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Vivir en campaña


Columna de opinión escrita por Mauricio Merino para el diario El Universal


Lunes 22 de junio de 2026

Mauricio Merino

Esta semana arrancarán las campañas anticipadas de Morena, con el registro de quienes aspiran a representar esas siglas en los comicios del 2027. Esa decisión de convocar mítines “informativos”, de repartir propaganda impresa y de llamar puerta por puerta con el pretexto de seleccionar a quienes coordinarán ese movimiento “en tierra”, está cargada de símbolos que no deben pasarnos inadvertidos.


El primero que salta a la vista es la burla a las reglas electorales. A nadie escapa que el partidogobierno estará vulnerando las normas que prohíben expresamente hacer campañas electorales fuera de los tiempos establecidos por la Constitución, que a la letra dice: “La ley establecerá los requisitos y las formas de realización de los procesos de selección y postulación de candidatos a cargos de elección popular, así como las reglas para las precampañas y las campañas electorales. La duración de las campañas (…) en el año en que sólo se elijan diputados federales (será de) sesenta días. En ningún caso las precampañas excederán las dos terceras partes del tiempo previsto para las campañas electorales”.


Para atropellar esa restricción, Morena usará dos recursos: dirá que no son campañas ni precampañas sino otra cosa y echarán mano del generoso respaldo del INE y del Tribunal Electoral para convalidar ese fraude a la ley, como ya sucedió con el famoso episodio de “las corcholatas” (entre muchos otros casos de “pena ajena”, en los que ambas instituciones se han arrodillado ante el aparato que controla el poder nacional). Y harán algo más: dirán que anticipan esas campañas para defenderse de las acusaciones de sus críticos y sus adversarios que los culpan de faltar a la ley. Una joya de la contradicción retórica.


Para mayor abundamiento (como decían los abogados de barandilla) anuncian que no aceptarán ningún acto de corrupción y que desecharán las candidaturas que utilicen recursos públicos. Solo ellos saben qué entienden por corrupción, pues en rigor, es corrupta cualquier persona que vulnera la ley para obtener un beneficio indebido (como anticipar campañas).


Pero además omiten que está expresamente prohibido llevar a cabo esos actos de propaganda sin dar cuenta de los gastos que implican ante las autoridades electorales, aunque el dinero viniera de sus propios bolsillos. Y la misma ley dice que quienes rompan esa regla serán castigados con la negación de su registro formal como candidatas o candidatos. Otra joya: de cumplirse la norma vigente a cabalidad, ninguna de las personas que participen de ese despropósito podría registrar su candidatura para las elecciones del 2027.


De otra parte, las campañas anticipadas están convocadas explícitamente para denostar a la oposición y llamar a la movilización popular en su contra. Ya que no pueden llamar a las cosas por su nombre, han optado por justificar la simulación con el argumento de estar siendo víctimas de una campaña de desprestigio orquestada por la ultraderecha internacional, en alianza con partidos y personas que han optado por traicionar a la patria.


No es un asunto trivial: las campañas que se pondrán en marcha desde hoy no pondrán el acento en los programas o en los proyectos que ofrecen para el futuro de México, sino en la confrontación deliberada con sus adversarios; serán campañas diseñadas para descalificar cualquier alternativa opuesta al gobierno y para acentuar la polarización política del país.


En el camino, inevitablemente, habrá acuerdos, pactos y negociaciones de toda índole para seguir afirmando el predominio del aparato que gobierna el país como la prioridad indiscutible del régimen. Nada será más importante, ningún asunto podrá resolverse sin tener ese objetivo en mente y nadie podrá ofrecer resistencia sin pagar los costos de la indisciplina.




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T-MEC y Mundial: historias paralelas


Columna de opinión escrita por ​Gerardo Esquivel para el diario Milenio


Lunes 22 de junio de 2026


Gerardo Esquivel

El tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (conocido como T-MEC) y el Mundial de Futbol 2026 no solo comparten a los mismos actores y anfitriones principales, sino que también fueron concebidos y concretados en fechas similares. En un caso, las negociaciones que llevaron a la aprobación del T-MEC comenzaron formalmente a mediados de 2017 y culminaron, en una primera instancia, con la firma de los tres países a finales de 2018 durante la Cumbre del G-20 en Buenos Aires. En el caso del Mundial, la propuesta conjunta de los tres países de Norteamérica para albergar el torneo se presentó formalmente ante la FIFA en abril de 2017, mientras que el acuerdo que le otorgó la sede del Mundial a los tres países norteamericanos (por encima de la propuesta alternativa de Marruecos) se tomó en el Congreso de la FIFA que tuvo lugar en Moscú a mediados de 2018.


Esto no es una casualidad. Noten que, en ambos casos, ya estaba Trump en la presidencia de Estados Unidos y que, a pesar de su retórica agresiva en contra del tratado comercial anterior (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o Nafta, por sus siglas en inglés), Trump no optó por cancelarlo sino por renegociarlo y ajustarlo. En el caso del Mundial, la propuesta conjunta también fue avalada por Trump, lo que de alguna manera representaba un alineamiento de las tres naciones en otras dimensiones y el reconocimiento de América del Norte como una región que podía trabajar en conjunto en diversos temas.


Ahora, nueve años después de que comenzaran ambas iniciativas, tanto el Mundial como las pláticas y negociaciones sobre la continuidad del T-MEC están en curso. En ese sentido, es quizá un buen momento para tratar de vincular ambos temas. Finalmente, de lo que estamos hablando es de una región que, a pesar de sus múltiples problemas, convive en relativa armonía y cuyas perspectivas económicas futuras están indisolublemente vinculadas a la existencia de una mayor integración económica entre los tres países. Para todos es evidente que no habrá forma de competir con el resto del mundo, especialmente con Asia, si no se fortalecen los vínculos productivos y las cadenas de valor entre los tres países norteamericanos.


Es sabido que ninguno de los líderes políticos de la región asistió al partido inaugural de la Copa del Mundo en su respectivo país. Sin embargo, también se ha dicho que el Presidente Trump sí asistirá a la final de la Copa del Mundo. Creo que sería una buena idea que a este acto pudieran asistir también la Presidenta de México y el Primer Ministro de Canadá. Ya estuvieron juntos los tres durante el sorteo oficial de la FIFA en diciembre de 2025. No veo ningún obstáculo para que se pudieran juntar nuevamente y para que entre los tres premien a los ganadores del Mundial. Creo que sería una imagen y un mensaje poderoso de unidad y de compromiso para seguir trabajando en forma conjunta. Sería, también, una buena señal sobre el futuro del T-MEC, el cual continuará a pesar de todo. El Mundial puede terminar, pero la integración económica de América del Norte debe continuar y profundizarse.







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