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Tan lejos de Dios


Columna de opinión escrita por ​Jorge Suárez-Vélez para el diario Reforma


Jueves 4 de junio de 2026


​Jorge Suárez-Vélez

La presidenta Sheinbaum definió el domingo el lugar que ocupará su gobierno en la historia. El suyo será el triste epílogo del sexenio más reaccionario que hemos vivido. López Obrador se empeñó en desmontar los cambios sociales, políticos e institucionales con los que nos atrevimos a coquetear con la modernidad y con la prosperidad. Los gobiernos neoliberales estuvieron lejos de la perfección, pero crearon instituciones y órganos autónomos que pudieron convertirse en contrapesos valiosos y en pilares de una democracia sólida.


La 4T destruyó reformas indispensables. De haber sobrevivido la energética, hoy estaríamos posicionados para aprovechar la oportunidad histórica que nos brindó la rivalidad entre China y Estados Unidos y esa transición del "just-in-time" al "just-in-case" en la que redundancias geográficamente cercanas a EU se volvieron estratégicas. De haberse profundizado la reforma educativa, ya estarían egresando las primeras generaciones de jóvenes mejor preparados para competir en una economía del conocimiento que avanza sin misericordia. En lugar de ello, su legado es una larga lista de oportunidades desperdiciadas y daños autoinfligidos.


Una de las oportunidades más recientes surgió de la posibilidad de que la Presidenta aprovechara la cooperación de Estados Unidos para enfrentar a las organizaciones criminales que nos asfixian, para tomar distancia de los grupos que han penetrado amplios sectores de la vida pública, y para deslindarse de políticos impresentables -como el gobernador Rocha Moya- cuya trayectoria quedó manchada por acusaciones demasiado graves para ignorarse. Pudo insistir en que el cáncer del narcotráfico, cuya metástasis acecha, exige soluciones regionales y coordinación efectiva. Pudo exigir un compromiso real para frenar el tráfico de armas, combatir el lavado de dinero y compartir inteligencia y capacidades de investigación. En vez de ello, optó por envolverse en una soberanía de cartón, cuando es precisamente el narcotráfico quien más la erosiona al capturar gobiernos locales, policías, aduanas y tribunales.


Sí, México está "tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos", pero esa cercanía permite que nos lleguen más de 60 mil millones de dólares anuales en remesas enviadas por nuestros paisanos. Esa cercanía mantiene a flote una economía empeñada en tropezar consigo misma, gracias a una plataforma manufacturera y exportadora que nos convirtió en el principal socio comercial de la mayor economía del mundo. Exportamos más manufacturas que el resto de América Latina sumada. Es también esa cercanía la que nos da acceso al gas natural más barato del mundo, mientras seguimos destinando cantidades obscenas de recursos públicos a Pemex, la petrolera más ineficiente y deficitaria.


Cuando la Presidenta afirma que México "no es piñata de nadie", quizá debería volver la mirada hacia las decenas de miles de millones de dólares que los amigos del poder se han embolsado mediante obras adjudicadas sin licitar, con combustibles robados y esquemas de corrupción que su gobierno no persigue porque no quiere. Los golpes que podrían venir de Washington palidecen frente al daño cotidiano que nos infligen políticos sin vocación de servicio público, que ella solapa, cuyo único proyecto es su enriquecimiento personal.


Ojalá la Presidenta comprenda que, desde la perspectiva de Estados Unidos, el combate a las organizaciones criminales trasciende cualquier cálculo político o electoral. La crisis de fentanilo dejó de ser un problema de salud pública para volverse una amenaza de seguridad nacional. Más estadounidenses han muerto por sobredosis de opioides sintéticos que en todas las guerras libradas por ese país. La influencia internacional de organizaciones como el CJNG se extiende ya a los cinco continentes. Sus vínculos con pandillas y redes criminales en EU llevan décadas fortaleciéndose, mientras el riesgo de conexiones con grupos terroristas preocupa cada vez más. Si ella decide no ser parte de la solución, será vista como parte del problema. Su amistad con el presidente Trump es mucho más frágil de lo que imagina.




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La colaboración no es opcional


Columna de opinión escrita por Jorge Fernández Menéndez para el periódico Excélsior


Jueves 4 de junio de 2026


Jorge Fernández Menéndez

Los gobernadores de Sonora y Tamaulipas, Alfonso Durazo y Américo Villarreal, fueron despojados de sus visas, informó ayer Los Angeles Times, el mismo medio que había adelantado que se presentarían acusaciones contra Rubén Rocha y otros funcionarios sinaloenses, muy poco antes de que eso se oficializara. Los dos gobernadores, dice el periódico californiano, tienen visas provisionales para entrar al país del norte con el fin de que colaboren en las investigaciones que los involucran. Como adelantamos después de la reunión con Markwayne Mullin en Palacio Nacional, también están en el trance de contar con pedidos de detención la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, y el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedoya.


La situación legal de los cuatro es diferente: a Marina del Pilar hace ya meses le fue retirada la visa y es investigada, junto con su ahora exesposo, Carlos Torres, por sus relaciones con grupos el crimen organizado en la entidad. Américo Villarreal está en el centro de dos grandes entramados que se relacionan mutuamente: por una parte, fue el encargado por Morena, junto con Ignacio Mier, del proceso electoral de 2021 en Sinaloa, donde ganó Rubén Rocha en una operación coordinada con el cártel de Los Chapitos que no sólo financiaron (lo mismo que Ismael El Mayo Zambada) la campaña, sino que también secuestraron a decenas de operadores electorales de la oposición para que no participaran en la jornada comicial. 


Esas elecciones, como otras de ese año, fueron financiadas también por Sergio Carmona, una figura central en la trama del contrabando de combustible (era apodado El Rey del Huachicol) que fue asesinado poco después, en noviembre de 2021 en San Pedro Garza García. Su hermano, Julio, que fue jefe de la aduana de Reynosa en esa red de complicidades, en cuanto fue asesinado Sergio se fue a Estados Unidos y se convirtió en testigo protegido. Carmona se relacionó con Palacio Nacional e incluso estuvo con el entonces presidente López Obrador vía, entre otros, de Jesús Ramírez, director de Comunicación Social y actual coordinador de asesores de la presidenta Sheinbaum. 


Según las fuentes estadounidenses, fue desde el Centro Nacional de Inteligencia y de su jefe, Audomaro Martínez, que se reestructuraron las redes de Carmona, con funcionarios de aduana y la Marina, entre ellos los hermanos Farías Lagunes, sobrinos del entonces secretario Rafael Ojeda. 


Américo Villarreal está involucrado en ambas tramas criminales, como lo estarían sus hijos, estrechamente relacionados con los de Rocha Moya y con los del expresidente López Obrador. Dicen que Villarreal fue contactado por autoridades estadunidenses para que colabore en las investigaciones y que el gobernador rechazó cualquier relación con las agencias de Estados Unidos: desde hace meses no puede ingresar a ese país.


El caso de Alfonso Durazo es diferente. Al actual gobernador y primer secretario de seguridad de López Obrador (y con una larga carrera política en la que pasó por el PRI, el PAN, MC y ahora Morena, partido del que es el presidente del consejo nacional) se le renovó tiempo atrás su visa por sólo un año. Ahora, dice LA Times, se le otorgó una visa provisional con el fin de que colabore con las autoridades de ese país. Según fuentes estadunidenses, desde hace meses, Durazo ya está colaborando con la justicia de la Unión Americana.


En los tres casos resulta evidente que la prioridad de la estrategia estadunidense es asegurar su frontera sur (nuestra frontera norte). Confían en la colaboración con Chihuahua, de Maru Campos (a la presidenta estatal de Morena, Brighite Granados, ayer se anunció, también le quitaron la visa); con Coahuila, de Manolo Jiménez, y con Nuevo León, de Samuel García. Por eso están operando en Tamaulipas, Sonora y Baja California, cuyos gobiernos ven relacionados con grupos criminales. En el caso de Michoacán, además de las denuncias existentes, están preocupados por las extorsiones a los productores de aguacate y limón, entre otros bienes agrícolas que se exportan a EU; por las presiones que sufren los inspectores agrícolas estadunidenses; por el secuestro y explotación de minas y, sobre todo, por la utilización del puerto de Lázaro Cárdenas para el ingreso de fentanilo a México. 


Otro tema que está abierto y en donde continúan las investigaciones dentro de la Unión Americana es el de los consulados mexicanos. Son 28 los que están siendo indagados por el Departamento de Estado, con acusaciones de que hacen proselitismo a favor de Morena y en contra del Partido Republicano.


Hay más políticos y funcionarios investigados, vendrán “oleadas” de acusaciones, dijo el lunes la juez Polk en la comparecencia de Gerardo Mérida, pero la estrategia que parecen seguir las instituciones estadunidenses de seguridad pasa por las denuncias sin involucrarse en los debates soberanistas y en señalar, como hizo el embajador Ronald Johnson, en que la politización de la seguridad deviene en “oportunidades perdidas” en la colaboración bilateral en seguridad. Según dijo ayer el secretario de Estado, Marco Rubio, ante el Senado de su país, “no permitiremos que un cártel se haga pasar por un gobierno en nuestro hemisferio”, y puso una línea roja en su estrategia: colaborar con Estados Unidos en el combate a los grupos que denomina narcoterroristas “no es opcional”. EU, concluyó, puede ser “el mejor amigo o el peor enemigo”.


Ya en la noche reapareció López Obrador con una carta en la que busca polarizar y endurecer a CSP en un momento en que la relación está al límite y cuando intentan abrirle espacio con la opción de colaborar y no politizar. AMLO politiza al límite al meterse directamente con Trump. Va por la ruptura total.





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