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Los costos de la fidelidad


Columna de opinión escrita por Federico Reyes Heroles para el periódico Excélsior


Martes 11 de noviembre de 2025


Federico Reyes Heroles

La lealtad goza de un halo de seriedad. A la fidelidad se le vincula al amor. Escuché a un general reaccionar: “…ustedes son fieles”, se refería a las Fuerzas Armadas. La mujer lo dijo en tono de elogio. “No señora, un soldado es leal, respondemos a principios, convicciones. Fieles los perros”. Silencio en la mesa.


La noticia recorrió el mundo. El rey Carlos III despojó de sus títulos y honores a su hermano. De duque de York pasó a Andrew Mountbatten Windsor. Su relación con Jeffrey Epstein y la larga estela de degradaciones no daban margen. Carlos III fue leal a un código ético y a las instituciones que representa.


En Francia, el expresidente Sarkozy fue condenado a cinco años de cárcel por financiamiento ilegal de Gadafi. La aplicación de la ley por encima de cualquier consideración. En Argentina, la Corte Suprema condenó a seis años de prisión domiciliaria a la expresidenta Cristina Kirchner por sus múltiples y conocidas corruptelas. La lista de expresidentes latinoamericanos procesados y condenados es larga y variada: Carlos Andrés Pérez (Venezuela) encarcelado en 1994 por malversación; A. Fujimori (Perú) por corrupción y crímenes a los derechos humanos; Menem (Argentina) por contrabando de armas; Martinelli (Panamá) por lavado de capitales; J. O. Hernández (Honduras) por narcotráfico; Lula da Silva (Brasil) y, recientemente, Álvaro Uribe (Colombia) ambos condenados y encarcelados. Sus sentencias fueron anuladas o se aplicó prisión domiciliaria. A. Alemán (Nicaragua) por lavado de dinero, 20 años. Su caso después fue sobreseído. F. Flores (El Salvador) murió en prisión por malversación de fondos. M. Funes (El Salvador) ocho años de prisión por corrupción y lavado. E. A. Saca (El Salvador) corrupción, condenado, encarcelado y absuelto. P. P. Kuczynski, (Perú) en prisión domiciliaria por el caso Odebrecht. M. Vizcarra (Perú) está siendo investigado por pagos irregulares; J. Áñez (Bolivia), liberada después de cuatro años de cárcel. J. Bolsonaro (Brasil) 27 años por intento de golpe de Estado, un complot —aquí sí, complot— para asesinar al presidente electo, al vicepresidente y a un juez.


La lista es larga y habrá más. Contra lo deprimente que pueda parecer la enumeración, merece otra lectura. En todos esos países, los poderes judiciales autónomos, los juzgadores, a pesar de fuertes presiones, fueron leales a las instituciones, a su función en un Estado de derecho. Hubo lealtad, no fidelidad. Ante el mundo, con todos los bemoles, mostraron una cultura de aplicación de la ley.


En un acto sin precedente, el presidente de la nueva SCJN sometió a “consulta” de sus colegas la posibilidad de revocar fallos de sus antecesores. La expresión “cosa juzgada” —referente universal— que conduce a la firmeza de una sentencia que ya no puede ser apelada o modificada, que evita el doble enjuiciamiento para evitar la incertidumbre e inseguridad jurídicas, un pilar de la certeza jurídica, fue sometida a “consulta”. Los CEOs más poderosos del mundo señalan la politización del Judicial en México. El Instituto Estadunidense del Petróleo acusa a México de violar el T-MEC. Igual que los refinadores de petroquímicos. Hoy, Hollywood pide vigilancia. Como país, no somos confiables, no tenemos palabra.


Ahora, de la nada, surge la intención de montar la revocación de mandato en la elección del 27. Sheinbaum en la boleta para así poder hacer precampañas. De nuevo argumentan ahorro. ¿Será? Ante la publicación de la foto de la agresión a la Presidenta, vienen insultos. CSP pide a Reforma una disculpa. El diario la da. Al día siguiente le cae al diario una inspección “extraordinaria”. Ahora quieren una ley mordaza para sacerdotes, pastores, monjas y ministros de culto.


La inversión y el consumo caen. ¿Sorpresa? Ninguna. Aquí se defiende a acosadores conocidos. La corrupción de los intocables recibe apapacho. ¿De verdad creen que el mundo aceptará la burla a leyes y acuerdos?


La fidelidad hunde a México.



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El sicario de Manzo y su tiempo

Columna de opinión escrita por Héctor Aguilar Camín para el diario Milenio


Martes 11 de noviembre de 2025


Héctor Aguilar Camín

El adolescente que mató a Carlos Manzo es portador, víctima y verdugo de la tragedia que el crimen le impuso a su generación.


Hace poco el Inegi publicó las cifras de hombres jóvenes muertos por la violencia. Las cité aquí el 12 de agosto y las recuerdo ahora.


Durante 2024, el homicidio doloso fue la primera causa de muerte de mexicanos de entre 15 y 24 años. También esa fue la mayor causa de muerte de hombres entre 25 a 34 años.


En 2024 murieron 21 mil hombres de entre 15 y 34 años.


Los homicidios dolosos de México tienen esta característica: los que más mueren son hombres de entre 15 y 34 años. Son también las edades de mayor reclutamiento de sicarios y de mayores ejecuciones.


El asesino de Carlos Manzo tenía 17 años. Su pistola tenía registro de haber sido usada otras dos veces. No sabemos a cuántos mató, antes de que lo mataran a él.


Si mató a alguien antes, fue, probablemente, a hombres de entre 15 y 34 años, rivales de sus jefes o de su banda. No sabemos cuántos hombres de su banda habrán matado a las bandas rivales. Serán también, probablemente, hombres de entre 15 y 34 años.


Hombres de esas edades son los que más se reportan como secuestrados por la leva criminal, para volverlos sicarios a la fuerza.


El crimen en México libra muchas guerras entre bandas. Sus muertos, sumados, tienen dimensiones de una guerra civil. Pero no estamos viviendo una guerra civil.


No hay una sola idea, una sola causa de guerra civil, en la numerables guerras intracriminales. Los muertos de esas guerras son todos hijos de la codicia y la sevicia, y de una facilidad para matar que se parece a la frialdad del mal puro.


El mal que está diezmando a la población joven de México configura un crimen colectivo que se llama juvenicidio.


La complicidad del Estado con el juvenicidio es la omisión, una omisión intencionada, fría, gemela del mal criminal que no combate.


Sabemos la frase que le dio lema y excusa a esa indiferencia maligna: “Abrazos, no balazos”.



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