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Perder el tiempo


Columna de opinión escrita por Jesús Silva Herzog para el diario Reforma


Lunes 9 de marzo de 2026

Jesús Silva Herzog

El voto contrata la atención del representante. Al ser electo un gobernante se compromete a dedicar su tiempo a las labores del gobierno. El encargo electoral tiene tal relevancia que no consiente distracciones. Se trata de un compromiso de atención sostenida que no puede abandonarse sin causa grave que lo justifique. Las aficiones, los hábitos, los gustos han de pasar a un segundo plano. Por eso resulta tan irritante que un legislador decida de pronto separarse de su comisión parlamentaria para hacer dinero en un espectáculo televisivo. Indigna que se prefiera el circo al parlamento cuando hubo un juramento de atención. Por eso preocupa también que la Presidenta dilapide ese recurso que en el fondo es público y se dedique, en medio de múltiples crisis, a la elaboración de una propuesta sin foco y sin futuro.


¿Cuánto tiempo ha desperdiciado la Presidenta en concretar una mala propuesta de reforma decretada muerta antes de haber sido presentada? En el momento en que la Presidenta debe tener concentración de alfiler para encarar las provocaciones y amenazas que vienen de la Casa Blanca, la Presidenta revisa y revisa las múltiples versiones de una iniciativa destinada al basurero. ¿Cuánta concentración se ha perdido en el ir y venir de las propuestas? ¿Cuánto tiempo en reuniones y negociaciones que, como se veía desde el principio, desembocarían en un fiasco?


El gobernante que pierde el tiempo pierde el gobierno. En el presupuesto y en la atención se muestran las verdaderas prioridades de una administración. Dime en qué gastas, dime en qué ocupas tu tiempo y te diré quién eres. Sheinbaum ha perdido su tiempo y le ha hecho perder el tiempo a su equipo y al Congreso. Le ha dedicado meses a una reforma que no ha logrado justificar. Exponiendo su persuasión antiliberal repite la definición etimológica de la democracia y cita por enésima vez a Lincoln. Con esas líneas empuja un cambio que claramente debilita la competencia y reduce el pluralismo. La Presidenta puede mostrar encuestas que confirman la antipatía que despierta la clase política y el deseo de abaratar la competencia electoral. La tramposa encuesta de Enkoll para W Radio y el diario El País pretende apoyar la idea de que la reforma electoral responde a una exigencia colectiva. La encuesta sigue el engaño de la retórica presidencial y acota la investigación a su agenda. Se pregunta, por ejemplo, si todos los cargos deben elegirse directamente por el voto, como si los legisladores de representación proporcional fueran electos de manera indirecta. No se pregunta si la gente quisiera eliminar de plano la representación proporcional, porque eso sería contrario a las intenciones del Ejecutivo. Se consulta si la gente respalda la prohibición del nepotismo, pero eso sí con las restricciones de Sheinbaum. Prohibir la herencia de puestos electivos, pero permitir que los gobiernos coloquen a toda la parentela en la plantilla. Lamentable que El País y W Radio difundan propaganda gubernamental disfrazada de ejercicio demoscópico.


Pero lo que me importa resaltar aquí es la irresponsabilidad que denota el abrir en estos momentos de tan alto riesgo para el país, esa fuga en la atención pública y particularmente en la atención política. Son muchos los textos que han analizado las implicaciones de esta propuesta regresiva. Más que sumarme a esa crítica, agrego que la propuesta misma muestra un desorden de agenda, una confusión de prioridades, la improductiva apertura de un conflicto. Ante las emergencias de la hora no debe haber despistes. El país no crece, vive una guerra prolongada en Sinaloa y el peligro de su extensión en varios estados de la República. Los ojos del mundo estarán en México en su momento más vulnerable. Y el hombre más desquiciado y más poderoso del mundo suelta todos los días amenazas creíbles sobre México. Romper el acuerdo comercial e intervenir militarmente en nuestro territorio. Es en ese campo de espinas donde la Presidenta decide ocupar su atención al tiempo que deben tener los partidos durante las campañas, a corregir las fórmulas para eliminar las listas de representación proporcional, a negociar con sus satélites. Ese tiempo que la Presidenta pierde no es solo suyo.




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Ultimátum y oportunidad


Columna de opinión escrita por Raymundo Riva Palacio para el diario El Financiero


Lunes 9 de marzo de 2026


Raymundo Riva Palacio

La pausa que le dio Estados Unidos a México por la operación donde murió Nemesio Oseguera, el jefe del cártel más poderoso del mundo, se acabó. El presidente Donald Trump coronó dos días de mensajes ominosos desde Washington y Miami. Grosero, parodió a la presidenta Claudia Sheinbaum, la trató con condescendencia misógina y disparó su veneno: México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Dos influyentes funcionarios de su gobierno adelantaron el mensaje, amenazando con acciones unilaterales si no se aceptaba ayuda para aniquilar a esas organizaciones terroristas, que compararon con Al Qaeda y el Estado Islámico, recordando que su gobierno y México están controlados por ellas.


Irán, Cuba, Venezuela y Ucrania no distrajeron al gobierno de Donald Trump, solo reordenaron sus tiempos políticos. México es una de sus prioridades y necesita borrar a los cárteles del mapa, o dar golpes contundentes que sumen a su capital político, recupere aprobación y eleve los números que permitan a los republicanos mantener el control del Congreso y el Senado. Mientras esto avanza a velocidad, ¿qué pasa en México?


La cabeza fría, una frase que se está vaciando y que no resuelve el problema, y la ceguera de una clase política que no cree estar sentada sobre un barril de dinamita. El régimen no entiende que la mezcla del crimen organizado con Morena, que sigue fortaleciendo la maquinaria criminal, puede tener efectos devastadores para el propio obradorismo, ni el alcance de sus señales.


La reforma electoral no impide –fuera de un acto de fe– que el crimen organizado pague campañas políticas y ponga, o imponga, a sus candidatos. Morena sigue pensando en candidaturas a gubernaturas con personas vinculadas al crimen organizado, algunas de las cuales tienen investigaciones abiertas aquí y en Estados Unidos. Morena ya empezó a medir precandidatos y, en al menos tres casos, sus vínculos con el crimen organizado han sido documentados. En otro caso, una de las personas que se encuestarán pertenece a un grupo cuyas ramificaciones criminales llevan a lo más alto de la élite morenista.


La forma como actúan en Morena muestra la tranquilidad y seguridad que en sus circunstancias solo brinda la impunidad.


Funcionarios estadounidenses anticiparon hace poco más de un mes a sus contrapartes mexicanas que el Departamento de Estado estaba considerando dar a conocer la lista de políticos –en México y el mundo– a quienes se les había cancelado su visa. Son más de 100 los políticos mexicanos a los que se las revocaron, aunque solo un puñado ya sabe que no puede entrar a Estados Unidos. Lo ven probablemente, como lo manifiestan algunas voces del régimen, como la fábula infantil, “Que viene el lobo”, donde ya perdieron el temor inicial que la agresividad de Trump les generó. Pero como los tiempos en Washington no son los mismos que en México, no leen el final de la fábula para saber que el exceso de confianza es un error. Todo radica en que la confianza nace de la certidumbre de que el temor que un caso afecte a todo el movimiento, hace que el blindaje sea impenetrable.


La muerte de Oseguera inyectó oxígeno a varias figuras del régimen y de otros partidos. Funcionarios mexicanos y estadounidenses sostienen que el gobierno de Sheinbaum sí deseaba que El Mencho sobreviviera, para que pudiera declarar sobre un punto de mayor interés del cual ninguno de los dos gobiernos tiene armado todo el rompecabezas: los detalles de cómo se fraguaron las alianzas del Cártel Jalisco Nueva Generación con gobernantes.


Una era fundamental por sus ramificaciones, el acuerdo con La Barredora, que se convirtió en el brazo armado táctico de la organización, para determinar quién es realmente la cabeza de esa hidra. Otra de relevancia regional es el tipo de arreglos que se hicieron con los gobiernos de Jalisco para que pudieran construir el santuario del cártel en ese estado. Uno de exposición reciente que ayuda a entender la dinámica de su poderío a costa del Cártel de Sinaloa, es el tipo de transacción que se hizo con las autoridades en Chiapas, que con sus acciones lograron que el control de los negocios en la frontera sur se mudara a El Mencho.


Teóricamente, quien perdió políticamente con la muerte de Oseguera fue la presidenta Sheinbaum, porque las potenciales declaraciones que pudo haber hecho Oseguera aquí, o en Estados Unidos, le habrían dado información sobre la clase política, la obradorista sobre todo, cuyos grupos radicales parece que siempre están saboteándola. Teóricamente, hay que subrayar, porque no necesariamente con esa información es seguro que hubiera actuado. Tiene muchos datos que comprometen a importantes figuras del régimen, pero hasta la fecha lo único que han recibido es protección institucional y promociones por razones político-electorales.


La presidenta está dando dos pasos para adelante y uno para atrás, porque todas sus acciones buscan no alterar el status quo con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Tras al abatimiento de El Mencho, un militar le dijo que había sido muy positivo que dejara la política de “abrazos, no balazos”, y su reacción fue pedir una estrategia para impedir que esa acción tuviera un impacto negativo en su predecesor.


Su actitud recuerda, de manera inversa, “la decisión más difícil y dolorosa” de Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial, que fue el bombardeo de Mers-el-Kébir, un puerto en el Mediterráneo al noroeste de Argelia, donde en 1940 se encontraba buena parte de la flota naval francesa. Francia, que era aliada del Reino Unido, acababa de caer ante la Alemania nazi y había firmado un armisticio. Con la cuarta flota naval más poderosa del mundo, Churchill temía que Hitler la tomara para invadirlos. El dilema fue resuelto en términos estratégicos: si la flota caía en manos nazis, el Reino Unido perdería la guerra, por lo que ordenó a la Armada Real atacar los buques de guerra franceses anclados en Mers-el-Kébir, donde murieron más de mil 200 marineros.


El enjambre político-criminal en México llevaría a una decisión similar, pero no sabemos si hay un Churchill en Palacio Nacional. Paradójicamente, las nuevas amenazas de Trump vuelven a abrir ventanas de oportunidad para la presidenta, porque los planes de contingencia unilateral, en caso de que siga sin actuar contra políticos metidos con criminales, están listos hace semanas y solo esperan que Trump dé la luz verde para iniciar acciones unilaterales.



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