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Negligencia que mata


Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior


Lunes 23 de marzo de 2026


Pascal Beltrán del Río

El reciente estreno de la serie brasileña Emergencia radiactiva nos coloca frente a un espejo de horror y negligencia que el tiempo no ha logrado opacar. Dirigida por Fernando Coimbra —conocido por llevar a la pantalla el elogiado thriller Un lobo en la puerta (2013)—, esta producción aborda con una crudeza necesaria el accidente radiológico de Goiânia en 1987, cuando una fuente de cesio 137 fue extraída de una clínica abandonada por recolectores de chatarra que, cautivados por el brillo azul cobalto del polvo radiactivo, terminaron diseminando la muerte entre sus familias y vecinos. La serie alcanza la calidad técnica y el calado dramático de la aclamada Chernobyl, pero con una cercanía latinoamericana que hiela la sangre.  


El guion de Gustavo Lipsztein no se limita al recuento del desastre físico; explora la descomposición institucional que precede a la tragedia y la deshumanización que sigue al pánico, recordándonos que el átomo no perdona la ignorancia ni, mucho menos, la indolencia gubernamental.


En México, este relato no nos resulta ajeno, aunque la memoria colectiva sea frágil. Tenemos un caso local, ocurrido en Ciudad Juárez, que guarda paralelismos aterradores con Goiânia. Todo comenzó con la compra irregular de una unidad de radioterapia que contenía una bomba de cobalto 60. El equipo, destinado a un hospital que nunca funcionó, quedó arrumbado en una bodega hasta que en 1983 un técnico de mantenimiento, sin conciencia del peligro, decidió venderlo como chatarra. En el trayecto, la fuente se rompió y fue dejando un rastro de perlas radiactivas por las calles juarenses. Lo peor ocurrió en el deshuesadero: el material terminó fundido junto con toneladas de acero para fabricar varilla de construcción y bases de mesas de hierro fundido.


El detalle de aquel incidente es indignante: la varilla contaminada se utilizó para construir miles de viviendas en gran parte del territorio nacional y se exportó a Estados Unidos. Fue sólo gracias a que un camión cargado con este material pasó accidentalmente cerca de un detector en el Laboratorio Nacional de Los Álamos que se activó la alerta internacional. En México, el gobierno de la época intentó minimizar el impacto, mientras miles de familias habitaban muros que emitían radiación silenciosa y miles más comían sobre mesas que eran fuentes activas de contaminación. El saldo en salud pública, los casos de cáncer y las malformaciones vinculadas a esa exposición prolongada siguen siendo, en gran medida, una cifra negra enterrada bajo la opacidad oficial.


Al analizar los casos de Chernobyl, Goiânia y Ciudad Juárez emerge un patrón ineludible: la falta de rendición de cuentas. En los tres escenarios, la soberbia del Estado o la laxitud en la supervisión de protocolos permitieron que objetos de alta peligrosidad se convirtieran en armas letales. El secreto y la protección de la imagen política por encima de la seguridad ciudadana son los verdaderos aceleradores de la tragedia. Esta negligencia criminal, disfrazada de ahorro o de “soberanía técnica”, es el hilo conductor de los peores desastres del siglo XX. Por ello, ante la actual opacidad que rodea a los grandes proyectos de infraestructura, no podemos permitir que las dudas legítimas sobre la seguridad de las obras se disuelvan en el olvido de un expediente clasificado.


Los incidentes reportados en el Tren Interoceánico y las constantes dudas sobre la integridad estructural y operativa de la refinería de Dos Bocas no deben ser tratados como meros gajes del oficio ni como ataques de la oposición. La prisa política nunca puede ser justificación para omitir protocolos de seguridad industrial. Dejar que estas investigaciones queden en manos de autoridades a modo es pavimentar el camino hacia un nuevo desastre que, como los anteriores, será negado hasta que sea demasiado tarde. La historia nos enseña que cuando las auditorías se vuelven actos de fe y la transparencia se etiqueta como traición, el costo final no se paga en pesos ni en capital político, sino en vidas humanas. Emergencia radiactiva es un recordatorio de que el silencio oficial es tan tóxico como el cesio, y que la única defensa que nos queda como sociedad es la exigencia irrenunciable de la verdad antes de que el próximo destello azul nos tome por sorpresa en medio de una obra que se juró impecable.




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Recordar a Colosio


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma


Lunes 23 de marzo de 2026


Sergio Sarmiento

"Sabemos que el origen de muchos

de nuestros males se encuentra en

una excesiva concentración del poder".


Luis Donaldo Colosio, 6.03.1994

 

 

La figura de Luis Donaldo Colosio, asesinado el 23 de marzo de 1994, hoy hace 32 años, sigue siendo manipulada por quienes se han opuesto a sus ideas. Fue un político liberal, empeñado en transformar el sistema de partido hegemónico en una real democracia, pero hoy lo quieren presentar como un populista más.

Carlos Salinas lo nombró presidente del PRI en 1988, después de la cuestionada elección de 1988, la de Manuel Bartlett. Enfrentó su primer gran reto en 1989, cuando el panista Ernesto Ruffo ganó las elecciones de Baja California. A pesar de las presiones que recibió, reconoció el triunfo de la oposición.


Participó en las negociaciones con la oposición para redactar la reforma electoral de 1990, la que creó un Instituto Federal Electoral independiente, renovó el padrón electoral, adoptó la credencial de elector con fotografía y determinó que ningún partido o coalición podría obtener más de 300 diputados ni una sobrerrepresentación de más de ocho puntos porcentuales. Son las reformas que hoy quiere borrar la 4T.


En 1992 y 1993 fue el primer secretario de Desarrollo Social. Impulsó el Programa Solidaridad, que ayudaba a comunidades en pobreza extrema con acciones como la construcción de infraestructura básica, escuelas y clínicas. Promovió dentro de estas acciones el trabajo comunitario para generar corresponsabilidad. Su filosofía era muy distinta a la del actual reparto de caridad a pobres y ricos.


En enero de 2024 Luis Donaldo Colosio Riojas pidió a los políticos que dejaran de manosear el homicidio de su padre para "sacar raja política", pero López Obrador se negó: declaró que el asesinato fue un "crimen de Estado" y buscó involucrar a Genaro García Luna, su villano favorito, quien en 1994, con 26 años, era un funcionario menor del Cisen. La FGR obedeció y presentó acusaciones contra Jorge Antonio Sánchez Ortega, un exagente del Cisen, por haber realizado el segundo disparo. El problema es que no pudo hacerlo. Está comprobado que los dos los hizo Mario Aburto con el mismo revólver. El primero, directo a la cabeza, quedó grabado en video. El segundo, a quemarropa, atravesó el vientre del candidato; la ojiva quedó en el suelo, fue recuperada y las pruebas periciales demostraron que provenía del Taurus .38 de Aburto.


Trece videos y cientos de fotografías comprueban que Sánchez Ortega no se encontraba cerca de Colosio para disparar a quemarropa. La FGR argumenta que "pudo estar en una posición semiflexionada": sí, "pudo". Sin embargo, entre cientos de testigos ninguno vio la inusitada figura de un hombre que se movía en cuclillas al lado del candidato. Sánchez Ortega tenía una mácula de sangre de dos centímetros en su ropa, que pudo provenir de un contacto con el cuerpo del candidato cuando fue trasladado a una ambulancia. Dio también positivo a una prueba de rodizonato de sodio, pero estas pruebas no son infalibles.


Para hacer el segundo tiro Sánchez Ortega, siempre agachado, debió tomar el revólver, disparar y devolvérselo a Aburto en 2.14 segundos porque este lo tenía cuando fue detenido. Aburto, sin embargo, estaba forcejeando con Vicente Mayoral. El gobierno ha empujado a la FGR a encarcelar a un inocente, como el subprocurador Pablo Chapa Bezanilla en 1995 cuando acusó a Othón Cortez de ser el segundo tirador.


Conocí y respeté a Colosio. Es importante recordar sus ideas y sus críticas a "la excesiva concentración del poder". Buscaba superar el régimen de partido hegemónico al que hoy quiere regresar la 4T. Es inmoral manipular su homicidio para "sacar raja política".

 

· DONATARIAS

 

Hacienda está cancelando donatarias a diestra y siniestra para que no puedan seguir ayudando a la sociedad mexicana. Al mismo tiempo autoriza por la vía rápida una donataria, Humanidad con América Latina, para entregar ayuda al gobierno cubano, lo cual es ilegal.


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