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Aritmética política


Columna de opinión escrita por René Delgado para el diario El Financiero


Viernes 29 de mayo de 2026


René Delgado

Cada vez es más evidente la incapacidad de la autollamada cuarta transformación para llevar a cabo operaciones políticas elementales.


Tal evidencia obliga a preguntar si pasado mañana, en el mitin dominical convocado por ella, la presidenta Claudia Sheinbaum va a sumar o restar, unir o dividir al referir la defensa de la soberanía y denunciar la ofensiva mediática en contra del gobierno y el movimiento.


No es ociosa la interrogante. El discurso no empata con la práctica y, como extra, al interior de la misma alianza en el poder comienzan a manifestarse síntomas de desacuerdo y descompostura. Asunto agravado por las claras señales de molestia e irritación enviadas por el gobierno vecino del norte ante la reciente postura y actitud adoptadas aquí.


Ahí radica la importancia del mensaje presidencial. Qué dice, a quién y cómo lo dirige, si habla la jefa de Estado o la de partido y, desde luego, qué definiciones formula. Urge saber si la idea es sumar o restar, conciliar o confrontar, porque la encrucijada nacional reclama decisiones bien calculadas y firmes. La política del titubeo, el radicalismo, el complot, dl golpe blando o de la auto victimización no tienen ya espacio ni sentido, sobre todo, cuando se confunden los tropiezos con las zancadillas.


En fin, sumar o restar es una operación sencilla, pero en política su resultado es determinante del curso de una nación, cuando la atenazan y amenazan presiones externas y tensiones internas.


***


Como dicho más de una vez, el cúmulo de poder alcanzado por Morena y sus aliados generó en varios de sus jefes y lugartenientes la ilusión de la posibilidad de prescindir de la política.


En esa lógica, bastaba la fuerza para imponer designios y, así, ni por qué tomar en cuenta al otro, fuese opositor o crítico del proyecto, la política, el programa o la acción de gobierno emprendida. Lo mismo con especialistas, interesados o afectados. Bajo la divisa de que, quien no estuviera con la pretendida transformación, estaba en contra ni caso considerar puntos de vista distintos.


Bajo esa óptica, la llamada cuarta transformación detectó correctamente problemas, los diagnosticó más o menos bien, pero los abordó y trató mal. Desmanteló estructuras e instituciones sin claridad de cómo sustituirlas. En más de un campo la consecuencia está a la vista. La pretendida transformación se apartó de la política y, ahora, al requerir de ella, ante el amago del poder criminal e imperial que los tiene contra la pared, no sabe cómo hacerla ni cuenta con operadores eficaces en la materia, sea porque no los tiene o los desplazó con soberbia.


Ahí se explica el descuadre del gobierno y el movimiento en los últimos días que expresa improvisación, desesperación, contradicción, descoordinación con tintes de rabia y miedo.


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Ilustran la circunstancia, las iniciativas legislativas presentadas a la trompa talega y tramitadas del mismo modo en el periodo extraordinario en curso.


Se detectaron errores en el nuevo diseño del Poder Judicial, pero optaron sólo por aplazar el problema e introducir algunas modificaciones procedimentales a la segunda fase de la elección judicial. En el fondo, suplantaron los errores anteriores con nuevos y, de paso, dieron un albazo al abrir la posibilidad de reelegirse a los magistrados electorales que, a la fecha, no han acreditado autonomía, independencia e imparcialidad. La novedad del lance fue que, esta vez, ni a los suyos escucharon, dejando ver un desacuerdo interno.


Asimismo, detectaron acertadamente el peligro de la injerencia extranjera en las elecciones, pero se equivocaron en el remedio. En la idea de que basta reformar las leyes para cambiar la realidad incorporaron como causal de nulidad de una elección la intervención o injerencia extranjera. Ahora nomás falta que boletinen urbi et orbi o la nueva causal de nulidad para que nadie de fuera meta la mano. Donald Trump se ha de tronar los dedos.


Por si algo faltara, en la próxima elección la delincuencia organizada quedará excluida. Con la reforma legislativa que crea la Comisión de Verificación de Integridad de Candidaturas, a la cual voluntariamente los partidos pedirán certificar la pureza de sus candidatos, la palabra narco-políticos caerá en desuso y, si los hubo, se convertirán en leyenda negra prohijada por el interés imperial de debilitar la democracia y avasallar la soberanía.


Al margen del pésimo concepto, diseño y trámite legislativo de esas reformas, con ellas se reitera la creencia oficialista de lo innecesario que es hacer política y diplomacia o emprender acciones contundentes, aun a costa de sacrificios, contra los integrantes de la élite política que, desde dentro, no desde fuera, han colocado en un brete a la soberanía.


No siendo México un país de leyes, resulta curioso cómo se veneran las reformas legislativas que no necesariamente se van a aplicar porque, en el fondo, éstas se tienen como referentes o sugerencias.


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Más allá de la ilusión y la reforma de leyes, la realidad está presente.


Claramente, el gobierno estadunidense está molestó con la postura y la actitud adoptada por su contraparte mexicana en lo relativo a los casos de Chihuahua y de Sinaloa, así como por el discurso adoptado tras el encuentro del secretario de Seguridad, Markwayne Mullin, con la presidenta Sheinbaum. La cancelación de las visitas programadas de la zarina antidrogas Sara Carter y del representante comercial, Jamieson Greer, habla de ello. Y ni qué decir de la declaración del secretario de Guerra, Pete Hegeseth, diciendo “vamos a la guerra contra los cárteles”.


Por eso la importancia del mensaje dominical de la presidenta Claudia Sheinbaum para saber si quiere sumar o restar, asumiendo que radicalizar la postura en nada ayuda.


Entre presiones externas y tensiones internas, el mensaje presidencial del domingo será importante. Ahí se verá si se quiere sumar o restar, asumiendo que radicalizar poco ayuda.




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Nunca pasa nada


Columna de opinión escrita por Fernando García Ramírez para La Aurora de México


Viernes 29 de mayo de 2026


Fernando García Ramírez

A mediados de febrero, Julio Scherer Ibarra publicó un libro (Ni venganza ni perdón) en el que detalladamente refirió el uso ilegal que hizo Jesús Ramírez de los fondos de pensiones del extinto sindicato de electricistas. Esos fondos fueron utilizados durante años para financiar las campañas del gobierno de López Obrador en contra de periodistas, empresarios, jueces e intelectuales.


López Obrador no recurrió a la censura abierta, optó por un camino más sinuoso: manchar la reputación de los que él consideraba sus “opositores”. Acostumbraba a repetir que él no odiaba. Pero las campañas que emprendió, en complicidad con Jesús Ramírez, fueron auténticas campañas de odio. El presidente del humanismo no dudó en usar, financiadas con dinero sucio, granjas de bots para difundir mentiras, calumnias, insultos, chismes, apodos, un repertorio de bajezas de la cloaca más baja y ruin de la política.


Fue una operación exitosa. Millones de personas siguen creyendo las mentiras que López Obrador difundido sobre algunos de los personajes de la cultura y la comunicación en México. “Tizna, que algo queda” fue la consigna de López Obrador. Nadie en su momento interpuso una denuncia contra él, era demasiado poderoso. Hacia el final de su gobierno Raymundo Riva Palacio consiguió un amparo que impedía que López Obrador lo siguiera difamando. Pero el daño reputacional ya estaba hecho.


Julio Scherer, antes cercanísimo a López Obrador, se distanció de él y decidió denunciar una serie de prácticas ilegales en las que incurrió su gobierno. En su libro Scherer detalla cómo operó Jesús Ramírez. Exhibe documentos. Señala fechas y el modus operandi. ¿Y qué pasó? Nada. Ramírez sigue en su puesto. Las granjas de bots siguen calumniando. El ejército de influencers (sicarios de pacotilla) continúa inundando las redes con sus insultos y mentiras. Los comentaristas de mayor peso (Viri Ríos, Jorge Zepeda, Álvaro Delgado, Alejandro Páez) desarrollan complicadas maromas para justificar lo injustificable, a cambio de favores del gobierno. La maquinaria de la propaganda sigue funcionando a plenitud. ¿De qué sirvió la denuncia de Scherer? De nada.


Los campesinos denuncian. Las madres buscadoras denuncian. María Elena Pérez Jaén ha presentado más de 40 denuncias ante la FGR en contra de Adán Augusto López sin que éste haya sido jamás llamado a declarar. Los medios denuncian todos los días: Segalmex, el huachicol fiscal, nepotismo, empresas fantasma, desfalcos. El gobierno de nuestro mayor socio comercial denuncia la corrupción y la alianza de nuestro gobierno con el crimen organizado en todos los foros. Y no pasa nada.


La impunidad es total. Pueden dirigir una campaña de salud que provoca 800 mil muertes y no sólo no se castiga al responsable sino que se le premia con un cargo en Suiza. Se premia a los corruptos con embajadas y consulados. No se investiga a nadie que pertenezca a Morena. Para eso reformaron el Poder Judicial, para tener la garantía de que, hicieran lo que hicieran, no tendrían responsabilidad alguna.


La presidenta opera como tapadera del crimen organizado. ¿Y si lo hace la presidenta por qué no habrían de hacerlo los funcionarios menores? El hijo de López Obrador puede instalar un negocio de Japón, realizar fastuosos viajes, comprar costosas obras de arte, sin consecuencia alguna. Los políticos de Morena están en proceso de enriquecimiento acelerado a la vista de todos sin problema alguno. De vez en cuando se les exhibe en la prensa. El escándalo pronto es borrado por el siguiente escándalo. ¿Devolver lo robado, pisar la cárcel? Jamás. Para eso llegaron al poder usando a los pobres como bandera. Impunidad total. Aquí nunca pasa nada. La mafia en el poder. 




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El gran silencio de Morena


Columna de opinión escrita por Héctor Aguilar Camín para el diario Milenio


Viernes 29 de mayo de 2026


Héctor Aguilar Camín

Vimos y oímos al PAN y a su plana mayor acompañar a la gobernadora panista Maru Campos y declararle su adhesión como no se la habían declarado hace tiempo a ninguno de sus correligionarios.


Le dijeron al gobierno federal que estarán con Maru Campos todo el camino, “hasta donde tope”.


La gobernadora acudía al citatorio de la Fiscalía General de la República para declarar sobre el desmantelamiento, en su estado, de un narcolaboratorio, mediante un operativo en el que participaron cuatro agentes de la CIA.


Por no haber notificado del hecho a las autoridades federales, éstas dicen que la gobernadora violó la ley, la Constitución y la soberanía de México, y es candidata a juicio por “traición a la patria”.


La gobernadora pudo ir al citatorio en la delegación de la FGR en Chihuahua, pero vino a la Ciudad de México y se presentó en la sede nacional acompañada, como digo, de la plana mayor del PAN, cuyas voces se oyeron alto y fuerte en su favor.


Muy distinta fue la comparecencia del morenista, exgobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado de asociación con el crimen organizado y reclamado para extradición por la justicia estadunidense.


Rocha no fue citado por la FGR sino invitado a una entrevista, a la que asistió en la delegación local de Culiacán, dicen, sin que haya una constancia pública del hecho.


Nadie lo retrató ni lo filmó, y desde luego no hubo nadie, ni siquiera un piquete de militantes despistados de su partido, gritando “¡Viva Rocha!” en Culiacán, como los panistas gritaron “¡Viva Maru!” en la Ciudad de México.


Morena se hizo chiquita hasta la invisibilidad en el trance judicial de su correligionario, siendo como es el partido más grande de México, al que, según sus nuevas cuentas, le han brotado en año y medio 10 millones más de militantes.


Ninguno acompañó a Rocha Moya en su trance, ni uno solo, salvo la Presidenta, que lo defiende en las mañaneras por razones de soberanía y a la que, en este caso, también dejó sola Morena.


El que calla otorga, dirá alguno. El silencio de Morena sobre la entrevista de Rocha con la FGR, es el más estruendoso de la temporada.



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