top of page

Tiempos aciagos


Columna de opinión escrita por Mauricio Merino para El Universal


Lunes 24 de agosto de 2026

Mauricio Merino

Desde muy joven, López Obrador eligió el método de “doblar la apuesta” cada vez que alguien lo desafió. El machismo explícito de ese recurso se cobijó siempre en argumentos morales: la “honestidad valiente” para derrotar corruptos, mafiosos, clasistas, racistas o cualquier otro calificativo que le resultara útil para difamar a sus adversarios y justificarse a sí mismo. Lo hizo repetidamente en Tabasco, lo hizo para ganar la CDMX, lo hizo en el desafuero, lo hizo en 2006, lo hizo al crear Morena, lo hizo en 2018, lo hizo muchas veces como presidente de la República y lo está haciendo otra vez.


La diferencia es que hoy los acusados de corrupción y de pertenecer a una mafia (literalmente hablando) son él y su entorno familiar y político. Y esta vez, el desafío no viene de un grupo, de un partido o de una persona, sino del gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo, López Obrador ha vuelto a “doblar la apuesta”: la carta de su hijo y el cinismo de Rocha Moya en su ir y venir de Sinaloa son muy elocuentes. Ni uno ni otro habrían actuado así sin su venia. Tampoco puede dudarse de su actitud reiteradamente machista: si de veras quisiera servir a México, ya habría viajado a Washington para asumir la responsabilidad sobre esas acusaciones con verdadero sentido patriótico. En cambio, ha decidido atrincherarse entre los suyos.


Casi todos los análisis sobre este delicadísimo tema concluyen que hay una ruptura entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y López Obrador. Conozco gente muy inteligente y muy bien informada que prevé un cisma e incluso una implosión de Morena. Pero sigo pensando que sucederá lo contrario. La gran mayoría de las personas que integran los mandos de ese partido vienen de la clase política que se formó en el PRI y en el PRD y llevan la disciplina corporativa en la sangre. En privado, pueden tener opiniones contrarias a su liderazgo, pero nunca actuarían al margen del grupo que los protege. Irán juntos, como una manada.


De otra parte, desde el principio de este sexenio leí análisis similares que vaticinaban la ruptura entre Claudia Sheinbaum y su mentor. Pero hasta ahora, ha sucedido exactamente lo opuesto: el “segundo piso” de la 4T no ha sido más que la continuación fiel del gobierno de AMLO, hasta en el tono y la cadencia de los discursos. Si la presidenta optara por abandonar a su líder, tendría que rendirse ante los Estados Unidos y entregar a los acusados; tendría que abrirse al respaldo negociado con los partidos de oposición para darle viabilidad al gobierno; tendría que cambiar abruptamente de narrativa; y, al final, se quedaría sola. Con el debido respeto, el hábito no hace al monje: sin AMLO y su movimiento, la presidenta es muy frágil.


Así que las preguntas relevantes son otras: ¿hasta dónde quiere llevar AMLO esta nueva escalada para proteger a los suyos y a sí mismo? Varias veces ha dicho que volvería a la escena pública si hubiera (entre otras condiciones) una afrenta a la soberanía del país. Y ya quedó claro, por la carta de Andy, que esa afrenta está en curso. Y también ha dicho que, si fuera preciso, está dispuesto a “soltar a los tigres”. ¿Quiénes son esos tigres? ¿Son acaso, como se ha dicho, los cárteles criminales que habrían pactado alianzas con su gobierno? O peor aún, ¿son los militares que alcanzaron la cúspide de sus privilegios y sus poderes durante estos ocho años?


Hace ocho días escribí aquí que nos esperaban tiempos aciagos, pero no pensé que llegarían apenas una semana después. No serán las instituciones formales las que definirán el desenlace de esta crisis de Estado, sino el gobierno de Trump, las decisiones de AMLO, la lealtad de su movimiento, los poderes fácticos criminales y las fuerzas armadas. Se acabaron las reglas. Lo que viviremos será un tour de force.




—--------------------------------------------------------------------------------




Por qué Rocha quedó solo


Columna de opinión escrita por ​Viri Ríos para Milenio


Lunes 24 de agosto de 2026


Viri Ríos

Hay quien llama la atención de Palacio por su astucia, generosidad o inteligencia. Hay quien lo hace por ser un bufón.


Este fin de semana Rocha Moya protagonizó la rebelión política más vergonzosa de la que se tenga memoria. Pretendiendo desafiar el generosísimo acuerdo que se le había extendido —según el cual él tomaría licencia de su cargo para despresurizar la opinión pública—, Rocha retomó su posición como gobernador de Sinaloa sólo para, en unas cuantas horas, recular.


El problema de fondo es que Rocha calculó que la Presidenta estaba acorralada. Supuso que su discurso de defensa de la soberanía era una armadura y asumió que Sheinbaum fungiría como escudo humano para proteger la unidad del partido a toda costa.


No lo culpo. Las palabras de la Presidenta fueron interpretadas así por muchos. Eso en sí supone un llamado de atención a afinar el discurso y, sobre todo, a tomar las medidas necesarias para no invitar a la impunidad.


Sin embargo, lo más relevante para Rocha cuando tomó la decisión de volver a la gubernatura fue que ya había desafiado a la Presidenta anteriormente y no había tenido consecuencias.


El año pasado, Ernestina Godoy le pidió a Rocha su renuncia ante el incremento en protestas en su estado. El entonces gobernador se negó. Argumentó que el pueblo lo había elegido y se quedó en el cargo a la brava. Semanas después, Sheinbaum visitó Sinaloa y cometió el error de no dar un golpe sobre la mesa.


El propio círculo cercano a Rocha contaba con asombro lo tibia que fue Godoy al pedirle su renuncia. Lo atribuían a su poca experiencia.


En realidad, a Rocha se le trataba con deferencia por un mero cálculo electoral. Entonces se creía que, sin él, la mayoría calificada en el Senado se rompería y los sinaloenses entrarían en rebelión rumbo al 2027.


Por todo lo anterior, Rocha pensó que esta vez no sería diferente. Se equivocó. Ahora el cálculo para la Presidenta ha cambiado.


Rocha ya no es, para Morena, un pasivo a tolerar para mantener la mayoría calificada. La mayoría calificada de facto ya se ha roto por las indisciplinas del Verde y el PT, y en 2027, Morena tiene poca esperanza de recobrarla.


Ahora, Rocha es un pasivo liso y llano. Su descarada permanencia en la gubernatura de Sinaloa habría supuesto un descalabro para Morena. El partido no sólo habría perdido Sinaloa en 2027 —debido a una división interna—, sino que lidiaría con protestas masivas de aquí a entonces. Existía, además, una alta posibilidad de que el rechazo público se contagiara a otras entidades.


El episodio, sin embargo, deja una lección crítica para Morena. La indisciplina no puede dejarse pasar sin consecuencias y el discurso de defensa a la soberanía debe separarse con claridad de la permisividad y la impunidad.


Sin una división clara entre ambos, cada vez más bufones se sentirán escudados para burlar los valores del obradorismo. Es tiempo de enderezar los incentivos. Otra licencia no basta. La decisión sólo puede venir desde Palacio. 









Comentarios


Suscríbete para recibir novedades exclusivas

¡Gracias por suscribirte!

Contacto

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

Conmutador: (624) 145 7963

Teléfonos: 624 145 7912 (Ventas)

624 145 8182 y 624 145 8183 (Cabina)

Email: contacto@cabomil.com.mx

© 2026 Cabo Mil , Sitio Realizado y administrado por Imandi

bottom of page