Votos o balas
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Columna de opinión escrita por Luis Carlos Ugalde para el diario Reforma
Miércoles 3 de junio de 2026
Luis Carlos Ugalde
"Si no gana Rocha los vamos a matar a todos".
Era la madrugada del 6 de junio de 2021, día de elecciones en Sinaloa. Un joven con radio en mano vigilaba a un grupo de operadores electorales secuestrados. Llevaban horas con las manos atadas y los ojos vendados, trasladados de una casa a otra sin saber si saldrían vivos. Los captores preguntaban dónde estaba el centro de operación, dónde se reunían los representantes de casilla y dónde se guardaban recursos para movilizar votantes. No buscaban únicamente intimidar: querían desactivar la maquinaria electoral opositora y garantizar el triunfo de Morena.
No lo dijo la ultraderecha de Estados Unidos, sino las propias víctimas, según documentó Ríodoce una semana después de la elección. Uno de los episodios más dramáticos ocurrió en Badiraguato. Guadalupe Iribe, candidata opositora a la presidencia municipal, había recibido amenazas desde el inicio de la campaña. Primero secuestraron a uno de sus operadores. El día de la elección levantaron a su hermano y a varios colaboradores. Los golpearon y mantuvieron retenidos mientras se votaba. Esa mañana Iribe lloraba desconsolada: estaba dispuesta a renunciar con tal de recuperar a su familiar.
En Culiacán ocurrió algo semejante. Buena parte de la estructura de Faustino Hernández, candidato opositor a la alcaldía, fue inmovilizada por los narco-comandos. A pesar de ello, la diferencia final fue menor a cinco puntos. Después de la elección, Hernández pronunció una frase devastadora: "Si me hubieran dicho, yo me bajo". No era cobardía, sino el reconocimiento de una realidad elemental: cuando las balas sustituyen a los votos, la democracia deja de existir.
Ésta es la cara verdadera de una democracia secuestrada por el crimen organizado. No se trata únicamente de dinero ilegal en las campañas o de autoridades complacientes con los delincuentes. Se trata de violencia material: secuestros, amenazas, golpes y coacción. De hombres armados que deciden quién puede competir, quién puede hacer campaña y qué ciudadanos pueden ejercer sus libertades más básicas.
Eso es lo que está en juego con el caso Rocha Moya. Las acusaciones deben probarse en tribunales y respetarse las garantías del debido proceso. Pero convertir el asunto en una disputa sobre soberanía frente a Estados Unidos equivale a ignorar la otra soberanía amenazada: la del Estado mexicano frente a organizaciones criminales que se apoderan de territorios y roban elecciones.
La Presidenta ha pasado semanas pidiendo "pruebas" y desde el domingo acusando a la ultraderecha estadounidense de estar detrás de esta confabulación. Así dejó pasar una oportunidad para adoptar medidas preventivas de cara a las elecciones de 2027. La semana pasada se aprobaron reformas en materia electoral, incluida una causal de nulidad por intervención extranjera. Sin embargo, no se incorporó una causal equivalente para anular elecciones cuando exista intervención probada del crimen organizado: una injerencia violenta, tangible y devastadora para las libertades ciudadanas. En su lugar, se aprobó una comisión para verificar antecedentes de candidatos. Es una medida insuficiente y superficial frente a la magnitud del desafío.
Para efectos prácticos, en una porción significativa del territorio nacional se celebran elecciones formalmente democráticas, pero los barones locales deciden de antemano quién puede ganar y quién debe perder. Ahí, en esos municipios, la democracia es una ficción. El riesgo es que el modelo siga creciendo: que pase del ámbito municipal a más gobiernos estatales y alcance niveles aún más altos del poder político.
"México no es piñata de nadie", dijo la Presidenta. Pero la defensa de la soberanía no puede limitarse a responder a Washington. También exige recuperar los territorios en los que el Estado ha cedido el control a los criminales; impulsar reformas serias para contener la penetración del crimen en los procesos electorales; y fortalecer las fiscalías mexicanas para que no sean jueces de otros países quienes pretendan juzgar a nuestros criminales.
En medio de la polarización, conviene recordar que el dilema no es patria o traidores. Es libertad o servidumbre. Es democracia o crimen organizado. Es votos o balas.
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El caos del Mundial
Columna de opinión escrita por Raymundo Riva Palacio para el diario El Financiero
Miércoles 3 de junio de 2026
Raymundo Riva Palacio
Faltan nueve días para que miles de millones de personas vean la inauguración de la Copa Mundial de Futbol. El torneo había sido pensado por el régimen obradorista como una vitrina para mostrar la solidez de su movimiento, el orden y, ante tantas noticias negativas sobre México en el exterior por la violencia, la gobernabilidad. Pero hoy está reflejando el lado opuesto del sueño. Desorden, efervescencia social, debilidad de mando y balcanización política, que es lo que proyecta la Ciudad de México, microcosmos del país.
Las postales se esparcen por la capital federal. El Zócalo, rodeado con tiendas de campaña en plantón indefinido porque las autoridades no resolvieron los problemas de los maestros durante un año. En la Línea 2 del Metro, una de las grandes obras de infraestructura que se hicieron para los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de Futbol en 1970, la más cercana al Estadio Azteca, hecha un desastre. Tlalpan, convertida en una línea recta por donde se avanza en cámara lenta, por la gran obra de infraestructura del gobierno local de Clara Brugada para este evento internacional… una ciclovía.
Atropellan las cursilerías de Brugada de pintar paredes, calles y puentes del morado más espantoso que encontró, con la imagen de un ajolote que se volvió su obsesión –tiene ajolotes por todos lados en su oficina–, utilizándolo como instrumento de propaganda ideológica, mientras el hermoso anfibio prehispánico sigue muriéndose –en peligro de extinción– en los canales de Xochimilco, por la destrucción de su hábitat y la contaminación del agua, que el gobierno no atiende.
Hace cuatro años se anunciaron las 16 sedes para la Copa del Mundo. No gobernaba Brugada la ciudad, sino Claudia Sheinbaum, y el interés deportivo del presidente Andrés Manuel López Obrador se concentraba en el beisbol. No empezaron a hacer nada para preparar el país, y si bien no puede adjudicársele a Brugada el desinterés del pasado, en 20 meses le podría haber echado un poco más de ganas y no dejar todo para el último momento.
No puede denunciar que no le soltaron presupuesto –sería sacrilegio criticar al líder–, pero prometió obras que no hizo, o pudo destinar con mayor tino los recursos y, en lugar de pintar de morado la ciudad, invertirlos para desazolvar y evitar que las lluvias de junio acentúen los problemas de movilidad –la peor de las sedes mundialistas–, o inyectar al mantenimiento del sistema de transporte en lugar de meter dinero a las extravagancias del director del Metro, Adrián Rubalcava, de poner candelabros kitsch en algunas estaciones.
La movilidad no está resuelta. En sus pecados presupuestales lleva la penitencia. El tráfico se volvió un Armagedón urbano porque corrieron a quienes desde el aire desahogaban avenidas y calles. Como el austericidio obradorista redujo recursos de todas partes para aumentar los programas sociales, desapareció el turno nocturno que se dedicaba a las obras de mantenimiento que hoy se hacen en las principales avenidas o en el Periférico, al mediodía.
Pero hay postales más preocupantes, por explosivas. La más, en este momento, la toma del Centro Histórico por parte de la CNTE, la Coordinadora de maestros disidentes, que, con una experiencia perfeccionada en el paso de los años para lograr chupar del gobierno todo lo que le exija, están estrangulando no solo el corazón político de la nación, sino a sus propios gobernantes. Ya no solo es su plantón y campamento en el Zócalo, como lo hacen siempre durante mayo, sino que lo extendieron para presionar a las autoridades y mostrarles que en el horizonte está el sabotaje al Fan Fest de la FIFA.
El Fan Fest nació conceptualmente en la Copa del Mundo en Corea del Sur y Japón en 2002, cuando de los miles de aficionados que se congregaban en las plazas y calles para ver los partidos en las pantallas públicas, y cuatro años después, en Alemania, la FIFA los institucionalizó con festivales de música, comida, juegos interactivos y pantallas para seguir los partidos, que se han vuelto el alma festiva del Mundial. La acción de la CNTE amenaza esa fiesta popular, que debe preocupar a la FIFA y a los patrocinadores, porque podría no tener gente el jueves de la inauguración.
Los maestros tomaron ventaja de la incompetencia de las autoridades. Al cerrarles el Zócalo con vallas metálicas, improvisaron: su campamento original sobre 5 de Mayo, donde se replegaron, lo extendieron a las avenidas que conectan con el Zócalo. Si ellos no entran, no entrará nadie. A la CNTE no le importa la gente, como cada año lo demuestran en Oaxaca, donde se encuentra la Sección 22, con vínculos estrechos con la guerrilla, que conoce de tácticas disruptivas y desestabilizadoras, y que no está a gusto con un gobierno que se dice de izquierda y que consideran burgués.
Es probable, porque sucede cada año, que con dinero el gobierno federal resuelva ese conflicto. Pero hay otros que tienen raíces éticas y son incorruptibles: las madres de los desaparecidos, que una y otra vez han sido tratadas con desprecio y miedo por el régimen de la ‘4T’, que prefiere retratarse con beisbolistas o con la banda surcoreana de K-pop BTS que con ellas, que ya no piden, como en el pasado, que los regresen vivos sus hijos e hijas, sino encontrarlos para darles sepultura y cerrar el círculo de dolor.
Las madres de los desaparecidos han dicho que se harán presentes en el Mundial con su protesta silenciosa pero poderosa: las fotografías de sus hijas e hijos, que representan, como un hipertexto, el abandono institucional y el poder del crimen organizado sobre el Estado mexicano, resaltando la crisis nacional de violencia que no se detiene pese a los discursos permanentes del régimen con sus cuentas alegres sobre incidencia delictiva y miles de detenidos, que no frenan, sin embargo, los muertos en las calles y el campo mexicano. No son los únicos grupos que están en las calles.
Están los productores víctimas de las extorsiones criminales y los transportistas, que son asaltados y asesinados en las carreteras. Están los animalistas protestando por las corruptelas de funcionarios de la Ciudad de México. Los que no tienen medicinas y a quienes no resuelven sus problemas municipales. Hay frustración y miedo. Angustias y desesperanza. El Mundial, tercero que se realiza en México, no ha prendido. No se necesita ser un genio para saber por qué.























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