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Un país no listo


Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior


Lunes 30 de marzo de 2026


Pascal Beltrán del Río

El partido de futbol entre las selecciones de México y Portugal, celebrado el sábado, en el marco de la pomposa reinauguración del Estadio Banorte, resultó ser mucho más que un evento deportivo; fue la concentración de varios de los problemas estructurales que aquejan a la sociedad mexicana. 


Lo que debió ser una fiesta de unidad y orgullo nacional terminó con un estruendoso abucheo al Tri por parte de una afición que abarrotó el Coloso de Santa Úrsula. Estos seguidores, que pagaron precios exorbitantes por asistir, dejaron claro con su reacción que no recibieron el espectáculo que creían merecer. El síntoma más preocupante de esta desazón ocurrió durante los minutos finales: el público no sólo coreó “oles” ante los pases de los portugueses, sino que lanzó en repetidas ocasiones el grito prohibido por la FIFA. Lo distintivo y doloroso en esta ocasión fue el destinatario; el grito no fue para los despejes del portero rival, sino para los del guardameta mexicano, Raúl Tala Rangel.


Esta fractura entre el equipo y su gente es el espejo de una gestión logística y política que parece haber subestimado la magnitud del compromiso. Pese a que hace ocho años México fue declarado sede del Mundial de 2026, junto con Estados Unidos y Canadá, el tiempo se ha venido encima para la preparación de las ciudades anfitrionas. En Monterrey, la promesa de un tren elevado no se cumplirá a tiempo. Por su parte, la Ciudad de México sigue castigada por los baches y la falta de obras de infraestructura necesarias para albergar una Copa del Mundo, mucho menos para presumir ser la sede de la inauguración.


La crisis de infraestructura se hace evidente desde la llegada al Aeropuerto Internacional Benito Juárez. Tras la cancelación del proyecto de Texcoco por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la capital se quedó con una terminal saturada donde, a poco más de dos meses de la inauguración mundialista, todavía se pegan pisos en pasillos por donde circulan miles de pasajeros y se colocan trabes con grúas a marchas forzadas. El entorno del Estadio Banorte no es mejor. Aunque la remodelación del recinto luce completa —quizá porque la iniciativa privada se hizo cargo de ella—, los alrededores son un caos de obras inconclusas. El sábado, los aficionados se vieron obligados a llegar caminando largas distancias ante la falta de estacionamientos y un sistema de transporte público que mostró ser inadecuado e insuficiente.


En la imagen que México proyecta al mundo, la seguridad pública es quizá el flanco más vulnerable. El desastre provocado por las políticas de la administración anterior permitió que las actividades del crimen organizado se expandieran a niveles alarmantes. No resulta descabellado pensar que la ausencia de la gran estrella del partido, Cristiano Ronaldo, se haya debido a serias consideraciones de seguridad; su recuperación “milagrosa” de la lesión que explícitamente le impidió viajar a México sugiere que el riesgo país pesó más que el deseo de jugar en una cancha con etiqueta de mítica.


En un sentido más amplio, México no parece listo para asumir su lugar como la decimotercera economía del planeta. El país navega amarrado al destino de Estados Unidos mientras su gobierno expresa, con nostalgia, su apego a un mundo en retirada, manifestado en su persistente apoyo al régimen castrista. La integración a la zona de libre comercio de América del Norte ha sido el motor de las últimas tres décadas, pero esa plataforma manufacturera hoy cruje ante el avance de la inteligencia artificial y la automatización, áreas en las que el país no ha invertido lo suficiente para mantenerse competitivo.


En lo futbolístico, aunque dejaré el análisis técnico a los expertos, es evidente que esta selección no emociona. El sábado, en su gran prueba de fuego, México mostró una incapacidad crónica para armar jugadas en el medio campo, cometió errores defensivos que sólo la falta de puntería rival evitó que fueran tragedia, y generó escaso peligro en la delantera. El mejor termómetro de esta desorientación nacional, de esta falta de rumbo y concreción de objetivos, fue esa rechifla final. México, en su estadio y con su gente, se mostró como un país que, sencillamente, no está listo para el futuro que ya lo alcanzó.




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Meditación


Columna de opinión escrita por Macario Schettino para el diario El Financiero


Lunes 30 de marzo de 2026


Macario Schettino

Ocurren tantas cosas que es imposible hablar de todas ellas. Por ejemplo, no hemos podido analizar con detalle el doble golpe sufrido por Sheinbaum en su intento de controlar las elecciones para beneficio sólo de su partido. Se confirmó con ese doble intento el carácter excluyente del movimiento, que hemos aquí calificado como una de sus cuatro características fundamentales, que hacen prácticamente imposible su permanencia por mucho tiempo: excluyente, indisciplinado, voraz e incompetente.


Tampoco hubo posibilidad de hablar de la chicanada de Hacienda, que expulsa un centenar de donatarias autorizadas, e incluye en ellas los “Think Tanks” que más le molestan: IMCO, México Evalúa, Mexicanos Primero, Mexicanos contra la Corrupción e Impunidad, entre varias otras. Se suma este golpe a los que ya han asestado a los medios de comunicación, para reducir la crítica y magnificar las alabanzas. La propaganda mañanera debe ser la única forma de pensar en México, creen ellos, pero eso es ya imposible a menos que también quieran controlar el espacio de las redes, como lo hacen los regímenes claramente autoritarios: China, Rusia, Irán.


No pudimos referirnos a la bajeza de la fracción de Morena en el Senado, que se puso a gritar “¡Morón!” frente a la visita de Grecia Quiroz, viuda de Carlos Manzo. Raúl Morón, senador de Michoacán por Morena, ha sido acusado de ser posible instigador, o autor intelectual, del asesinato de Manzo. Es también precandidato de Morena para la gubernatura que se definirá el próximo año.


Con respecto a la guerra de Irán, llevamos días sin referirnos a ella. En parte, es difícil tener una idea clara de lo que ocurre, porque en todas las guerras, como sabe, la primera víctima es la información. Lo que parece claro es que eso ya se pudrió, y ya no hay salida fácil. Tres países del Golfo piden que ya termine, mientras otros tres quieren que siga hasta que Irán quede incapacitado para atacar. Todo indica que Rusia está suministrando inteligencia a Irán, que le ha permitido destruir una parte no menor del equipamiento estadounidense. A pesar de ello, Trump le quita sanciones a Rusia, que de cualquier manera no está pudiendo aprovechar el alto precio del crudo porque Ucrania ha inhabilitado dos de las tres salidas marítimas de Rusia, en el Mar Negro y en el Báltico.


No hemos tenido oportunidad de comentar acerca de la decisión del Banco de México: reducir la tasa de interés, a contrapelo de lo que han hecho todos los bancos centrales. Los rendimientos a largo plazo, sin embargo, siguen subiendo, presionados tanto por el déficit del gobierno como por la situación internacional. La curva de rendimientos se hace más empinada, y creo que eso puede alimentar la estanflación.


Al respecto, el estancamiento de la economía creo que se ha confirmado con los datos de enero, y con la información de alta frecuencia, que alcanza hasta marzo. Por si hubiese duda de las razones, The Economist le dedica un par de textos a México en su último número, en donde encontrará usted muchas cosas que ya leyó antes aquí, pero el alcance de la revista más prestigiada del mundo en estos temas es muy diferente. En ambos textos, llaman a Sheinbaum a liberar al sector privado y de verdad impulsar la inversión.


Por cierto, tampoco hemos podido comentar que la industria automotriz (el sector de equipo de transporte) ha perdido cien mil empleos desde 2024, 80% de ellos en proveedores y autopartes. Si las exportaciones siguen creciendo, es por la industria de electrónicos, que no genera empleos en la misma magnitud: ha creado 15 mil, que son buenos, pero que no compensan lo que parece un derrumbe en la otrora líder de las manufacturas.


Había que mencionar todo esto antes de que usted se concentre en la meditación y penitencia que los mexicanos acostumbran en estos días santos.




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Los Ultritas


Columna de opinión escrita por Mauricio Merino pare el diario El Universal


Lunes 30 de marzo de 2026


Mauricio Merino

Así les decíamos en la universidad: los ultritas, porque iban haciendo la revolución por todas partes, todo el tiempo: en cada conversación, en todas las clases, en el puesto de las tortas, en la explanada, en el bar de enfrente. Alguien les había inoculado la doctrina y ellos la adoptaron –con sinceridad y convicción– para repetirla en todas las oportunidades. Vivían, a un tiempo, felices y furiosos: eran dichosos por su heroísmo, pero debían ser intransigentes e inflexibles para cumplir con su misión.


Contaban con un pequeño arsenal de frases e ideas prefabricadas, que utilizaban siempre. Su tarea era exacerbar las contradicciones del capitalismo, llevando cada interacción entre proletarios y burgueses hasta el límite. Algunos eran hijos e hijas de familias muy bien acomodadas (así se decía: acomodadas) que, sin embargo, habían hecho votos de frugalidad para la lucha de clases. Otros habían llegado a la universidad gracias al esfuerzo tenaz de sus progenitores, pero la mayoría tenía padres o madres académicas o servidoras públicas: eran parte de la clase media emergente.


Dejé de escuchar ese lenguaje típico de los setenta cuando salí de la universidad. Con el paso de los años, aprendí a distinguir otros léxicos entre los militantes de los partidos que protagonizaron la transición hacia la pluralidad. En los noventa era capaz de detectar las preferencias partidarias de mis interlocutores tras intercambiar apenas cuatro frases. Sabía quiénes eran del PRI, del PAN o del PRD por lo que decían y por lo que defendían.


Paradójicamente, los más parecidos a los ultritas eran los priistas. Muchos hablaban todavía de su origen revolucionario, de la justicia social, del nacionalismo y de la democracia popular. Poco después abandonarían ese lenguaje para volverse defensores del neoliberalismo. Pero antes seguían hablando de la alianza histórica entre los sectores campesino, obrero y popular. El líder sempiterno de la CTM, Fidel Velázquez, lo fraseó mejor que nadie: “a balazos llegamos al poder y sólo con balazos nos lo quitarán”.


Los panistas hablaban, en cambio, de libertades y estado de derecho. Defendían el libre mercado, la educación privada, el municipalismo, el federalismo, la división de poderes y los valores patrios, simbólicos, como factores de unidad. Eran los más firmes defensores de la democracia liberal y se decían herederos de Francisco I. Madero.


De su parte, los perredistas se decían de izquierdas (pues entre ellos había muchas diferencias) y se asumían como voceros de las clases populares y de los sectores marginados del acelerado desarrollo urbano de esa época, que incluía a los trabajadores informales, a los estudiantes universitarios, a los primeros feminismos y al sindicalismo independiente. Habían renunciado explícitamente al comunismo y a la lucha armada que algunos abrazaron antes y se decantaban por la sociedad organizada, por la libertad de culto, por los derechos de las minorías y por la conquista democrática y pacífica de los poderes públicos.


Hoy es difícil identificar esas identidades, excepto por los partidarios de Morena: su iracundia, su heroísmo de cafetería y su capacidad de difamar a todos los demás me recuerda a los ultritas de los setenta. Los actuales también están viviendo su revolución y construyendo su dictadura del proletariado, aunque ahora lo hagan desde los poderes públicos. Se niegan a dialogar con nadie que no comparta el credo obradorista, niegan cualquier hecho que los contradiga y reaccionan con furia a cualquier crítica, insultando sin matices a sus interlocutores. Y como aquéllos, los ultritas nuevos no descansan, no dan tregua, no transigen, no toleran. La diferencia es que los setenteros soñaban con la revolución, mientras que los actuales gobiernan el país.



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