Su lugar lo ocupó Salma
- Noticias Cabo Mil

- 12 jun
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Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para el periódico Excélsior
Viernes 12 de junio de 2026
Jorge Fernández Menéndez
No recuerdo un evento masivo en el que el mandatario en turno de un país no haya sido recibido con abucheos. Le pasó a Trump esta misma semana en el juego de los Knicks contra los Spurs en la serie final de la NBA en Nueva York, y el sábado estará Trump en el juego inaugural del Mundial en Estados Unidos entre la selección de su país y Paraguay, donde no será recibido precisamente con fanfarrias. Pero de eso se trata: los mandatarios representan un país y se deben someter a ese escrutinio, justo o no, cuando deben representar a su país.
Sigo sin entender por qué la presidenta Sheinbaum no fue al Estadio Ciudad de México ayer a la inauguración del Mundial de Futbol. No era un juego de la liga mexicana ni una cascarita con sus amigos: era la inauguración del evento deportivo mundial más importante de la actualidad. ¿La iban a abuchear? Sin duda, no todos, pero muchos sí. Es parte de su responsabilidad estar ahí y asumirlo. Pero no ir es escapar de la responsabilidad y de la realidad.
La prensa internacional destacó una inauguración que salió, en todos los sentidos, mucho mejor de lo que la mayoría esperábamos, con una organización de movilidad, de entrada al estadio, muy aceptable, con un buen espectáculo previo, pero donde faltó, por primera vez en la historia de los mundiales, 22 ediciones ha habido ya, el mandatario, en este caso la presidenta Sheinbaum, del país anfitrión en turno. Tampoco fue al Fan Fest del Zócalo, que terminó siendo multitudinario, y prefirió irse con la jefa de Gobierno, Clara Brugada, en el Deportivo Hermanos Galeana, en un espacio pequeño y controlado en la alcaldía Gustavo A. Madero.
Su lugar en el remozado Azteca lo ocupó la fantástica Salma Hayek, pero la veracruzana, que es casi un patrimonio nacional y que siempre nos representa con enorme dignidad y carisma, no es la mandataria de este país. Allí, junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, debió estar la Presidenta, no Salma.
Me tocó estar en el Azteca, era una de mis primeras asignaciones como reportero, cuando se inauguró el Mundial del 86. Ese tarde, para mí inigualable, estuvimos en el estadio con mi queridísimo amigo, ya prematuramente fallecido, Antonio Marimón, uno de los mejores periodistas que he conocido. Unos días después, terminada la final, que ganó Argentina contra Alemania, y vaya que ese día fue importante en mi vida, Manuel Becerra Acosta me dio mi plaza en el unomásuno, esa tarde en el despacho de Becerra comenzó mi carrera profesional.
Pero regresemos a la inauguración: el presidente Miguel de la Madrid sabía perfectamente que no sería bien recibido: estábamos apenas a nueve meses del sismo del 85, que había destruido buena parte de la ciudad y dejó miles de muertos y decenas de miles sin vivienda. Su desempeño, sobre todo en las primeras horas después del sismo, había sido especialmente cuestionado. Pese a ello, la organización del Mundial, que se había recibido con apenas dos años de anticipación, por la defección de Colombia, azotada por la violencia del narcotráfico, fue un rotundo éxito.
De la Madrid se presentó y aguantó la rechifla, como debía ser. Es más, volvió al estadio para la final del torneo y para entregarle la copa al gran Diego Maradona. Allí ya nadie se ocupó de él, pero con sus aciertos y errores, De la Madrid cumplió con su responsabilidad que era, ni más ni menos, representar a un país (no a un gobierno, mucho menos a un partido) en un evento global de esa magnitud.
No sé quiénes pueden ser los asesores tan torpes de la Presidenta como para convencerla de que no se puede presentar en la inauguración de un Mundial (seguramente los mismos que le dicen que no se debe reunir en persona con Trump) y que la manden a refugiar a un pequeño deportivo controlado por Morena en el norte de la Ciudad de México. Tienen a la Presidenta en una burbuja y ella se los permite. En Morena se han creído eso de que existe una gran conjura internacional en su contra y que cualquier exposición presidencial puede costarles muy caro.
Lo que hay es descontento con el gobierno, como lo había con Díaz Ordaz en 1970 y mucho más con Miguel de la Madrid en 1986, pero la Presidenta no puede aislarse de la gente, de la realidad, no pueden seguir envolviéndola en una realidad alternativa, en eventos controlados y bajo estricta seguridad, no puede seguir pensando que las mañaneras son una expresión de comunicación abierta, circular, cuando se ha convertido en uno de los ejercicios de manipulación más evidentes que pueden existir. Pero mucho menos puede escapar de su responsabilidad como jefa de Estado.
Ni modo, la presidenta Sheinbaum se perdió uno de los momentos más auténticos de la gente en muchos años, se perdió una fiesta popular e, incluso, no pudo disfrutar de algo que salió bien, de un evento mucho mejor organizado de lo que se esperaba. Ése podría haber sido un acercamiento con el país real, prefirió algo chiquito, casi escondido, lejos de las multitudes, de la gente, de los medios. En su lugar estuvo Salma.
PD. Nos tomaremos unos pocos días de descanso, estas Razones estarán nuevamente con ustedes el martes 23 de junio. Disfrutemos del Mundial, echémosles porras a los muchachos de Javier Aguirre. Disfrutemos de algunas alegrías, que vaya que todos las necesitamos.
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Pese a todo, maravilloso
Columna de opinión escrita por Pablo Hiriart para La Aurora de México
Viernes 12 de junio de 2026
Pablo Hiriart
Aún en los momentos más difíciles “México sabe cantar, México sabe bailar, México sabe gritar”, dijo Juan Pablo II en alguna de sus visitas.
México ha resistido el empuje de gobernantes resentidos o amargados que por ocho años han querido dividirnos en dos bandos que deben odiarse porque así, piensan, avanza la historia.
Qué país tan fuerte. Sabe cantar, sabe bailar, sabe gritar.
Ayer 85 mil personas de distintas edades, condición social, creencias religiosas y preferencias políticas gritaban un solo nombre propio: México.
Lo mismo hacíamos millones que seguimos por televisión el juego México-Sudáfrica.
Ayer compartimos el orgullo por la maravillosa inauguración del evento más visto del planeta, en el coloso diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, que a las 13:00 de ayer jueves 11 de junio entró en la historia como el primer estadio en el que se han inaugurado tres mundiales de futbol.
Su Majestad, el Estadio Azteca, lució precioso ante los ojos del mundo.
Afuera del estadio se expresaron los conflictos sociales que aquejan al país, y que son producto de la polarización generada por amargados y odiadores que nos gobiernan.
Estuvieron presentes las madres buscadoras de sus hijos desaparecidos en esa “lucha entre particulares”, como llamaba el mandatario anterior a las guerras entre los cárteles de las drogas.
Los maestros de la CNTE, que habían perdido el poder de convocar a manifestaciones, porque los ascensos ya dependían de sus méritos y no del sindicato, trataron de hacer imposible la llegada al Azteca, y fracasaron.
Ya tienen fuerza otra vez, porque el amargado mayor de Morena les devolvió el control de las plazas.
Un contingente de enmascarados violentos, identificado como el Bloque Negro, atacó a la policía afuera del estadio. Ellos son creatura de Morena.
Ese grupo siempre fue el brazo porril del partido que ahora está en el gobierno federal. Cuando los detenían, abogados de Morena (o su antecedente, el PRD) gestionaban su liberación y entre legisladores obradoristas juntaban dinero para pagar la fianza.
Todavía ayer, en plenos festejos mundialistas, la presidenta hablaba de acechanzas de “la ultraderecha nacional e internacional”.
La secretaria de Gobernación anunció que se investigaría si algún grupo pagó el boleto de las madres buscadoras de Jalisco para que vinieran a manifestarse a la Ciudad de México.
Las expresiones cotidianas de amargura hiriente de nuestros gobernantes y de medios de comunicación que replican los exhortos al odio, han permeado mucho menos de lo que habíamos imaginado.
Sólo hubo un grito en el recinto histórico de Santa Úrsula. Y en los restaurantes y en los hogares. México.
Tal vez por eso no fue al Azteca la presidenta Sheinbaum ni la Jefa de Gobierno de la Ciudad, ni ninguna autoridad de primer nivel. La unidad no es lo suyo. No es su ambiente la alegría.
Ellos se lo pierden, pero también perdemos todos.
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“Circunstancias excepcionales”
Columna de opinión escrita por Alfredo Campos Villeda para el diario Milenio
Viernes 12 de junio de 2026
Alfredo Campos Villeda
Hay colegas queridos, futboleros a muerte, que creen que la fatalidad que persigue a la Selección Nacional tiene que ver más con “circunstancias excepcionales”, específicas de un momento de infortunio, que con una incompatibilidad genética, por llamarla de alguna manera jocosa, del mexicano con un deporte que tanto ama la población en su conjunto. O sea, no es que el tricolor sea maleta.
Que si el árbitro anuló el tanto de El Abuelo Cruz, que si Ricardo Osorio se equivocó en un pase clave, que si el gol de Maxi Rodríguez a Oswaldo Sánchez fue uno en un millón, que si nadie quería tirar los penales en el 86, que si no era penal con Holanda y así continúa la lista de “circunstancias excepcionales” que, en resumen, siempre dejan fuera a México en la cita grande.
Desde que se conoció el calendario del Mundial en curso se hacían cuentas alegres, como cada cuatro años, apostando a que la debilidad de Sudáfrica lo hacía víctima fácil para que México sumara sus primeros tres puntos y avanzara firme a la siguiente ronda, pronóstico que comenzó a tomar forma ayer en los primeros 10 minutos. ¿Qué pasó después?
Pasó que si bien ganó 2-0, no se impuso con la autoridad que pintaba la situación a un equipo ahogándose con la altura de la Ciudad de México y que tuvo en algún tramo dos jugadores menos. Cuadro visitante que, aun así, estuvo a punto de anotar y provocó la expulsión de un mexicano.
Y, por supuesto, las “circunstancias excepcionales”. El hecho de que el portero estuviera nervioso y arriesgara un par de balones y de que tres jugadores padecieran calambres, cuando no pasó nunca en 25 partidos anteriores, lo explicó el técnico Javier Aguirre así: “El Mundial es un escenario brutal que hace que las patitas te sacudan un poquito. (…) No a todos, pero les pesó un poquito el escenario. (…) Hubiéramos metido más goles y nadie hubiera dicho nada”.
Uno, villamelón, puede que no entienda la lógica de ese discurso, pero es imposible no preguntarnos: ¿no deberían haber sido los sudafricanos los nerviosos, los de las patitas temblorosas, los nerviosos ante un entorno adverso, ante 80 mil aficionados presionando? Cosas de “circunstancias excepcionales”, supongo. ¡Vamos, México!























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