¿Reforma electoral, o apropiación morenista?
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Columna de opinión escrita por Salvador García Soto para el diario El Universal
Martes 13 de enero de 2026
Salvador García Soto
Anoche, en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum operaba con los coordinadores nacionales de su partido para “planchar” la propuesta de reforma a las leyes electorales y a la Constitución con la que el régimen morenista consumará un nuevo modelo electoral para regir la competencia política y democrática en el país. Hasta la sede presidencial se vio llegar ayer a los dos coordinadores parlamentarios de Morena, Ricardo Monreal y Adán Augusto López, además de la dirigente del partido oficial, Luisa María Alcalde, para coordinar la estrategia por la cual el régimen aprobará e impondrá, con sus mayorías, su reforma electoral.
Con la disminución de costos presupuestales del sistema electoral, un argumento popular pero al mismo tiempo peligroso, la doctora presentará la propuesta redactada por la Comisión que ella misma integró con personajes ligados todos a su movimiento político, sin tomar en cuenta a la oposición ni a expertos y especialistas en derecho electoral, por lo que la iniciativa que llegará al Congreso en los próximos días bien puede definirse como unilateral, con la única visión del régimen y del oficialismo sobre cómo deben integrarse y funcionar las instituciones y los procedimientos políticos y electorales.
Y aunque hubo consultas organizadas por la comisión que preside el morenista Pablo Gómez y se hicieron reuniones por todo el país “para escuchar propuestas de la ciudadanía”, la realidad es que el documento que anoche revisaban la presidenta y los líderes de su partido será la primera propuesta de reforma política que se lleve a cabo en México desde el gobierno, pero sin consultar a todas las expresiones políticas, a las minorías y sin tomar en cuenta la pluralidad política y democrática que caracteriza a este país.
De hecho, la reunión que ayer sostuvo la presidenta con sus líderes en el Congreso y de su partido, lo que buscaba era evitar las diferencias y choques que han surgido entre morenistas por el contenido de dicha reforma electoral, con la idea de que en el momento del análisis, debate y votación no afloren rupturas o disensos entre las bancadas del oficialismo y que se presente como una propuesta uniforme del oficialismo, a la que buscaría sumar votos de algunas bancadas de oposición, como la de Movimiento Ciudadano, para alcanzar la mayoría calificada que no tienen en el Senado.
Todo apunta, pues, a que la presidenta y su partido se aprestan a imponer su visión y su voluntad en el diseño de las nuevas reglas para la competencia política y para la democracia, sin escuchar ni tomar en cuenta otras propuestas como las que ya se han presentado en la Cámara de Diputados, como la iniciativa ciudadana de la agrupación civil “Salvemos la Democracia”, que reunió mucho más de las 130 mil firmas que le exigía la ley para poder presentar una propuesta legislativa a nombre de ciudadanos que proponen 5 cambios específicos a las leyes electorales y la Constitución para garantizar que la competencia política y electoral en México siga siendo equitativa, que haya “cancha pareja” para todos los partidos, y que no se beneficie sólo al partido hegemónico del gobierno que hoy es Morena.
Además de la iniciativa ciudadana que se presentó el pasado 9 de diciembre con la propuesta de reforma a 5 artículos constitucionales clave para garantizar un “árbitro justo y piso parejo”, además de “terminar con las trampas” en las elecciones y prevenir la sobrerrepresentación y el “chapulineo” en los partidos, hay otra propuesta legislativa presentada por la agrupación política “Somos México” y entregada la semana pasada a la presidencia de la Cámara de Diputados por expresidentes del IFE y del INE como Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova Vianello.
Y también se suman las 241 propuestas que entregaron ayer la mayoría de consejeros del INE (9 los 11 consejeros) a la Comisión de la Reforma Electoral y en la que los integrantes del órgano electoral piden, entre otras cosas, mantener la representación plurinominal para el Congreso de la Unión –algo que plantea eliminar la propuesta presidencial–, aumentar las facultades de fiscalización del dinero en los partidos, mantener intacta la autonomía del instituto electoral y garantizar un presupuesto suficiente para los organismos comiciales, mediante una fórmula basada en el PIB y en el crecimiento del padrón electoral.
Pero una prueba de que no se escucharán ni se tomarán en cuenta más propuestas que las de la Comisión Presidencial, fue la respuesta dura y tajante que les dio Pablo Gómez anoche a los 11 consejeros del INE que acudieron a presentarle sus planteamientos para la reforma. “No será una reforma de consensos, porque ninguna lo ha sido”, les dijo, al tiempo que rechazaba la fórmula para asignar el presupuesto al INE y les comentaba que “ningún órgano administrativo puede ser del todo autónomo”, en respuesta a los comentarios de consejeros que pedían respetar la autonomía del instituto.
Es decir, que lo que se viene en la discusión de la Reforma Electoral, más que un cambio positivo o una mejoría del sistema electoral, será la imposición de la visión gubernamental y del régimen, sobre cómo deben ser las elecciones y cómo debe regirse la competencia política. Y cuando esa visión es sólo una, sin tomar en cuenta a todos los grupos políticos, lo que se augura es que más que un modelo electoral mejorado, más económico y más confiable, tendremos la apropiación final de los órganos e instituciones electorales por parte de un régimen, que más que democracia, lo que quiere y le interesa, es perpetuarse en el poder.
Si no fuera ese el objetivo ¿por qué no convocaron a los partidos de oposición, a los expertos electorales y a todo aquel que pudiera sumar algo para mejorar nuestra joven e imperfecta democracia y por qué optaron por conducir esta reforma sólo con militantes, funcionarios y dirigentes de Morena?
La mejor definición de lo que viene en el Congreso la hacía anoche el escritor Héctor Aguilar Camín, al referirse a Pablo Gómez, el flamante coordinador de la reforma presidencial electoral, que anoche afirmaba que el INE “no puede ser autónomo”. “Con estas acciones Pablo Gómez está quitando la escalera por la que él mismo trepó”, publicó en redes sociales el escritor. Y sí, Gómez fue uno de los primeros 100 diputados plurinominales que hubo en México en los años 70, gracias a la reforma electoral y política impulsada por Reyes Heroles, y hoy el militante comunista que se benefició de la apertura del régimen y la pluralidad, busca cerrar la puerta al pluralismo para imponer sólo la visión de su movimiento político.
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Entre Washington y Palenque
Columna de opinión escrita por Elisa Alanís para el diario Milenio
Martes 13 de enero de 2026
Elisa Alanís
El gobierno de Estados Unidos tiene clarísima su agenda con nuestro país: seguridad y economía. Y luego de Venezuela, más.
La declaración del mandatario norteamericano sobre una posible incursión por tierra y su reiteración que los cárteles dirigen México fue seguida de dos llamadas telefónicas y una visita.
Primero, la comunicación entre el canciller Juan Ramón de la Fuente y el secretario de Estado, Marco Rubio. El meollo del asunto. Este último pidió acciones concretas y mayor participación para desmantelar las redes narcoterroristas.
Segundo, la charla telefónica entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump. La cooperación.
Tercero, la presencia del embajador Ronald Johnson en Palacio Nacional. El seguimiento.
Trump desea anunciar resultados y tiene mucha información sobre actores mexicanos metidos en la porquería.
¿Qué quiere la doctora?
El asunto es que la narcopolítica permeó. Desde hace décadas, pero se afianzó y avanzó en el sexenio anterior. Las redes criminales llegaron hasta el obradorismo. Hicieron mancuerna y se fusionaron.
El otrora líder social se alió con quien fuera con tal de obtener más poder. Se corrompió a cambio de reconocimiento, seguidores, mayorías, votos, votos y más votos.
Por ejemplo, solo un botón de muestra de pesquisas que están en el orden internacional: el gran robo a la nación, desde el mismísimo Ejecutivo federal vía huachicol fiscal, habría servido, entre otras, para financiar campañas, cárteles e imponer a miembros de sus células delictivas como funcionarios.
Ya ven que, incluso, Rubén Rocha Moya advirtió públicamente que fue AMLO quien lo puso en la silla de Sinaloa, a pesar de que no ganó la encuesta morenista. El mensaje fue tan cínico como transparente y directo.
Ahora, si de escoger se trata (¿se puede?) entre la Casa Blanca y “La Chingada”, Sheinbaum no dudará.
En una de esas, “mata dos pájaros de un solo tiro”, como dicen por ahí.
Va a hablar de “soberanía” y “respeto” y va a colaborar, colaborar y colaborar con Donald.
Mientras tanto, crece el nerviosismo en el eje Tabasco-Chiapas.
Aquí entre nos
Y hablando del eje y de la política 4T, ante las exigencias del Verde y del PT, la Presidenta deberá acordar con los cercanos a Andrés Manuel, Ricardo Monreal y Adán Augusto López, para pasar su iniciativa de reforma electoral.
La pregunta sigue siendo: ¿Y México?


























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