Una Presidenta sola
- Noticias Cabo Mil

- 27 mar
- 7 min de lectura
Columna de opinión escrita por Alfredo Campos Villeda para el diario Milenio
Viernes 27 de marzo de 2026
Alfredo Campos Villeda
Los antecedentes son relevantes, porque de ellos se deriva buena parte de la explicación de lo que sucedió el miércoles en el Senado. Un grupo de partidos, bajo la simbólica denominación de 4T, discute y vota una reforma que antes fue negociada por ellos mismos con la Presidenta. Ya antes le echaron abajo el plan A, uno que traía como encargo de su antecesor. Ella corrige y lanza uno nuevo, con aportaciones propias, con el supuesto teórico de que esas tres fuerzas que la acompañan tienen los números suficientes para lograrlo.
Ya frustrado el primer intento, porque justamente dos de sus tres “aliados”, partidos Verde y del Trabajo, se negaron a arriesgar sus jugosas ganancias obtenidas por medio de vender caro su amor, as usual, ahora uno de ellos, el PT, ha decidido apoyar el plan B, pero sin un punto que la gobernante había defendido, adelantar la revocación de mandato para empatarla con la elección federal de 2027. Ante toda esta revuelta de los “amigos” de aventura electoral, Morena se ha limitado a consentirlos con discursitos de que la alianza es más fuerte que nunca.
Fuera máscaras: Morena, PT y Verde han dejado sola a Claudia Sheinbaum. Se ha quedado sola.
Hablábamos de los antecedentes al principio. Sheinbaum llegó con un gabinete que hiede a lopezobradorismo. Tuvo que cargar con el acuerdo corcholatero de que todos los aspirantes iban a recibir premio. Todos enemigos en tanto contendientes por la candidatura. Fue así como heredó a Marcelo Ebrard en Economía, a Adán Augusto López al frente de Morena en el Senado, a Ricardo Monreal liderando en la Cámara de Diputados, a Gerardo Fernández Noroña como presidente de la Cámara Alta, donde Manuel Velasco se ha sumado al boicot contra ella. ¿Cómo maniobrar así?
La debilidad política de la Presidenta es inocultable. Su soledad, no se diga. Los acuerdos inconfesables con AMLO no le permiten deshacerse de toda esa gente que juega en su contra. Además de consentir su continuidad, no se atreve a cuestionarlos en público. En los casos de PT y Verde, hasta disculpa su rebelión. Pero la peor traición no es de esos partidos, proclives a prostituirse.
La peor traición es la de Morena, que ha dejado sola a la Presidenta. A su Presidenta.
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El guión
Columna de opinión escrita por Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior
Viernes 27 de marzo de 2026
Pascal Beltrán del Río
En el vasto y creativo catálogo de la retórica política mexicana, hemos transitado de la “dictadura perfecta” a lo que podríamos llamar la “evasiva perfecta”. Para los gobiernos de Morena, la realidad no es un conjunto de hechos comprobables, sino una plastilina maleable que se ajusta según el humor matutino.
No importa si se trata de un colapso de infraestructura, un escándalo de corrupción con nombres y apellidos, un derrame de hidrocarburo o una cifra de violencia que haría palidecer a cualquier país en guerra; la respuesta siempre será un guion perfectamente ensayado que oscila entre la amnesia selectiva y el martirio heroico.
Es fascinante observar cómo, ante cualquier crisis que amenace con manchar el límpido plumaje de la transformación, la primera línea de defensa es el entrañable “no sabemos nada”. Es una ignorancia casi mística, una pureza informativa que los mantiene a salvo de la contaminación de los hechos, como si los funcionarios vivieran en una burbuja de helio flotando sobre un país que desconocen por completo.
Ahora bien, si la realidad insiste en tocar a la puerta con pruebas, videos o documentos, el siguiente paso es el universal “es falso”. No se necesitan pruebas para desmentir, basta con la fuerza moral de la palabra oficial. A ese desmentido, a veces se agrega el retador “presenta tu denuncia”, sabiendo muy bien que ninguna queja prosperará.
Y si, por un descuido, la falsedad resulta ser muy evidente para ignorarla, surge el mantra burocrático por excelencia: “Estamos investigando”. Una frase con la capacidad de congelar el tiempo; es el limbo donde las explicaciones van a morir mientras la opinión pública se distrae con el siguiente escándalo.
Pero cuidado, si la investigación tarda —como suele ocurrir hasta que el sol se enfríe— y la presión social aumenta, siempre queda el recurso de minimizar. “No es tan grave”, nos dicen con una sonrisa condescendiente, sugiriendo que nuestra indignación es producto de una sensibilidad burguesa exagerada. Al parecer, el país no se está cayendo a pedazos, sólo se está “reacomodando” de forma estrepitosa.
Cuando la evidencia es tan voluminosa que ni el optimismo más ciego puede ignorarla, entra en juego el matiz retórico: “Bueno, es parcialmente cierto, pero los adversarios hacen un escándalo”. Aquí la culpa se traslada de quien comete la falta a quien tiene la osadía de señalarla. Es el arte de culpar al mensajero mientras se reconoce a medias el incendio.
Pero no se acaba allí el repertorio, pues si ese argumento se empantana, siempre pueden sacar el as bajo la manga, el escudo eterno: “El PRI y el PAN eran peores”. Es la validación del error propio a través de la podredumbre ajena. Si antes robaban diez y ahora roban cinco, deberíamos estar agradecidos por el descuento. Esta comparación se personaliza con el villano favorito de la narrativa oficial, porque, pase lo que pase, “es culpa de Felipe Calderón”. Si llueve, si no llueve, si el Metro falla, si la cifra de desaparecidos crece o si la economía se estanca, el rastro de pólvora siempre conduce a un sexenio que terminó hace más de una década. Es una gestión que gobierna mirando por el espejo retrovisor, convencida de que el pasado es una excusa válida para la incompetencia del presente.
Eventualmente, cuando el cinismo ya no alcanza, llega la aceptación resignada: “Sí es cierto, pero ya se está atendiendo”. Es la promesa de una acción que rara vez vemos, pero que suena reconfortante en el discurso.
Para darle un barniz de legalidad a esta inacción, nos informan con solemnidad que “ya se abrió una carpeta de investigación”. Es el agujero negro de la justicia mexicana, donde los expedientes se acumulan como hojas secas en otoño, esperando que el olvido haga su trabajo. Y finalmente, cuando la tragedia es innegable y el dolor social es palpable, llega la frase que busca sellar la grieta con clientelismo: “Nadie se va a quedar sin apoyo”. Al final, todo se reduce a una transferencia, a un monto de dinero que pretende sustituir la eficiencia, la seguridad y la justicia.
Así, entre pretextos y otros datos, la imagen del movimiento transformador se mantiene inmaculada mientras el país aprende que con este gobierno, la realidad es lo de menos si el guión se sigue al pie de la letra.
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Interdependencia estratégica en el
T-Mec
Columna de opinión escrita por Marcela Gómez Zalce para el diario El Universal
Viernes 27 de marzo de 2026
Marcela Gómez Zalce
La persistencia inflexible en la conducta o creencia acompañada además de resistencia a modificaciones o al cambio incluso cuando existen razones y evidencias en contra, colocaron al gobierno de Sheinbaum en una encrucijada en un contexto político fuera de su control.
El punto de decisión, epicentro entre varias estrategias posibles y cuyos resultados dependieron también de la agenda de otros actores crearon un nodo en la decisión estratégica donde todas las acciones disponibles generaron diferentes equilibrios y resultados interdependientes entre los involucrados.
El tiradero y desaseo político alrededor de la reforma electoral ha exhibido mucho de las formas, pero sobre todo del fondo. El ambiente en las burbujas de poder aliadas y dentro de Morena emiten un tufo de toxicidad y abierto desafío a la figura presidencial.
Surge una de varias preguntas, ¿la inclusión de la revocación de mandato respondió a una estrategia de reducción de incertidumbre ante la muy compleja coyuntura no sólo doméstica sino en la relación con los Estados Unidos?
La señal que mandó Palacio Nacional para introducir mecanismos de control institucional para evitar descalabros y desequilibrios desfavorables sigue en la mira telescópica del rifle estadounidense justo en medio de la sala de las negociaciones del T-MEC. La insistencia durante semanas para la aprobación de la manoseada reforma electoral —y el art. 35– como gestión del riesgo político ante la incertidumbre económica, la polarización nacional y la presión bilateral, parece responder al tablero moreno que ya presenta grietas importantes en su estructura y en la cadena de mando.
Por si fuera poco, el reciente informe sobre los índices inflacionarios hizo palidecer a más de uno y no pocos analistas advierten, de continuar esta tendencia, sobre una estanflación de la economía mexicana. Hecho sumamente peligroso porque se erosiona de manera simultánea la legitimidad económica y la capacidad de gobernabilidad. Y estos factores, en los meses por venir, son campos minados en un contexto geopolítico convulso e incierto en sus predicciones sobre los impactos globales y México no es ajeno a esos vaivenes.
Ahora bien, el riesgo combinado de una economía débil, un conflicto político y los problemas de seguridad ocurriendo en la misma línea de tiempo, es una amenaza sistémica de gobernabilidad. No es un problema aislado sino varios ya conectados que, además, se refuerzan entre sí enmarcados en la práctica demencial en esta administración de hacer titánicos esfuerzos para promover la inversión al mismo tiempo que se torpedea el Estado de derecho, alentando a la incertidumbre.
Esta convergencia de factores es el tipo de escenario que también influye en negociaciones externas como la revisión-negociación del T-MEC.
Pese a distractores y enfoques cortos de miras que limitan la capacidad de anticipación, todo está relacionado:
La interacción entre presiones externas, riesgos macroeconómicos internos y mecanismos de legitimidad política configuran un entorno estratégico donde el T-MEC, una estanflación, el circo en la esfera judicial y la manoseada reforma electoral, se vuelven variables interdependientes que podrían generar un entorno de negociación multidimensional.
En la presente coyuntura que vive México, ¿se podrían crear las condiciones para un quid pro quo en el juego estratégico complejo del T-MEC?























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