Palenque o Palacio Nacional
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Columna de opinión escrita por Ana Paula Ordorica para El Universal
Miércoles 26 de agosto de 2026
Ana Paula Ordorica
Sheinbaum no ha logrado desterrar la percepción (para algunos, certeza) de que López Obrador sigue teniendo poder de veto dentro de Morena. De un lado están los rudos y del otro los “moderados”. Pero la división más interesante no es ideológica, es de lealtades. Unos creen y actúan como si el poder siguiera despachando desde Palenque. Otros han entendido que la Presidenta de México se llama Claudia Sheinbaum y trabaja en Palacio Nacional. En la silla presidencial no caben dos.
El episodio de Rubén Rocha Moya fue revelador. Tras 112 días de licencia regresó a querer gobernar. Sheinbaum se enteró, según ella misma, por su mensaje en redes. Duró alrededor de 34 horas. Gobernación lo llamó decisión personal; Morena se deslindó; Monreal le pidió reconsiderar y 23 gobernadores de la 4T cerraron filas con la Presidenta. Rocha volvió a pedir licencia, ahora indefinida. El Congreso local se la aprobó por unanimidad. Ni sus diputados lo defendieron.
El lunes, en la mañanera, Sheinbaum dio por terminada la era Rocha. La licencia es definitiva, dijo, y el interino se quedará hasta el relevo de 2027. Un día después, tras una sesión suspendida y horas de negociación entre las tribus de Morena, el Congreso designó a Graciela Domínguez Nava, exsecretaria de Educación del propio Rocha que en plena crisis se puso del lado de la Presidenta. Sheinbaum la avaló como “una mujer honesta”. Rocha no regresa. Y quien lo sustituye ya sabe a quién le debe el cargo.
Esto es una prueba clara de que cuando Sheinbaum decide ejercer el poder, sí puede. Falta saber si está dispuesta a hacerlo incluso contra los intereses del obradorismo.
Con 17 gubernaturas en disputa el año próximo, las candidaturas serán una guerra. Gobernadores querrán imponer sucesores, grupos nacionales buscarán ampliar territorios y los distintos clanes de Morena medirán fuerzas. En algún momento cada aspirante tendrá que responder si su lealtad está en Palacio Nacional o en Palenque.
Sheinbaum tiene una enorme ventaja para resolver el dilema. Es Presidenta de México. Controla el Ejecutivo y cuenta con las instituciones que, utilizadas conforme a la ley, pueden investigar los múltiples señalamientos que pesan sobre personajes de su propio movimiento. Ni siquiera necesita fabricar expedientes. Sobran casos que deberían de ser investigados.
El problema es que hacerlo implica romper uno de los vínculos más difíciles para ella, la lealtad a López Obrador y al movimiento que la llevó al poder. Durante casi dos años ha intentado demostrar que puede gobernar sin romper con su antecesor. La pregunta es cuánto tiempo más podrá hacerlo si quienes se sienten protegidos por Palenque sigan desafiando abiertamente a Palacio.
Ella misma ofreció la respuesta este fin de semana. Ante la crisis provocada por Rocha escribió que por encima de cualquier interés personal o de grupo están el pueblo y México. Exactamente. Si realmente lo cree, debería convertir esa frase en método de gobierno. Aplicar la ley también hacia dentro. Permitir que las investigaciones lleguen hasta donde tengan que llegar, sin importar el apellido, la amistad o la lealtad política. Pertenecer a Morena no puede seguir siendo un escudo de impunidad.
La crisis de Sinaloa le presenta a Sheinbaum una buena oportunidad para dejar claro que México tiene una Presidenta, no una regencia compartida. Rocha ya comprobó que desafiarla tiene consecuencias. De aquí a 2027 sabremos quién manda en Morena. Y, sobre todo, desde dónde, Palenque o Palacio Nacional.
Apostilla:
En Washington también han tomado nota sobre la capacidad de Sheinbaum de ejercer el poder, cuando quiere. Eso es muy valioso ante cualquier negociación con Trump, que detesta y por ello aplasta a los que percibe débiles.
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“Por decir lo menos”
Columna de opinión escrita por Salvador Camarena para El Financiero
Miércoles 26 de agosto de 2026
Salvador Camarena
Cuestionada sobre su conclusión luego del fin de semana donde Rubén Rocha fue la comidilla internacional, la presidenta Claudia Sheinbaum acuñó una frase que puede usarse como muletilla para otras crisis y polémicas en las que la meten sus correligionarios.
Al hablar del retorno de Rocha a la gubernatura de Sinaloa el viernes, y aclarando que ella no se enteró de antemano de esa intención, la mandataria dijo: “la verdad, no me parecía pertinente, por decir lo menos”.
Sheinbaum vive rodeada de impertinentes. Son demasiados los preclaros en su movimiento que no hacen lo “adecuado”, lo “propio”, lo “indicado” (sinónimos de “pertinente”, según la Real Academia de la Lengua).
Qué poco pertinente, “por decir lo menos”, la pasión aeronáutica de Mara Lezama. Reforma publicó lunes y martes sendos reportajes de la gobernadora de Quintana Roo como cliente frecuente de jets privados. No se echó un vuelo, ni dos, ni diez: 97, según ese diario, desde 2022.
Lo propio es prometer una cosa y cumplirla. Así seas del Verde, por ejemplo, si te sumas al obradorismo se supone que abrazas la honrada medianía y la austeridad. Mara dice que “a volar”, que eso es para las campañas, que para la vida diaria, Vail en jet privado.
Claudia seguro sintió que le volvía la gripa, “por decir lo menos”, la madrugada del lunes cuando vio la prensa. Ella que en sus giras elige asiento no solo de turista, sino bastante atrás en la cabina, y Mara Lezama pide jets como si fueran Ubers. Cinco estrellas al piloto.
Quién sabe si Claudia ya tiró la toalla ante la impertinencia de sus correligionarios. Si, por decir lo menos, ya solo suspira al ver los aviones de Mara, o al leer notas donde a la senadora Mariela Gutiérrez le aparece una casa de 36 millones (MCCI, mayo/26).
“Acaso es un delito vivir bien”, dijo entonces la senadora Gutiérrez. Es duda razonable: ¿es delito tener una casa de dos millones de dólares y buscar el voto en Tecámac al grito de “primero los pobres”? No sé Rick, pero ¿le parecerá pertinente, por decir lo menos, a Claudia?
Marina del Pilar Ávila ha hecho una cantidad de trámites raros –“por decir lo menos”– luego de que Estados Unidos le quitara la visa en mayo de 2025. Casi en cada uno de esos coyotajes la gobernadora de Baja California fue grabada. Qué poco pertinente, pensaría cualquiera.
La cándida verborrea de Marina del Pilar trasluce capacidad de pago en miles de dólares para contratar abogados gringos o incluso viajar a otros países (¿pedirá ride en jet a Mara?) a fin de recuperar su visa. Y claro, todos la oímos ofrecer información de las mesas de seguridad.
Uno se imagina a Claudia, tras desayunarse un nuevo audio de Ávila, teniendo la pulsión de mandar un mensaje, a pesar de que en la Baja es una hora antes, “Oye, Marina, la verdad, no me parece pertinente, por decir lo menos”. Y luego mejor lo borra. Para qué.
Y es que a Claudia le ponen el pie Andy López Beltrán con su carta masiosare en contra de funcionarios de Trump, Fernández Noroña con su instagramero turismo (no importa cuándo lean esto), la abogada Luisa María Alcalde con su estalinista lista (así sea cacofonía), la Tremenda Suprema Corte sin gobierno ni sentido del decoro, algún Monreal (cualquiera de los 131 de esa familia, incluidos los parientes políticos que tienen aspiraciones porque dizque no caerían en nepotismo), Rocío Nahle y sus declaraciones (tampoco importa cuando lean esto), y un largo e impertinente etcétera… por decir lo menos.























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