Ilimitada voracidad del obradorato
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Columna de opinión escrita por Carlos Marín para el diario Milenio
Viernes 16 de enero de 2026
Carlos Marín
La obesidad del obradorato no es metafórica sino consecuencia de su avidez por el poder. Se ha convertido en un glotón compulsivo que se traga cuanto platillo institucional encuentra y hasta presume lo ingerido.
Coordinador de la diputación del Partido del Trabajo, Reginaldo Sandoval Flores confiesa sin pudor:
“Si nosotros tenemos el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y ganamos por la vía de elección el Poder Judicial, ¿habrá necesidad de una reforma? ¿No es mejor estar en la discusión del fenómeno que estoy planteando? ¡¿Pero qué necesidad...?!”.
La alusión fue a la regresiva iniciativa de modificaciones constitucionales que enviará la presidenta Claudia Sheinbaum al Congreso.
A su juicio, no hace falta llevar a cabo la reforma que se cocina porque, con las reglas vigentes, Morena y sus aliados ya fueron capaces de “ganarle a la derecha con sus propias reglas”.
Lamentó:
“Estamos distraídos cuando la prioridad debiera ser la unidad de los mexicanos ante el complejo escenario internacional que existe, en especial con la política exterior del gobierno de Donald Trump. México lo que requiere ahorita es unidad, porque está frente a los movimientos tectónicos geopolíticos del mundo; tenemos un vecino con el que vamos en el sentido opuesto: nosotros al Estado de bienestar y ellos al Estado de la oligarquía…”.
A Morena le recordó que sin la anuencia de sus aliados (PT y Verde Ecologista) la destructiva reforma es inviable:
“Somos 500 diputados. Para hacer una reforma constitucional se requieren 335 legisladores, ¿Cuántos tiene Morena? 253, ¿faltan?, sí, faltan. Si se suma el Partido Verde no da, si se suma PT, no da. Necesitamos sumarnos todos para que dé 335, esa es la aritmética…”.
Admitió desconocer el contenido de la iniciativa y eludió comentar la reducción de cargos plurinominales (precisamente las que más convienen al PT y al Verde, y a lo que siempre han estado en contra).
“Nosotros opinaremos a partir de que llegue la iniciativa (…). Somos de veras 4T, iremos siempre en la ruta de mejorar la democracia, pero sostenemos que en este momento la discusión debería estar centrada en la unidad de todos los mexicanos. Se requiere más ese ejercicio que otro, no deberíamos estar discutiendo otra cosa más que eso”.
En su descaro, así fuera por instinto de supervivencia, enfatizó una verdad:
“Hoy tenemos en nuestras manos los tres Poderes de la Unión, y eso nos permitirá consolidar la transformación sin obstáculos de los conservadores”.
Tal cual.
Con el estómago a reventar, el obradorato quiere de postre controlar las elecciones.
Si ya se comió los tres Poderes, coincido con Sandoval, ¿cuál es la pinche necesidad de una reforma que no busca “perfeccionar” nada sino dinamitar instituciones que por décadas contuvieron el autoritarismo?
No quiere un sistema electoral funcional, sino un sistema electoral sumiso.
La única explicación para seguir devorando instituciones es, más que ejercer todo el poder, jamás perderlo…
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Pero ¿qué necesidad?
Columna de opinión escrita por Sergio Sarmiento para el diario Reforma
Viernes 16 de enero de 2026
Sergio Sarmiento
"Si con estas reglas ganaste Ejecutivo,
Legislativo y Judicial, dijo el filósofo
michoacano, muy popular, pero muy
querido, ¿qué necesidad?".
Reginaldo Sandoval, PT
Con la reforma electoral el gobierno/Morena quiere afianzar el control sobre la vida política del país. Poco importa que controle ya el Ejecutivo, el Legislativo e incluso el Judicial, como ha declarado el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo, Reginaldo Sandoval. Quiere reducir a un mínimo la representación de las minorías y garantizar la permanencia del régimen muchos años, quizá más que los de Porfirio Díaz o la "dictadura perfecta" del PRI. La excusa es recortar costos, el objetivo es el poder absoluto por tiempo indefinido.
Una de las estrategias es reducir o eliminar los legisladores plurinominales. Esto lo quería hacer López Obrador desde hace tiempo, aunque la oposición de izquierda, de la que alguna vez formó parte, buscó siempre aumentarlos. Los plurinominales son los representantes de las minorías en el Congreso. La manera más fácil de callar a las minorías es deshacerse de los pluris. Una de las razones por las que solo hay dos partidos políticos en Estados Unidos es que no hay representación proporcional. En Europa, fuera del Reino Unido, todos los países la tienen, ya sea parcial o total.
Quitar autonomía al árbitro electoral es otra forma de favorecer los triunfos del partido en el poder. No se necesita, siquiera, regresar a los tiempos en que el secretario de Gobernación era también presidente de la Comisión Federal Electoral, como Manuel Bartlett en las fraudulentas elecciones de 1988. Basta con limitarle al INE el presupuesto, como hizo AMLO en repetidas ocasiones, para impedirle garantizar elecciones democráticas. Otra forma es colonizar la autoridad electoral, como ha hecho la 4T. Por lo pronto, la Suprema Corte, ya subordinada al Ejecutivo, no ha querido abordar el amparo contra la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales que le dio a la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, cercana a la 4T, la facultad de nombrar a los titulares de las unidades técnicas y direcciones ejecutivas sin pasar por el Consejo General. Es un golpe que convierte al INE, que fue una institución colegiada que ratificaba decisiones en su Consejo General, en un organismo piramidal bajo el control de una sola persona.
Eliminar la reelección de legisladores y alcaldes es una medida que pretende también regresarnos a los tiempos del partido hegemónico. Obliga a los aspirantes a puestos de elección popular a buscar la aprobación de los líderes de su partido o en el caso de Morena de la propia presidencia de la República. El sistema obliga a la obediencia.
Ayer la presidenta Sheinbaum aseguró que la reforma electoral, cuyo texto definitivo aún se desconoce, no eliminará la representación de las minorías en el Congreso ni la autonomía del INE. Habrá que ver el texto final, pero hasta ahora las propuestas y acciones apuntan a una regresión.
La mandataria insiste que el problema del sistema electoral es solo de dinero: "Todos debemos estar de acuerdo en que no deben ser tan onerosas las elecciones", declaró ayer. Pero no, yo no estoy de acuerdo. La democracia es demasiado importante para venderla por dinero. El problema de fondo es tener elecciones libres que entreguen el gobierno a la mayoría, con representación justa de las minorías, y permitan la alternancia en el poder. El país no puede ser propiedad de un solo partido, como en el siglo XX. Para ello lucharon los próceres de la democracia, como Heberto Castillo desde la izquierda y Manuel Clouthier desde el PAN. No querían un régimen de partido único con elecciones baratas, querían vivir en democracia.
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Descompresión bilateral: paso I
Columna de opinión escrita por Marcela Gómez Zalce para el diario El Universal
Viernes 16 de enero de 2026
Marcela Gómez Zalce
The easy way or the hard way”
—Donald Trump, 2026.
Existen varias razones estratégicas, políticas y personales por las que el presidente Trump ha abierto tantos frentes internacionales en este su segundo mandato —especialmente con Groenlandia, Irán, Venezuela y México, más los que se acumulen esta semana— al diferir su enfoque de administraciones más centradas en el multilateralismo o la diplomacia tradicional.
La prioridad de lo que se considera intereses directos en seguridad y económicos de los Estados Unidos, no representa un freno para confrontaciones o acciones unilaterales. El magnate ha expresado que su propia moral y juicio son las guías que definen estos intereses y en ese marco se publica la NSS2025 que invoca a la Doctrina Monroe, ahora reinterpretada como la “Doctrina Donroe”, sugiriendo que tiene autoridad para intervenir contra lo que se consideran amenazas. El cuadro venezolano es el principio de una cadena de acciones en la región para lograr un control sobre el Hemisferio, subestimarlo es un error de juicio y de estrategia política.
Abrir tantos frentes, que sirven como distractores de la tensa situación política doméstica que se vive en algunas ciudades de los Estados Unidos, no es por casualidad sino parte de su estrategia deliberada basada en proyección de fuerza, nacionalismo, rivalidad con potencias globales y el cumplimiento de sus promesas de campaña en el marco de las elecciones intermedias.
México enfrenta una coyuntura de tensión comercial y de definición del futuro del T-MEC. La presente revisión del tratado comercial transformará la integración económica regional y por ende se abren las puertas para la búsqueda de nuevos socios y de tratar de fortalecer el mercado interno. Sin embargo, el gobierno de Sheinbaum parece no entender el eslabón para atenuar la rispidez en la relación bilateral; México no está dando “resultados tangibles” en materia de seguridad.
No es necesario un análisis sesudo sobre lo que la frase conlleva. Miles de detenciones de objetivos prioritarios generadores de violencia, millonarios decomisos y laboratorios incautados, no llenan ya la pupila estadounidense. Los cárteles no operan solos. La hidra político-criminal sigue intacta permitiendo que el sistema se regenere. Cualquier operación antidrogas es ineficaz y cosmética. Sheinbaum no está resolviendo sino administrando un problema.
Se requieren resultados concretos contra las redes políticas corruptas que nadan en la esfera de Morena. La pérdida de confianza bilateral lleva la relación al terreno puramente conflictivo. Y la Presidenta apenas lleva un año en el poder y allá la presión política interna está empujando a Trump a endurecerse.
Sin castigo a la corrupción política, no hay confianza bilateral y el magnate utiliza la omisión y ambigüedad de Sheinbaum como herramienta de negociación y poder. No alcanza la “cabeza fría” si se tienen límites reales para actuar sin generar crisis internas. Se debe evitar con Trump un choque directo de prioridades nacionales.
Las señales son múltiples sobre el hartazgo estadounidense de la tolerancia de Sheinbaum a la impunidad de esas redes político-criminales. La descompresión bilateral pasa por la báscula de romper ese pacto político-criminal. Una convivencia incómoda con Estados Unidos los próximos meses no es una solución, sino representará el desafío por el costo de no actuar. Y si se analiza la hoja de ruta de Washington, no hay sorpresas en la estrategia de coerción. Sólo faltaría la inteligencia en la respuesta.


























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