la entrada en vigor del tratado, los tres países deben evaluar su funcionamiento y decidir si los socios quieren continuar con los términos existentes o se requieren ajustes. La llamada sunset clause no estaba en el tratado anterior. Su inclusión en la renegociación durante la primera administración de Trump, representa una posibilidad de modernización relativamente continua, pero también un elemento de incertidumbre.
Uno de los objetivos tanto del entonces TLCAN era contar con un marco regulatorio que diera certidumbre a la integración productiva de América del Norte. Para que tres economías integren sus cadenas de producción la certidumbre jurídica es un elemento clave. El acuerdo comercial, por raro que suene, no es sólo sobre comercio, es primordialmente sobre integración. No va sobre comerciar únicamente bienes finales con un tratamiento arancelario preferencial, sino sobre integrar procesos productivos.
El TMEC incorporó nuevas disciplinas —particularmente comercio digital, reglas laborales y propiedad intelectual— y buscó fortalecer las cadenas regionales de valor. Agregó reglas de contenido regional más estrictas —que podían representar una oportunidad para México en caso de hacer los ajustes necesarios justo en temas laborales y de valor agregado— y alguna que otra limitante para firmar acuerdos con economías que fueran consideradas como de “no mercado”.
El Tratado entró en vigor en 2020 y durante los años transcurridos a partir de esa fecha, el comercio entre los tres no solo se ha mantenido, sino que se ha profundizado. México, de hecho, se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos no únicamente debido a las ventajas del tratado, sino de la guerra comercial del presidente Trump con China.
Las revisiones comerciales rara vez son ejercicios puramente técnicos. La política siempre está sentada en la mesa. El momento en el que llega esta revisión está marcado por presiones proteccionistas globales, por políticas industriales más agresivas y por un interés creciente en asegurar cadenas de suministro regionales frente a la competencia y el conflicto global.
La revisión del T-MEC probablemente se concentrará en algunos temas clave. El primero son las reglas de origen, especialmente en sectores como el automotriz. El segundo tema es la política industrial. Es previsible que surjan discusiones sobre comercio digital, energía y cumplimiento de disposiciones laborales.
Para México, el objetivo central parece claro: preservar el acuerdo y mantener el acceso al mercado estadounidense. Pero la duda es qué pedirá Estados Unidos a cambio de eso. ¿Cuál es la línea entre lo deseable y lo que no deberíamos ceder? Es más, en el momento actual, ¿existe esa línea?
La incertidumbre frena la inversión y la probabilidad de que no se llegue a ningún acuerdo este año es cada vez más alta. México, mientras tanto, hará lo posible para mantener el acuerdo. Estados Unidos, por su parte, sabe que con la sola amenaza gana. Habrá que ajustar las expectativas.























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