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Reforzar privilegios


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma


Miércoles 25 de marzo de 2026


Sergio Sarmiento

"Lo que los hombres valoran

más en este mundo no son

los derechos sino los privilegios".


H.L. Mencken

 

 

La reforma electoral, dice la presidenta Sheinbaum, busca reducir privilegios, bajar el costo de las elecciones y fortalecer la revocación de mandato. La realidad, sin embargo, es otra. El objetivo de la iniciativa, ahora en su segunda versión, el plan B, es fortalecer a Morena y construir las bases de un nuevo sistema de partido de Estado.


Ayer la mandataria comentó que, si el Partido del Trabajo se atreve a desafiar al gobierno y rechaza la iniciativa, enfrentará problemas con los electores: "No creo que vayan a votar en contra de eliminar privilegios". Sin embargo, la Presidenta no ha aclarado cuáles son esos privilegios que dice que quiere eliminar. Lo que vemos más bien ahora es que la iniciativa quiere empatar la revocación de mandato con las elecciones intermedias y permitirle a la Presidenta hacer campaña para influir en los electores. Es una medida que favorecería a Morena.


Ni el expresidente López Obrador ni la presidenta Sheinbaum estuvieron nunca interesados en hacer una reforma que corrigiera los problemas de fondo del sistema electoral. No se acercaron a los partidos de oposición, a pesar de que todas las reformas hasta ahora se hicieron en acuerdos con los opositores. La comisión que Sheinbaum creó para redactar la iniciativa original estaba formada solo por morenistas. Nadie más tenía derecho a opinar sobre las nuevas reglas electorales. La iniciativa se hizo para reforzar los privilegios de Morena y del régimen.


Morena no solo no buscó el punto de vista de la oposición, sino tampoco el de sus aliados, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Por eso la primera versión de la reforma fue rechazada en la Cámara de Diputados. Los verdes y petistas sabían que eliminar los legisladores plurinominales y reducir los recursos de los partidos favorecería a Morena y pondría en riesgo a sus propias organizaciones. Estas medidas ya han sido eliminadas del plan B. La disputa ahora se centra en la decisión de llevar a cabo la revocación de mandato junto a las elecciones intermedias y permitirle a la Presidenta hacer campaña. El propósito no es solo debilitar a los partidos de oposición, sino también a los satélites de Morena.


¿Reducir gastos? Tampoco se ve claro. Recortar los sueldos de algunos funcionarios del INE no representa un gran ahorro. La idea de poner límites al número de regidores no tiene sentido cuando se obligaría a muchos municipios a aumentarlos porque tienen menos.


Dice la iniciativa que "El objetivo es acabar con las prebendas y la corrupción de la alta burocracia, pues el gobierno no debe ser una carga para el pueblo y las personas servidoras públicas no deben tener ventajas a cargo del presupuesto". La reforma, sin embargo, parece buscar exactamente lo contrario. Hoy más que nunca prevalece la corrupción en la alta burocracia y el gobierno se ha convertido en una carga para el pueblo. Los servidores públicos y legisladores buscan sacar constantemente provecho de sus cargos. Una generación de nuevos ricos ofrece un despliegue de riqueza ofensiva a pesar de haber ocupado solo cargos públicos.


La única vacuna eficaz contra los privilegios radica en tener una verdadera democracia que permita la alternancia en el poder. Un funcionario corrupto no dejará de incurrir en la corrupción porque escucha discursos políticos. Solo lo hará si sabe que los abusos pueden ser identificados y denunciados por quienes se encuentran en la oposición.


 

· YO NO FUI

 

"No sabía... Fue un análisis técnico del SAT", dijo la presidenta Sheinbaum ayer. Aprovechó para repetir la cantaleta de AMLO de que Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad es realmente Mexicanos por la Corrupción. Curioso análisis técnico que quita la autorización de donatarias a cientos de organizaciones, pero se la da por la vía rápida a Humanidad con América Latina, cuyo propósito es dar ayuda a la dictadura cubana.




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La traición de Cuba


Columna de opinión escrita por Raymundo Riva Palacio para el diario El Financiero


Miércoles 25 de marzo de 2026


Raymundo Riva Palacio

Treinta y dos tripulantes de 11 nacionalidades partieron el viernes de Yucalpetén, muy cerca del puerto de Progreso en Yucatán, a La Habana, para llevar alimentos y medicinas, y protestar contra el bloqueo de petróleo impuesto por Estados Unidos. Ayer, con un retraso de 72 horas, el primer barco de la flotilla, un camaronero llamado “Maguro” y rebautizado simbólicamente como “Granma 2.0”, en memoria del yate “Granma” que consiguió Lázaro Cárdenas a Fidel Castro y a sus 80 combatientes para iniciar su aventura revolucionaria en la Sierra Maestra, atracó en el puerto de La Habana.


Fue parte de un esfuerzo mucho más grande, el Convoy de Nuestra América, que llevó a La Habana el fin de semana a unas 600 personas de una treintena de países con toneladas de alimentos y medicinas, se inspiró en la flotilla Global Sumud que entregó asistencia humanitaria a Gaza el año pasado. A diferencia de aquella, esta ha sido altamente controversial.


Un editorial del diario The Washington Post el lunes pasado apuntó que “izquierdistas” del mundo “jugaron el papel de tontos útiles” de manera perfecta, resaltando que fueron alojados por el gobierno cubano en hoteles de cinco estrellas. “La mejor manera de ayudar al pueblo cubano, por supuesto, sería liberarlos de la dictadura que ha fracasado para resolver sus necesidades por más de medio siglo”, resaltó. “En lugar de eso, los asistentes estaban más interesados en tundir a Estados Unidos”.


Maité Rico, directora adjunta del portal The Objective, que conoce perfectamente Cuba y toda la región, escribió ayer un texto irónico que comenzaba: “Como si 67 años de dictadura y penuria no fueran suficiente castigo, a los cubanos les ha caído una plaga bíblica: casi 700 gilipollas (estúpidos, en la traducción liberal del español ibérico), para explicarles que el régimen castrista es lo mejor que les podría haber pasado”.


Al dar a conocer la llegada del Convoy de Nuestra América y la recepción que les dio el presidente Miguel Díaz-Canel, el diario Juventud Rebelde, vocero de la Unión de Jóvenes Comunistas, señaló que era una “hermosa iniciativa de solidaridad”, donde esos representantes universales que llegaron a La Habana se habían convertido en “símbolo de millones de seres humanos que se niegan a dar la espalda a Cuba”. Entre esa ambigua cantidad se encuentran decenas de miles, quizás cientos de miles de mexicanos, por la relación fraterna de 67 años que ha servido al castrismo y a sucesivos gobiernos mexicanos.


Claudia Sheinbaum, en su turno en la Presidencia, ha retomado esa bandera política, reiterando una y otra vez su llamado a una solución pacífica sin intervención militar de Estados Unidos, respetando la autodeterminación del pueblo cubano –en este tema no se puede hablar con generalidades, porque buena parte del pueblo ha sido reprimido por la dictadura cubana para mantener su control y cohesión–, al asumir una posición soberana que tiene como antecedente un extrañamiento que le hicieron desde Washington por sus declaraciones sobre Nicolás Maduro y Venezuela, con la expectativa de que en el caso de Cuba, diera su apoyo sin matices.


No ha sucedido. Tampoco es posible ni deseable. No puede darle al presidente Donald Trump una carta en blanco firmada para hacer lo que desee unilateralmente. Lo hará, si lo desea, pero que no sea con autorización mexicana.


El apoyo al régimen cubano tiene fuertes raíces políticas y geoestratégicas. Por muchos años México fue intermediario en las sombras entre Cuba y Estados Unidos, por donde se abrían las válvulas para distensionar la relación y se buscaban puntos de entendimiento. A cambio, Fidel Castro, que exportaba revoluciones a toda América Latina, mantuvo a México al margen de esas desestabilizaciones.


Internamente, los gobiernos priistas ganaban legitimidad con la izquierda y los movimientos sociales en México, y la dictadura tenía una puerta abierta para aliviar presiones. Como le declaró recientemente Beatriz Paredes, una mujer consecuente que fue embajadora en Cuba, para México, el tema cubano no solo es de política exterior, sino interior. Pero esto ha cambiado en las últimas semanas por el estrangulamiento de Estados Unidos a Cuba, que está forzando a la dictadura a un cambio de modelo económico y de régimen.


Una fuente estadounidense dijo que Washington tiene información de que Cuba “quiere su Playa Girón en México”, una metáfora de esa playa que se encuentra en Bahía de Cochinos, al suroccidente de Cuba, donde el ejército revolucionario encabezado por Castro enfrentó y derrotó la invasión de cubanos asilados en Miami que habían sido entrenados por la CIA. Aquella victoria, alcanzada gracias a que en el último momento el presidente John F. Kennedy se arrepintió del plan elaborado por la administración Eisenhower y no envió a la Fuerza Aérea como estaba previsto, se convirtió en la base ideológica de su histórico nacionalismo antiimperialista.


La metáfora significa que la última trinchera que está viendo el sector más duro de la dictadura es México, donde, parafraseando al Che Guevara, quisieran uno de los múltiples Vietnam para enfrentar a Estados Unidos. Para esto, reveló la fuente, Cuba está ofreciendo armas a los cárteles en México. “Quieren calentar la plaza”, agregó, para lo cual estallarían una lucha en la frontera sur de Estados Unidos, donde, en términos reales de seguridad nacional, no de inmigración, no ha tenido un problema grave en más de un siglo.


La relación de los cubanos con los cárteles de las drogas no es algo nuevo. El régimen cubano se relacionó con el narcotráfico desde finales de los 80 –varios generales, encabezados por el laureado Arnaldo Ochoa Sánchez, fueron ejecutados para servir de chivos expiatorios–, y desde hace unos 25 años la inteligencia cubana trabajó para que gobiernos de izquierda en América Latina se vincularan con el crimen organizado porque servía a sus intereses: mantener el trasiego de droga a Estados Unidos y utilizarlos para vigilar e inhibir a ciudadanos, como lo hacen con los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba, apoyando a políticos afines a ganar elecciones.


Lo que está planeando el sector más duro del régimen es una traición a la presidenta Sheinbaum, que ha metido el hombro por Cuba a sabiendas de las fricciones que le puede causar con Trump. Pero sobre todo, es una traición a México, que desde hace siete décadas ha sido un santuario para los cubanos. En la hora de la verdad, Cuba nos ha dado la espalda.



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