Las críticas de CSP al NYT y los “sapos” de Morena
- Noticias Cabo Mil

- 30 jun
- 6 min de lectura
Columna de opinión escrita por Francisco Garfias para el periódico Excélsior
Martes 30 de junio de 2026
Francisco Garfias
El New York Times (NYT) no da nombres ni pruebas a sus señalamientos sobre los morenistas que habrían “cantado” sobre pactos de políticos morenistas con el narco o de otros dos gobernadores supuestamente investigados en EU por pactos con el narco: Alfonso Durazo, Sonora, y Américo Villarreal, Tamaulipas. Pero también es cierto que el gobierno mexicano no ha ofrecido transparencia en un tema que ha lastimado la imagen de México en el exterior y que choca con los tres mandamientos de Morena: no mentir, no robar, no traicionar.
No hay auditorías independientes, no se muestran documentos. La única respuesta que el gobierno da es “no sabemos nada”, “es falso” o que es un tema de “intervención de la ultraderecha extranjera” y de “soberanía nacional”.
La realidad es que no es verosímil que no exista ninguna investigación a políticos mexicanos vinculados al narco. El NYT no es el único que ha señalado a los gobernadores citados. Los Angeles Times lo hizo hace semanas.
Por si fuera poco, los gringos ya han imputado a otros aliados de Morena y revocado visas. Sobra decir que la retórica de la defensa de la soberanía apunta a unir a bases y simpatizantes del movimiento, pero también a distraer de los múltiples problemas internos que tiene Mexico: inseguridad, violencia, desaparecidos, crecimiento económico precario, inflación, carencias en salud, en educación…
* En la mañanera de ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum criticó al NYT por no revelar sus fuentes. Se preguntó: “¿Cómo puede haber una nota así en un periódico que se dice ser de los mejores del mundo?”. Abundó: “Ésa es la nota: ‘Me dijeron, hay personas que me están informando’. Bueno, el gobernador Durazo envió una carta diciendo que no era cierto…”.
Al cierre de esta columna, el NYT no había revirado a las palabras de la Presidenta ni respondido oficialmente al desmentido epistolar que le envió el gobernador Durazo.
Es pertinente recordar que una de las reglas básicas del periodismo es no revelar tus fuentes. En muchas ocasiones, es la única manera de llegar a la verdad. Un ejemplo: Bob Woodward y Carl Bernstein, del Washington Post, utilizaron una fuente que llamaron Deep Throat (Garganta Profunda) en el caso Wartergate que llevó a la dimisión del presidente de EU, Richard Nixon, en 1974. Años después se supo que Garganta Profunda era Mark Felt, subdirector del FBI.
* Sheinbaum, por cierto, reconoció que el gobierno federal no tiene información sobre morenistas que se hayan convertido en informantes de Estados Unidos.
Morena, sin embargo, tiene fracturas internas. Algunos funcionarios pueden estar cubriéndose las espaldas hablando con EU para negociar su situación propia. Durazo y Villarreal son figuras importantes de la 4T. Si caen, el daño a la imagen del “gobierno honesto” sería grande. Aun más del que ya provocó el caso Rocha Moya. Durazo negó cualquier investigación en su contra. Asegura que no le han notificado nada, que su visa está vigente y exigió rectificación formal al NYT por falta de pruebas. Calificó la publicación como intento de “socavar” el proyecto progresista.
* La Presidenta está en una encrucijada. Todos sabemos que coopera con el gobierno de Trump en extradiciones y operativos, pero públicamente los confronta para no perder apoyo interno. Es increíble que no exista ninguna investigación sobre narcopoliticos. Agencias de Estados Unidos ya han imputado a destacados morenistas y revocado visas.
La historia de nexos narco-políticos en México es larga y documentada en muchos casos. La lista es amplia.
De Morena: la gobernadora de BC, Marina del Pilar Ávila Olmeda; su exmarido, Carlos Torres, exdiputado; el alcalde de Nogales, Sonora, Juan Francisco Gim; el de Puerto Peñasco, Sonora, Óscar Eduardo Castro; de San Felipe, Baja California, José Luis Dagnino, y muchos más.
Del PRI, el exgobernador priista de Guerrero Héctor Astudillo… Sin contar, por supuesto, a Rocha Moya y a los otros nueve morenistas, cuya detención provisional con fines de extradición reclama EU.
* Del tema hablamos con Eddie Varón Levy, comisionado del Centro de Derechos Humanos de la Barra Americana de Abogados y litigante internacional.
Lamentó que la Presidenta esté “mal asesorada”. Aseguró que es incorrecto que Estados Unidos esté obligado a informar una investigación cuando se trata de un ciudadano mexicano.
Precisa que EU sí tiene la obligación de avisar al consulado que hay un connacional restringido de su libertad o en proceso. “Se llama notificación consular”, dijo.
Hizo notar, además, que medios de alto prestigio, pero completamente diferentes (NYT y LA Times), han obtenido por caminos diferentes la información de Durazo y Villarreal.
Hasta sugirió a la Presidenta hacer una rueda de prensa exclusivamente con medios extranjeros “para que le pregunten lo que sea, sin controlar la narrativa”.
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Las confesiones de Víctor
Rodríguez y la ruptura con
Sheinbaum
Columna de opinión escrita por Mario Maldonado para el diario El Universal
Martes 30 de junio de 2026
Mario Maldonado
La caída de Víctor Rodríguez Padilla terminó siendo mucho más rápida de lo que cualquiera imaginaba. Hace apenas unas semanas dejó la dirección general de Pemex con el reconocimiento público de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien atribuyó su salida al inicio de una nueva etapa en la petrolera y destacó su perfil técnico y académico. Este lunes, tras difundirse el video en el que agrede físicamente a su esposa, la historia cambió por completo. La mandataria marcó una distancia absoluta. Aseguró que en su gobierno habrá “todo el peso de la ley” y “cero impunidad” para cualquier caso de violencia contra las mujeres, independientemente del cargo o de la cercanía política del involucrado. También confirmó que el nombramiento que se había anunciado para el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias quedó definitivamente cancelado.
El mensaje fue contundente porque Rodríguez no era un funcionario cualquiera, ya que formaba parte del círculo de confianza de Sheinbaum desde los años de la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde ambos participaron en investigaciones sobre energía. Su llegada a Pemex simbolizaba la apuesta por un perfil técnico después del desastroso paso de Octavio Romero Oropeza. Sin embargo, durante una conversación privada con Rodríguez, en septiembre pasado, quedó claro que la relación con Palacio Nacional distaba mucho de la imagen de plena sintonía que proyectaban.
La confesión más reveladora llegó cuando describió cómo se tomaban realmente las decisiones en Pemex. “Yo soy solamente un operador”, dijo. Después explicó que el director general había dejado de ser el centro de decisión de la empresa. “La autoridad es la presidenta; después Hacienda y Energía; de ahí dependemos dos operadores, Pemex y CFE”. Incluso contrastó ese modelo con el sexenio anterior. “Antes el director de Pemex iba directamente con el presidente porque eran amigos”. Era una forma elegante de admitir que la conducción de la petrolera estaba concentrada fuera de la Torre Ejecutiva.
Rodríguez también hizo una evaluación particularmente crítica del estado en que recibió la empresa. Reconoció que durante la administración anterior prácticamente no se exploró para reponer reservas. “No renovaron las reservas. Las 3P cayeron. Es decir, no hay yacimientos nuevos”. Fue más lejos al advertir que, de mantenerse esa tendencia, “en 10 años podríamos estar sufriendo”. Aunque nunca mencionó por su nombre a Octavio Romero, la crítica apuntaba directamente a la política petrolera del obradorismo.
Otra confesión desmontaba uno de los principales discursos de la Cuarta Transformación. Mientras Andrés Manuel López Obrador aseguró durante años que el huachicol había sido prácticamente erradicado, Rodríguez reconoció que el problema seguía siendo estructural y reveló un dato que nunca había hecho público un director de Pemex. “Me roban crudo… aquí tengo estimado como 16 mil barriles diarios”. Añadió que las pérdidas totales por robo de crudo, gasolinas, diésel y gas LP rondaban los 45 mil millones de pesos al año, y explicó que buena parte del problema obedecía a la ausencia de sistemas modernos de medición y trazabilidad.
También admitió otra contradicción para la narrativa de soberanía energética. “Dependemos hasta de 96% del gas extranjero. Tenemos reservas estratégicas como de 12 días”, expresó. El reconocimiento dejaba ver la enorme vulnerabilidad del sistema energético mexicano frente a cualquier interrupción del suministro desde el norte.
Donde más se apartó del discurso tradicional de Morena fue en la participación privada. Defendió abiertamente los contratos mixtos, habló de once proyectos listos para arrancar y de la posibilidad de llegar a más de cuarenta asociaciones durante el sexenio. Incluso respaldó el desarrollo de yacimientos no convencionales mediante fractura hidráulica en Coahuila y Veracruz. “La decisión económica racional es que el sector privado puede hacerlo mucho mejor”, reconoció. “El problema es que entonces estás privatizando”. Esa frase resumía el dilema que enfrentó durante toda su gestión: el diagnóstico técnico apuntaba hacia una mayor apertura, mientras la narrativa política seguía anclada en la defensa del monopolio estatal.
Hoy, mientras enfrenta una investigación por violencia familiar y la presidenta ha decidido romper públicamente con él, aquellas declaraciones adquieren un significado distinto. No sólo revelaban las limitaciones con las que operó al frente de Pemex. También dejaban al descubierto las contradicciones internas de la política energética de la Cuarta Transformación, la falta de autonomía del director de la empresa y la distancia entre el discurso oficial y la realidad operativa de la empresa más importante del país. La ruptura política ocurrió esta semana. La ruptura técnica, por lo que él mismo contó, había comenzado muchos meses antes.























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