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La lista de Luisa


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para Reforma


Viernes 14 de agosto de 2026


Sergio Sarmiento

"La lista es vida, la lista de Schindler".


Thomas Keneally

 

 

El 22 de octubre de 2021 el activista Claudio X. González publicó en Twitter: "La llamada 4t, una gran farsa, acabará mal, muy mal. Hay que tomar nota de todos aquellos que, por acción o por omisión, alentaron las acciones y hechos de la actual administración y lastimaron a México. Que no se olvide quién se puso del lado del autoritarismo populista y destructor".


La entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, respondió el 24 de octubre: "Una cosa es hacer público un debate y otra muy diferente es hacer listas con amenazas implícitas, característica del fascismo. En la 4T hay libertad de expresión. No se mete a periodistas a la cárcel. Hay libertad de manifestación y reunión". En una entrevista añadió: "¿Quién hace listas? El macartismo, el nazismo. Ellos son los que hacían listas".


Acusar a alguien de fascista es muy serio, pero lo hacen constantemente los miembros de la 4T. Su descalificación favorita es "facho" y la usan para cualquiera que no comulgue con sus dogmas: conservadores, socialdemócratas, liberales o izquierdistas. Nadie les ha enseñado las verdaderas posiciones de los fascistas y nacionalsocialistas.


Fue inevitable recordar las palabras de Sheinbaum tras la presentación de las listas de Luisa María Alcalde, la consejera jurídica de la Presidencia, este 12 de agosto. En su espacio de propaganda "Derecho de réplica" denunció una "red de amplificación digital" que supuestamente distribuye contenido y promueve "narrativas".


Luisa María dice haber detectado "un ecosistema de amplificación digital" con "98 cuentas semilla" que se amplifica a través de una estructura "de cuatro capas". La primera se forma de 54 cuentas de "medios y comentócratas" que tienen, "de enero a agosto, 282,866 publicaciones, y su importancia es que originan el mensaje". En la segunda capa "identificamos principalmente 32 cuentas con alcances importantes. Se trata de personajes políticos. 62,215 publicaciones en este período". En la capa 3 hay "34 cuentas, cuentas de ataque, bloque anónimo, trolls. Tiene 213,580 publicaciones y se encargan de reempaquetar y distribuir el mensaje. Y, finalmente, la capa cuarta, que es el anillo de amplificación. Aquí estamos hablando de los bots: 560,520 cuentas... ¿Cuántas publicaciones? 22 millones de publicaciones".


Alcalde presentó listas de responsables: "Atypical..., Bibiana Belsasso, Adela Micha..., El Universal, Joaquín López Dóriga, Ana Paula Ordorica, Azucena Uresti, Carlos Loret de Mola..., Héctor de Mauleón, Jorge Ramos, Aristegui Noticias, Chumel Torres, Denise Dresser, Javier Alatorre y José Cárdenas". Continuó con "Latinus..., Pascal Beltrán del Río, Reyna Haydeé..., Leo Zuckermann..., Marco Levario, Nayeli Roldán, Pedro Ferriz, Salvador García Soto..., León Krauze, Luis Cárdenas, María Amparo Casar, Pablo Hiriart, Raymundo Riva Palacio, Sergio Sarmiento, Víctor Trujillo 'Brozo'..., Manuel López San Martín, MCCI que es [mintió] 'Mexicanos a Favor de la Corrupción', Paola Rojas, Reforma" y muchos más.


Es una lista parcial de periodistas y medios independientes. Mintió no solo al falsear el nombre de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, sino al afirmar que todos participan en una "red de amplificación". Más bien parece que en las "benditas redes sociales" sigue habiendo muchas personas que defienden un régimen liberal y democrático con división de poderes y contrapesos.


La Presidenta debería recordarle a su consejera jurídica que hacer listas "es característica del fascismo", pero también que en una sociedad libre el Estado debe aceptar las diferencias de pensamiento como algo natural.




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Vecinos incómodos y la deriva


institucional


Columna de opinión escrita por Marcela Gómez Zalce para El Universal


Viernes 14 de agosto de 2026

Marcela Gómez Zalce

La desaparición progresiva de los contrapesos en México, de la autonomía de las instituciones y de la persecución contra toda voz que disienta o critique los fracasos y errores del régimen, plantea para los Estados Unidos una paradoja digna de la peor literatura burocrática. Tener un socio comercial cada vez más indispensable en la nueva geopolítica hemisférica y, simultáneamente, cada vez más difícil de verificar.


Washington puede celebrar capturas, operativos conjuntos, entregas de criminales, decomisos, fotografías y halagos de la cooperación bilateral e incluso contabilizarlas cuidadosamente presentándolas como la evidencia de que la relación bajo el hard power funciona.


El pequeño inconveniente —casi un detalle administrativo, aparentemente— es que detener narcoterroristas no equivale a impedir que el poder político quede fuera del alcance de la rendición de cuentas.


Si los organismos de transparencia se debilitan, los controles institucionales pierden autonomía, la justicia sirve con obsecuencia y gracia a los de casa y la fiscalización del poder se vuelve progresivamente menos eficaz, el gobierno estadounidense corre el riesgo de recibir aquello que cualquier potencia preferiría evitar de su vecino estratégico: resultados sin garantías, cooperación sin verificabilidad, verdades a medias y confianza sin auditoría.


La democracia en estos tiempos transformadores está en un proceso serio de deterioro y para Trump el problema ha dejado de ser una discusión académica sobre la calidad institucional de su vecino para convertirse en algo más incómodo: Un problema de seguridad nacional, regional y hemisférico sentado literalmente en tres mil kilómetros de frontera. Más allá de los discursos diplomáticos elogiando la extraordinaria cooperación bilateral en los objetivos prioritarios generadores de violencia, la geografía tiene la desagradable costumbre de no respetar los comunicados de prensa.


La democracia mexicana no constituye para Washington un elegante lujo normativo que pueda defender cuando resulte conveniente y archivar cuando aparezca un capo importante esposado, sino que es parte de la infraestructura estratégica de la relación bilateral.


La ironía es exquisita si las consecuencias de la destrucción de instituciones, el aplastamiento de la oposición y embates a la prensa crítica no fueran tan serias.


Washington necesitará más cooperación por parte de Sheinbaum justo cuando tiene menos razones institucionales para confiar en este régimen.


Por ello empezó a vigilarlo.


Esa cruda realidad del crimen transnacional con los abrazos de Morena que no necesitó conquistar todo el Estado. Le bastó tener el picaporte correcto y procurar que nadie conservara las llaves para abrir desde afuera. De ahí que las (pre)ocupaciones estadounidenses sobre los narcopolíticos y las reformas mexicanas hayan alcanzado el ámbito del T-MEC y la certidumbre para inversionistas.


En el marco del nuevo orden mundial y la geopolítica regional no conviene bajo ningún cálculo estratégico serio un México cada vez menos democrático. Un actor menos previsible, verificable y más vulnerable a la captura criminal. Y la erosión democrática rara vez se anuncia como autoritarismo. Suele presentarse como justicia, depuración institucional o defensa del pueblo, bueno y sabio, mientras se van neutralizando a quienes incomodan al poder.


Y en Washington este escenario es ya motivo de alerta y preocupación. Y la retórica no tarda en dejar de ser gratis.








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