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El Estado como gerente del crimen organizado


Columna de opinión escrita por ​Pascal Beltrán del Río para el periódico Excélsior


Viernes 1 de mayo de 2026


​Pascal Beltrán del Río

La revelación de los detalles contenidos en las recientes acusaciones de la justicia estadunidense contra políticos sinaloenses no sólo describe la existencia de un cártel de la droga, sino también la mutación de un gobierno estatal en una extensión logística y operativa de una organización criminal.  


A menos que los fiscales gringos tengan una imaginación digna de los guiones de Mario Puzo y una mala leche que podría llevar la marca Betty, aquí no estamos hablando de la vieja narrativa de la corrupción, en la que un funcionario recibía un sobre por debajo de la mesa para mirar hacia otro lado; lo que hoy enfrentamos es una simbiosis absoluta, donde las instituciones de seguridad, procuración de justicia y administración pública fueron entregadas, con inventario y personal incluido, al servicio de la delincuencia. El grado de penetración es tal que la frontera entre el servidor público y el sicario se ha vuelto inexistente. 


El fenómeno comienza en la raíz misma de la democracia: las urnas. La descripción de una jornada electoral custodiada por fusiles de asalto, donde el padrón de opositores se convierte en una lista de objetivos para el secuestro y la intimidación, revela que el poder político en ciertas regiones no emana del voto libre, sino del permiso del crimen. Cuando un candidato recibe el respaldo de un ejército privado para limpiar el camino hacia la victoria, el gobernante resultante no es un representante popular, sino un gerente de plaza con oficina en el palacio de gobierno. 


El pacto es claro y escalofriante: impunidad total a cambio de control territorial. Bajo este esquema, la estructura del Estado deja de servir a la ciudadanía para convertirse en la gerencia de recursos humanos y protección de un cártel. En este caso, el retrato hablado revela el rostro de Sinaloa, pero bien podría ser el de Tabasco y de muchas entidades más. 


Una vez instalado el poder político, la metástasis se extiende a los órganos de control. El hecho de que altos mandos de la fiscalía estatal y jefes de la policía de investigación aparezcan con salarios fijos pagados por el narcotráfico –cifras que oscilan entre los 11 mil y 16 mil dólares mensuales– explica por qué las investigaciones nunca avanzan y por qué los operativos siempre llegan a casas vacías. Estos funcionarios no eran informantes casuales; eran centinelas dedicados a proteger la producción industrial de fentanilo y metanfetamina. 


El punto más degradante de esta relación es el uso de la fuerza pública para actos de barbarie interna. La participación de comandantes municipales en el secuestro y entrega de informantes a los verdugos del cártel demuestra que el uniforme oficial se convirtió en el disfraz perfecto para la operación delictiva. El uso de patrullas y radios oficiales para capturar víctimas, incluyendo a menores de edad, y entregarlas para su tortura y asesinato, marca el fin de la legitimidad estatal. Aquí el gobierno no es cómplice; es el brazo ejecutor. El Estado, en su faceta de perseguidor del delito, pasó a ser un departamento de justicia privada que captura a los rivales del grupo hegemónico sólo para mejorar la imagen pública del gobernante en turno, simulando un orden que beneficia únicamente a sus socios.


Lo que describe el pliego de acusación de 34 páginas es –digámoslo sin rodeos– un sistema de gobernanza criminal. La entrega de radios de comunicación directa entre los líderes del cártel y los mandos policiales es la metáfora perfecta de esta realidad: una línea directa donde se dictan órdenes que se cumplen con recursos públicos. 


México se enfrenta a la confirmación de que la soberanía en Sinaloa fue canjeada por una estabilidad ficticia, donde la exportación masiva de veneno hacia el norte se garantizaba mediante la administración del presupuesto estatal y el control de las fuerzas del orden. De ser preciso todo esto y en el entendido de que no es comparsa el gran jurado que revisó las pruebas, aquí no estamos ante un Estado fallido, sino ante un Estado cooptado que funciona con eficiencia quirúrgica para los intereses de una familia, mientras la sociedad queda atrapada en una red de simulación donde el protector y el depredador visten el mismo uniforme.




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El punto de quiebre


Columna de opinión escrita por Marcela Gómez Zalce para el diario El Universal


Viernes 1 de mayo de 2026


Marcela Gómez Zalce

La estabilidad del Estado debe imponerse sobre las lealtades personales. Maquiavelo sostenía que el poder, fiel a su naturaleza, debe depurar sin miramientos a los suyos para preservarse. El golpe certero, brutal y estratégico contra la cacareada (narco) transformación y Morena es una crónica muy anunciada desde hace meses; los innumerables mensajes en discursos y acciones del gobierno estadounidense en una cuidadosa y táctica escalada política-diplomática que evidenciaba la profunda molestia contra el gobierno de Sheinbaum para actuar con firmeza contra la larga lista de narco-políticos, han cruzado el Rubicón.


Subestimar las graves acusaciones de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra el gobernador Rocha Moya y su séquito de funcionarios señalados por colusión con una organización terrorista no sólo es peligroso porque implica cargos federales con consecuencias legales, (geo)políticas y diplomáticas de alto impacto, sino que incluso con todo el tramo bilateral jurídico por recorrer la coyuntura no favorece al gobierno mexicano.


No alcanzarán las maromas de Palenque y las justificaciones insostenibles de la mañanera frente a la tormenta perfecta que se avecina justo en la ronda de negociaciones del T-MEC.


El dilema de la Presidenta en equilibrar la defensa del discurso ramplón de soberanía y la frágil cohesión interna de respaldar al impresentable gobernador sinaloense, ese sí traidor a la Patria, frente a los costos diplomáticos, reputacionales y de credibilidad institucional que implicaría desestimar o acusar recibo del misil nuclear de una acusación que ya pasó por la valoración de un Gran Jurado que la determinó procedente, habría requerido de mucha cabeza fría y visión de Estado estratégica.


Sin embargo, pese a la gravedad de la situación era previsible la respuesta de la dupla Palacio Nacional-Palenque aventando como punta de lanza a la SRE y a la FGR para alegar y amortiguar el descontón estadounidense.


Sorprende que a estas alturas no se ponga más atención a las advertencias, sin matices, en el discurso del embajador Ronald Johnson o que se analice con lupa la lección venezolana. El fiscal que presentó las acusaciones contra Nicolás Maduro es el mismo que tiene el caso del gobernador sinaloense.


No se necesita ser una lumbrera para hacer un análisis de prospectiva anticipando el endurecimiento de la relación bilateral en materia de seguridad, comercial, de certeza jurídica y legalidad que serán los elefantes en el cuarto del T-MEC.


En Washington se terminó la pacienCIA y no es casualidad el timing del anuncio contra Rocha Moya cuyo sólido expediente —lleno de testimonios de sus otrora aliados sobre la criminal intervención electoral en Sinaloa— estaba listo hace tiempo. El mensaje es claro; no se tolerará más la narco-corrupción y el manto de impunidad de Morena en la esfera electoral. Esta historia apenas comienza.


El escándalo, la violencia y el horror en Sinaloa con el derrumbe de la pax narca con la entrega/captura del “Mayo” Zambada tiró la primera ficha de un largo dominó político criminal que con esa acción desencadenó el cisma en el corazón del régimen.


Y como cereza en el pastel moreno, el affaire Rocha Moya y su cohorte de amistades ya están en el Congreso de los Estados Unidos desde donde se señaló que “..los días de impunidad de los narco-terroristas han terminado”


Pues sí.


Mientras, Sheinbaum danza en el punto de quiebre bilateral con el ¿patriotismo público y cálculo en privado?




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El góber no va a estar solo


Columna de opinión escrita por Julio Patán para el diario El Heraldo de México


Viernes 1 de mayo de 2026


Julio Patán

En México, hay palabras que permiten hacer profecías con un 100% de probabilidades de acierto. Por ejemplo: “abrir una carpeta de investigación”. ¿Qué te permiten profetizar estas palabras? Impunidad. Alguien, que, se entiende, pertenece a tu movimiento, va a salir libre y feliz de cualquier consecuencia legal por X o Y. Exactamente lo mismo puedes profetizar cuando alguien se lanza con lo de “elementos probatorios”, una expresión mamuca muy de la 4T (se ve que la repiten mucho en las clases de Cúspide, Humánitas y Tepantlato) que significa “pruebas”, y que también puede utilizarse bajo la forma de “datos de prueba”.


Lo anterior viene a cuento porque, a la hora de hablar de la solicitud de extradición desde NY contra Rocha Moya, la FGR ya pegó las dos expresiones: vamos a abrir una carpeta, pasó a decir, pero la solicitud de extradición no incluye elementos probatorios. Con la pena. ¿Qué nos dice la Fiscalía, que por supuesto es parte del aparato morenista, y no una entidad “independiente”? ¿Qué nos recuerda? Que en Morena podemos despedazarnos, pero nunca nos haremos daño.


Circula por ahí la versión de que la solicitud de extradición fue pactada con el Gobierno federal, al que le urge deshacerse de uno de los muchos regalitos envenenados que nos dejó el Peje y por aquello de que en Morena las tribus empiezan a destrozarse, la única oposición es la interna y demás. No quiero amargarles la semana de puente, pero me parece puro “wishful thinking”. En el morenismo nunca pasa nada. O sea, hay broncas internas, pero a la hora de la verdad, cuando el movimiento puede poner en riesgo su dominio sobre el país, se cierran filas. Los ejemplos abundan. ¿El Interoceánico? Nombre, cero culpas del cachorro supervisor. Y van sobre el maquinista. ¿Que el diputado está acusado de corrupción y agresiones machistas? Se le respeta el fuero. ¿Que el bodoque segundo desbarrancó en las últimas elecciones y dos estados se quedaron en manos opositoras? Se le mantiene en el cargo. ¿Que el hijo del secretario vivió como aristócrata en la embajada en Londres? Ídem.


Bueno, pues va la profecía: lo mismo va a pasar ahora. Rocha ya fue elogiado por AMLO; por Claudia Sheinbaum; por los diputados y los senadores, que hasta selfie se hicieron, y por sus colegas gobernadores, con desplegado y toda la cosa. Nada va a cambiar. Cueste lo que cueste, el movimiento se va a envolver en la bandera, va a clamar por la defensa de la soberanía, y va a reventar la relación con Estados Unidos, si hace falta, con tal de proteger al hombre que, más allá de que nos creamos o no las acusaciones de los gringos o los testimonios de El Mayo, tiene a Sinaloa en guerra hace más de año y medio. De momento, la Presidenta ya se sumó a lo de exigir pruebas.


¿Cómo termina esta historia? Con un sonoro “No estás solo”.



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