¡Pruebas! ¡Pruebas! No sé si eso quiere Claudia
- Noticias Cabo Mil

- 13 may
- 4 min de lectura
Columna de opinión escrita por Carlos Puig para el diario Milenio
Miércoles 13 de mayo de 2026
Carlos Puig
Frente a la solicitud de extradición del hoy gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y presuntos cómplices de sus delitos, la presidenta Sheinbaum ha repetido una y otra vez, hasta el cansancio, que quiere pruebas, pruebas… La cancillería ha solicitado dichas pruebas formalmente a la fiscalía estadounidense y es la respuesta con la que todo funcionario del gobierno responde frente a una pregunta periodística sobre el caso.
No sé.
El documento que hizo público la fiscalía neoyorquina, el indictment, como todos esos documentos en la justicia estadounidense, es más una narrativa de los delitos que imputa. Eso sí, narrativa hecha después de una larga exposición de pruebas frente a un gran jurado que es quien decide si esas pruebas son suficientes para hacer la acusación. Así funciona el sistema estadounidense. Es decir que “pruebas” hay.
Algunos de los que se oponen a que la culpabilidad de Rocha Moya sea definida en un juicio en Estados Unidos alegan que la calidad de esas pruebas está sustentada, probablemente, en testimonios de criminales que por declarar encuentran algunos beneficios en sus condenas o sus estancias en prisión. Cierto, pero habría que aclarar dos cosas: Uno, en México, menos, pero lo mismo existe: la figura del testigo protegido ahí está… Falta voltear a Ayotzinapa.
Pero lo segundo es peor para la 4T. Llevan todos estos años celebrando, festejando, utilizando políticamente una y otra y otra vez la condena de Genaro García Luna en una corte neoyorquina por narcotráfico. ¿Cómo logró la fiscalía esa sentencia? Pues sí, con testimonios de criminales procesados de aquel lado de la frontera y convocados a hablar frente al jurado.
Curioso, pero en México las investigaciones y procesos contra García Luna son por corrupción: desvío de recursos, contratos irregulares y otros.
Con los criminales que Claudia Sheinbaum mandó a Estados Unidos sin proceso de extradición más El Mayo y algunos otros que se han ido entregado en los últimos años; seguramente a la fiscalía estadunidense no le faltaran testimonios y por lo tanto pruebas, como las de García Luna, e igual otras más sólidas aún, conociendo la historia del sinaloense y lo sucedido en los últimos años.
Creo que el gobierno no quiere ver esas pruebas que, por lo demás, serán públicas algún día. En un juicio allá o aquí, o filtradas a la prensa.
Ese día no será un buen día para la 4T, para la Presidenta. Para muchos más.
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Súplicas a Trump y diálogos con
criminales
Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior
Miércoles 13 de mayo de 2026
Pascal Beltrán del Río
La imagen es de una desolación absoluta, una que debería fracturar la conciencia de cualquier Estado que se jacte de ser soberano.
El 12 de mayo de 2026 será recordado en Guerrero por el eco de las súplicas de un grupo de mujeres indígenas de Chilapa, quienes, de rodillas y ante el lente de un celular, clamaron por la intervención del presidente estadunidense Donald Trump, al señalar una falta de actuación de las autoridades mexicanas para liberar a sus comunidades del asedio de Los Ardillos y Los Tlacos, dos organizaciones criminales que se disputan la región, convirtiéndola en una zona de guerra.
Mientras decenas, quizá centenares de personas –heridas, algunas de ellas–, abandonaban sus hogares con lo puesto, convirtiéndose en fantasmas del desplazamiento forzado, Palacio Nacional respondía con una retórica que oscilaba entre la prudencia extrema y la abdicación de funciones.
En su conferencia de prensa de ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum fue clara: la prioridad era “preservar la vida” y evitar enfrentamientos que afectaran a la población. “No se puede actuar exclusivamente con el Ejército o con la Guardia Nacional”, afirmó, delegando en la Secretaría de Gobernación y en el “diálogo” la resolución de la crisis, que incluía el bloqueo de caminos.
Sin embargo, este llamado a negociar no es una política de paz, sino la culminación de años de arrastrar los pies. Lo que hoy estalla en Chilapa es el fruto podrido de una semilla sembrada hace tiempo. Baste recordar julio de 2023, cuando el entonces presidente López Obrador aseguró que no usaría la fuerza para frenar las movilizaciones de los Ardillos en Chilpancingo, argumentando que no sería “rehén de nadie” y que no caería en “provocaciones”. Esa renuncia al uso legítimo de la fuerza fue, en los hechos, una capitulación.
Desde entonces, la pendiente ha sido vertiginosa. Vimos cómo, al mes siguiente, se dio una infame reunión de la entonces alcaldesa Norma Otilia Hernández con el líder de Los Ardillos y, más tarde, el horror absoluto: el asesinato y decapitación de Alejandro Arcos, presidente municipal de Chilpancingo, en octubre de 2024.
Mientras tanto, Los Tlacos consolidaban su dominio en Taxco mediante violencia extrema, recordada por crímenes como la parálisis total del transporte bajo amenazas de muerte, así como ejecuciones públicas y secuestros que buscaban aterrorizar a todo aquél que no pagara la cuota de extorsión.
El Estado mexicano ha tenido años para desmantelar estas estructuras, pero ha preferido la política del avestruz. Ahora, cuando la situación en Chilapa es insostenible y las familias suplican ayuda a un mandatario extranjero, el gobierno finalmente envía un operativo militar, pero con un matiz alarmante: la negociación directa.
El comunicado 055 de la Secretaría de Gobernación, publicado ayer, es escandaloso. Detalla cómo se entabló comunicación con los líderes de esos grupos delincuenciales para solicitarles, casi por favor, que terminen las disputas. Hablar de “establecer mesas por separado con los dos grupos” no es aplicar la ley, es tratar a cárteles sanguinarios como si fueran actores políticos legítimos o sindicatos en huelga.
Se trata de un error táctico y moral. En Washington, donde la administración de Trump suele acusar a México de no combatir a los cárteles por miedo o complicidad, esta noticia de negociaciones abiertas caerá como gasolina en el fuego de las tensiones binacionales.
Y aquí, ¿cómo se calificará en los círculos oficialistas lo que hicieron esas mujeres de Chilapa? ¿Dirán que son “entreguistas” o “traidoras a la patria” por pedir auxilio a Trump? La verdadera traición no es buscar ayuda donde se cree que existe, sino abandonar a pueblos enteros al arbitrio de bandas que cobran sus propios impuestos, dictan leyes y siegan vidas ante la mirada impasible de las autoridades federales.
La soberanía no se defiende con discursos en el Zócalo, sino garantizando que ningún mexicano tenga que arrodillarse ante una cámara para pedir que un gobierno extranjero haga el trabajo.























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