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Una decisión de Palacio


Columna de opinión escrita por Joaquín López-Dóriga para Milenio


Miércoles 12 de agosto de 2026


Joaquín López-Dóriga

Repiten que es mentira porque

no pueden encarar la verdad.


Florestán


A Medida que se acerca este fin de mes, afloran inconteniblemente las disputas al interior de Morena por las candidaturas.


Y es la inevitable lucha por el poder, en lo que todos estamos de acuerdo menos sus militantes y dirigencias como si se creyeran el cuento de López Obrador de que en realidad son diferentes que al ser iguales, los hace peores.


En estas circunstancias, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene ante sí la aduana más dura de su gestión hasta ahora.


Primero, la decisión de si es ella, y no su antecesor ni su círculo, quien va a tomar las decisiones en Morena, por más que me hablen de encuestas y, segundo, de ser así, resolver tres mil 419 candidaturas: 17 gubernaturas, 500 diputados, 200 plurinominales, mil 804 alcaldías en treinta estados y mil 98 legisladores en 31 Congresos locales.


Sheinbaum decidió mantener el esquema heredado de los coordinadores de la defensa de la transformación, que no son más que quienes serán candidatos, con lo que dan vuelta a la ley y maquillan el delito de actos anticipados de campaña con las complicidades del INE y del Tribunal Electoral, al servicio del régimen.


Este escenario, elegir tres mil 419 candidatos es el origen de las luchas que, por su intensidad, ya no pueden contenerse al interior del partido y empiezan a desbordarlo, lo que es inevitable porque el poder hoy solo existe en Morena por lo que es irremediable que la lucha se dé ahí.


Pero en este contexto, la primera decisión es de la presidenta Sheinbaum: quién va a tomar las decisiones electorales, Palenque o Palacio.


Voy con Palacio.


Lo veremos muy pronto.




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Predicar con el ejemplo


Columna de opinión escrita por Luis Carlos Ugalde para Reforma


Miércoles 12 de agosto de 2026


Luis Carlos Ugalde

La Ley General de Transparencia establece que la información pública debe ser veraz, confiable y verificable. Más aún: el Poder Judicial ha determinado que la comunicación presidencial debe regirse por los principios de veracidad, objetividad y neutralidad. Sin embargo, durante los últimos años el gobierno ha incumplido cotidianamente esos estándares.


En El Imperio de los Otros Datos, Luis Estrada contabilizó más de 67 mil afirmaciones falsas, engañosas o no comprobables de López Obrador durante los primeros tres años de su gobierno; su recuento del sexenio supera las 100 mil. Entre las más memorables estuvieron que México ya tenía un sistema de salud mejor que el de Dinamarca, que el huachicol había sido prácticamente erradicado o que ya no había corrupción.


En diciembre de 2024 un tribunal sostuvo que la sección Quién es quién en las mentiras de las mañaneras había creado un "sistema de propaganda gubernamental posfactual" que deformaba la verdad desde el poder e impedía a los ciudadanos acceder a información en condiciones de veracidad, objetividad y neutralidad. También estableció que la comunicación del Ejecutivo debe apegarse a reglas y criterios claros, objetivos y transparentes.


No obstante, las exageraciones y afirmaciones difíciles de sostener han continuado. La Presidenta ha dicho, por ejemplo, que el Tren Maya es rentable. La discusión no es si todo lo que dice un Presidente debe ser incontrovertible, sino si quien dispone de la mayor plataforma informativa del país tiene una obligación especial de distinguir hechos comprobables de propaganda, opiniones y deseos.

Además de las afirmaciones falsas, hay una segunda forma de erosionar la veracidad: el denuesto. Artículo 19 lleva años documentando la estigmatización de periodistas desde el poder. Una mañanera que mezcla datos gubernamentales con acusaciones, descalificaciones y juicios sobre críticos difícilmente puede presentarse como un ejercicio de rendición de cuentas.


Y existe un tercer problema: la información selectiva. Esta semana, al presentar avances en seguridad, el gobierno destacó la reducción de homicidios y otros delitos. Son avances que deben reconocerse. Pero una rendición de cuentas completa debería mostrar también aquello que no mejora o que permanece como desafío. Por ejemplo, seis de cada diez habitantes de las ciudades todavía consideran inseguro vivir en ellas, o bien, hay menos homicidios, pero mayor número de desaparecidos. Informar con veracidad significa presentar la fotografía completa, no solamente el ángulo que favorece al fotógrafo.


Todo esto resulta paradójico frente a la ofensiva gubernamental para "defender" a las audiencias frente a la mentira o manipulación de los medios. La idea en sí misma es razonable: las audiencias tienen derechos y los medios deben rendir cuentas. El problema es el doble estándar. Morena presenta las mañaneras como un ejercicio de rendición de cuentas de la Presidenta ante el pueblo, pero con frecuencia funcionan también como propaganda política: información seleccionada por el propio gobierno, mezclada con opiniones, ataques a los críticos y preguntas complacientes de reporteros que supuestamente acuden a someterlo a escrutinio.


La asimetría es evidente. Una persona que considere vulnerados sus derechos por un radiodifusor puede acudir a su defensor de audiencias. La ley incluso contempla multas de hasta 1% de los ingresos acumulables cuando los concesionarios no establecen esos mecanismos de defensa o no nombran defensor. Quien es acusado o denostado desde Palacio Nacional, en cambio, no dispone de un procedimiento equivalente que obligue a la Presidencia a darle respuesta desde la misma plataforma.


Si el gobierno quiere exigir que los medios distingan entre información y opinión, podría comenzar haciendo lo mismo. Si exige defensores de audiencias, debería establecer un mecanismo de réplica para quienes son señalados desde la mañanera. Y si pretende combatir la manipulación informativa, debería someter sus propios datos a estándares de integridad, contexto y verificación.


El gobierno no puede exigir lo que no da. Antes de regular la veracidad de otros, debería empezar por predicar con el ejemplo.








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