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Basureros de plata


Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma


Jueves 19 de febrero de 2026


Sergio Sarmiento

"Para eso sirven las embajadas,

como basureros de plata

para arrojar la basura".


Embajador en retiro

Agustín Gutiérrez Canet

 

 

"No somos iguales", nos dicen, pero la realidad es muy distinta. Si los viejos gobiernos del PRI y del PAN utilizaron consulados y embajadas como premios de consolación para políticos incómodos, Morena ha convertido esta indigna práctica en una política sistemática.


El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, ha reconocido que le ofreció a Marx Arriaga una embajada -"que representara a nuestro país en un país latinoamericano"- a cambio de que renunciara a la Dirección General de Materiales Educativos. La presidenta Sheinbaum dijo que le ofrecieron un consulado, pero para el caso es lo mismo: entregar un cargo diplomático a un político porque presuntamente no realizó un buen trabajo aquí.


México cuenta con un servicio diplomático profesional considerado, junto con el de Brasil, uno de los mejores de Latinoamérica. A nuestros diplomáticos de carrera, sin embargo, se les impide acceder a los cargos más importantes. Es una discriminación costosa: estamos desperdiciando el talento del servicio exterior mexicano mientras somos representados por políticos ineptos, corruptos o incómodos.


Alejandro Gertz Manero es hoy embajador de México en el Reino Unido después de que el gobierno lo presionó para renunciar al cargo de fiscal general, aunque no se cumplía el requisito constitucional de que hubiera una causa grave. Antes, la titular de esa embajada era Josefa González Blanco, quien debió renunciar como secretaria del Medio Ambiente en 2019 por haber pedido el regreso de un avión comercial a plataforma para abordarlo.


La embajadora en Francia es Blanca Jiménez Cisneros, previamente directora de Conagua, nombrada embajadora en 2021, según explicó el propio presidente López Obrador, por "un problema de orden familiar". El embajador en Rusia es Eduardo Villegas Megías, cuyo mérito fue haber trabajado con Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del entonces mandatario, en la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México. El embajador en España es Quirino Ordaz, exgobernador priista de Sinaloa, a quien se le premió por haber perdido las elecciones de Sinaloa de 2021 ante el morenista Rubén Rocha.


La lista es interminable y, en muchos casos, vergonzosa. Demuestra que lo que nuestros actuales gobernantes criticaban cuando estaban en la oposición, como el uso de puestos diplomáticos para beneficiar a amigos o políticos ineptos, se ha convertido en política del régimen.


En su Proyecto de Nación 2018-2024 el entonces candidato López Obrador propuso: "La ejecución de la política exterior no puede estar en manos de improvisados o multiusos. No debe continuarse la política de nombrar a políticos en desgracia o amigos como embajadores y cónsules cuando, a la vez, se exige a los diplomáticos de carrera una formación sólida para su ingreso y ascenso por concursos de oposición... Se nombrará a los funcionarios más capaces y probos al frente de las embajadas y consulados" (p. 89).


El razonamiento es impecable, pero López Obrador mintió y traicionó: más que nunca, utilizó las embajadas y consulados como basureros de plata para acomodar a improvisados y multiusos, a políticos en desgracia y amigos. La presidenta Sheinbaum ha continuado con esa política y por eso entrega cargos diplomáticos como premios de consolación a los políticos que destituye.


Quizá sea cierto que nuestros actuales gobernantes no son iguales a los del pasado, pero porque son peores. Hacen lo mismo, solo que, al contrario de los de antes, habían prometido no hacerlo.


 

· ASILO A KARIME

 

La presidenta Sheinbaum mandó una "carta de extrañamiento" al Reino Unido por el caso de Karime Macías, "una mujer que está acusada de fraude y corrupción. ¿Cómo es posible que le dan asilo?". Olvidó que México concedió asilo al exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, condenado en 2025, precisamente, por malversación.




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¿Van a seguir desafiando a la


presidenta?


Columna de opinión escrita por Azucena Uresti para el diario El Universal


Jueves 19 de febrero de 2026


Azucena Uresti

Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia con una mayoría legislativa sólida y el respaldo del movimiento que fundó su antecesor Andrés Manuel López Obrador. En apariencia, el poder luce compacto, pero en política, la verdadera prueba no es ganar la elección, sino administrar las ambiciones de quienes ayudaron a hacerlo posible. Y es ahí cuando comienzan los desafíos.


Morena dejó de ser oposición para convertirse en gobierno permanente. Y como suele suceder en los cambios de poderes, cuando el enemigo externo se diluye, emergen las tensiones internas, unas más tácitas que otras.


Ricardo Monreal, actual coordinador de los diputados morenistas, es ejemplo de ello. Como político experimentado y operador fino, nunca ha ocultado que juega su propio tablero, pero rara vez deja entrever sus fichas. Aunque acompaña institucionalmente, su capital no depende exclusivamente de Palacio Nacional. Sabe marcar distancia cuando conviene y cuándo apoyar al movimiento cuando se debe.


Adán Augusto López representa otro foco de tensión. Exsecretario de Gobernación, excoordinador en el Senado y figura con peso propio en el sureste, pero también un personaje ligado a polémicas de seguridad en Tabasco, donde definió como encargado de la seguridad al criminal Hernán Bermúdez. Aunque no hay ruptura declarada, su figura simboliza un liderazgo alterno dentro del mismo movimiento. En política, los liderazgos paralelos siempre generan incomodidad; de ahí su “renuncia” meticulosamente orquestada al liderazgo de su bancada.


En los márgenes del movimiento aparece Gerardo Fernández Noroña, una voz estridente más que decisiva. Su estilo frontal le asegura reflectores momentáneos y ruido en la conversación pública, pero con escaso impacto real en la toma de decisiones. Representa ese componente testimonial que incomoda por momentos, aunque sin alterar de fondo los equilibrios del poder dentro del bloque.


Los aliados tampoco son subordinados automáticos. La senadora del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Ruth González, suena todavía para gobernadora de San Luis Potosí, cargo que actualmente ostenta su esposo, Ricardo Gallardo. Ella no se ha confirmado ni descartado por completo, pero su coordinador, Manuel Velasco, no dudó en alzarle la mano y presumirla como puntero de las encuestas internas.


Tanto el Partido Verde como el Partido del Trabajo negocian cuotas, candidaturas y espacios. Acompañan, sí, pero condicionan. La coalición es estratégica, no sentimental. Cada elección local se convierte en un momento de cobrar favores.


Y luego está el frente ideológico. Aquí aparece el exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga, una figura que ha cuestionado abiertamente el pragmatismo electoral y las alianzas que, a su juicio, diluyen la esencia del movimiento. Sus críticas apuntan a la dirigencia partidista y a decisiones que privilegian rentabilidad electoral sobre coherencia doctrinaria. El desafío viene de múltiples centros de influencia coexistiendo bajo una misma bandera, gobernadores con agenda propia, senadores con cálculo personal, exaspirantes presidenciales con estructura intacta e intelectuales orgánicos —con complejos mesiánicos— que reclaman pureza ideológica.


Sheinbaum enfrenta el reto clásico de todo liderazgo sucesor: construir autoridad propia sin romper con la herencia que la llevó al cargo. Debe equilibrar continuidad con autonomía. Si se acerca demasiado al pasado, limita su margen; si se distancia en exceso, fragmenta al movimiento.


Hasta ahora no hay ruptura frontal, pero la política no se mide sólo por declaraciones públicas, sino por negociaciones privadas, silencios estratégicos y posicionamientos graduales rumbo al 2027 y 2030, fechas decisivas para 17 gubernaturas, para la conformación de las cámaras legislativas y la segunda parte de la elección judicial.


El desafío a la Presidenta no viene de la oposición debilitada, viene de Morena, una organización que inició con perfiles llenos de aspiraciones que hoy mantienen lealtades más políticas que orgánicas. Gobernar con mayoría es sencillo, pero administrar egos es otra cosa


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