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Ucrania: Quinto año


Columna de opinión escrita por Jean Meyer para el diario El Universal


Lunes 13 de abril de 2026


Jean Meyer

Hace cuarenta y nueve días se cumplieron cuatro años desde que Putin lanzó su guerra de agresión contra Ucrania. Hace cuatro años y dos meses que México “se ha negado sistemáticamente a denunciar explícitamente las cosas por su nombre”. “El pacifismo que no distingue el agresor de la víctima no es pacifismo. Es complicidad”, dice Arturo Sarukhán. Ucrania lucha para sobrevivir, mientras que Putin manda a los rusos a la muerte por su imagen. La diferencia es importante.


Mil quinientos catorce días desde que Vladímir Putin lanzó su “operación militar especial”. Todo el mundo está agotado. Los combatientes en el frente. Las poblaciones, la ucraniana que paga un tributo mucho más pesado, pero la rusa también; y la opinión pública occidental que olvida a Ucrania y a Gaza y se preocupa por el precio de la gasolina en las estaciones. El tiempo pasa y cada día mueren militares y civiles. Putin es ya, después de Stalin, el huésped del Kremlin que mandó más sujetos a la muerte; cada día cientos de soldados caen en el molino de carne. No le importa al autócrata, porque él no paga el precio; el pueblo lo paga, especialmente los pobres de las regiones periféricas y de las minorías nacionales. A esto, Putin llama “desnazificar”. Noche tras noche, día tras días, drones y misiles caen a un ritmo acelerado sin distinguir entre objetivos civiles y militares, arrasando de manera sistemática todas las infraestructuras, devastando los bosques y el campo. Escuelas, hospitales, trenes y camiones de pasajeros son blancos. Los presos son torturados y asesinados; miles de niños de los territorios ocupados han sido deportados para hacer de ellos buenos rusos desnazificados y futuros combatientes contra Ucrania.


¡Qué aburrido! Es la rutina de cada día, cambie de tema, por favor, señor opinólogo. Hay que hacer la paz, a cualquier precio, puesto que el precio lo pagarán los ucranianos, no nosotros los ciudadanos del “Occidente global”. El mayor peligro que amenaza a Ucrania es la alianza entre Donald Trump y Vladímir Putin; los dos nos repiten que el obstáculo a la paz es Volodymyr Zelensky, el amigo de Sean Penn, el actor que no deja de ir a Ucrania, hasta el frente, para manifestar discretamente su solidaridad. Realizó un documental sobre Zelensky quién, fue como él actor, antes de ser presidente.


Los dos presidentes, el ruso y el estadounidense, son predadores mayores dispuestos a tasajear económica y territorialmente a Ucrania. Comparten también la visión de una Europa débil y decadente que no tiene los medios para defender su riqueza porque creyó que había llegado “el fin de la historia” y que el comercio sería la mejor defensa de la paz y de la democracia. Dinero y poder unen a Putin y Trump. Trump vende a Europa el gas que intenta dejar de comprar a Putin; y las armas que Europa le compra para que Ucrania las use. ¿Para defenderse? Ciertamente, pero al hacerlo Ucrania defiende a la egoísta, miope y dividida Unión Europea.


¿Alguien quiere la paz? Ucrania quiere una paz justa y sabe que Putin se come a la justicia en su desayuno. Para Putin sería una vergüenza reconocer el fracaso de la “operación”. La presidenta de su Banco Central dice que la guerra pesa demasiado sobre la economía: le vale. ¿El ejército empieza a tener problemas para reponer las 30 mil bajas mensuales? Por eso 20 mil soldados de Corea del Norte están en el frente, lo que aporta mucho dinero a su dirigente; por eso engañan a muchos africanos que se encuentran sorprendidos en el frente. Realistas, los ucranianos hablan de una guerra de treinta años. Ya cumplió doce.




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Penélope y la certidumbre


Columna de opinión escrita por Gerardo Esquivel para el diario Milenio


Lunes 13 de abril de 2026


Gerardo Esquivel

Todo mundo conoce la historia de Penélope, personaje de la mitología griega que destejía por la noche lo que había tejido en el día. Así estamos nosotros con el intento de construir un entorno de mayor certidumbre que sea propicio para la inversión y el crecimiento: avanzamos un poco en el día y retrocedemos por la noche. Por un lado, se anuncian proyectos de inversión mixta y se realizan acercamientos con el sector privado. Por el otro, algunas instancias, como el Sistema de Administración Tributaria (SAT) y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), toman decisiones que afectan negativamente la confianza y la certeza jurídica.


El caso más reciente fue la autorización que otorgó la SCJN a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) para que esta pueda congelar o suspender el acceso a cuentas bancarias sin que exista la instrucción de un juez o de una autoridad financiera internacional. Esta decisión es, como ya lo han señalado varios especialistas, abiertamente violatoria del derecho de propiedad de las personas y de la presunción de inocencia a la que todos los mexicanos tenemos derecho.


La defensa que hicieron los ministros de la Corte que aprobaron esta medida fue francamente ridícula: le llamaron medida administrativa a una decisión que puede afectar la vida y el bienestar de las personas afectadas. Estos ministros tomaron esta decisión a sabiendas de que esta medida no tiene ninguna definición sobre su temporalidad ni de las condiciones bajo las que puede ocurrir dicha suspensión. Quedará para la posteridad el discurso cantinflesco de la ministra Ma. Estela Ríos, exconsejera jurídica de la Presidencia, para intentar justificar su voto aprobatorio.


El poder que le otorgó la Corte a la UIF es desproporcionado y, peor aún, discrecional. ¿Quién define lo que se considera sospechoso? No basta con que el actual director de la UIF salga a decir que ese poder solo se utilizará contra personas sospechosas de estar vinculadas al crimen organizado y que no se usará con motivaciones políticas. Esto pudiera incluso ser cierto en su caso personal, pero ¿quién garantiza que alguien más en el futuro no pudiera hacer un mal uso de dicho poder? Ya en el pasado reciente vimos a un exdirector de la UIF prestarse a utilizar políticamente a esa instancia. ¿Por qué esto no podría repetirse?


La decisión de la Corte es dañina en otra dimensión: confirma los prejuicios y las peores expectativas que muchos tenían sobre la reforma judicial. La idea expresada por muchos en el sentido de que con esta reforma se podría afectar la certeza jurídica ahora cobra vida y se materializa precisamente en decisiones como esta. No sorprende saber que, en la más reciente encuesta del Banco de México a Especialistas del Sector Privado, 0 por ciento (¡cero!) de ellos considere que este es un buen momento para realizar inversiones y que 68 por ciento opine que el clima de negocios en los próximos seis meses se mantendrá igual o que podría incluso empeorar. Dejemos de destejer de noche lo que tejemos de día. Lo que en Penélope era un acto de fidelidad extrema, en este caso es un acto de mera incongruencia política



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