Trump no se equivoca del todo sobre México
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Columna de opinión escrita por Guillermo Ortiz - Director del Banco de México de 1998 a 2009 para el Medio Digital Global Project Syndicate
Martes 10 de febrero de 2026
Guillermo Ortiz
En varias entrevistas tras la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela por parte de las fuerzas estadounidenses, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que su administración "tendrá que hacer algo con respecto" a México, el vecino del sur de Estados Unidos. Trump volvió a elogiar a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, calificándola de "persona estupenda", pero reiteró su convicción de que los cárteles de la droga gobiernan el país. Esta idea se vio reforzada recientemente por la acusación estadounidense contra Maduro, que alegaba que él y otros funcionarios venezolanos colaboraban con cárteles mexicanos para traficar cocaína y blanquear dinero del narcotráfico.
En varias ocasiones desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha amenazado con acciones militares contra los cárteles y ha ofrecido enviar fuerzas especiales para acompañar a las tropas mexicanas en redadas antidrogas.
Sheinbaum ha rechazado repetidamente estas medidas porque la intervención estadounidense sería políticamente devastadora para ella y para el partido gobernante Morena, fundado y controlado por su aún poderoso predecesor, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Trump tiene, al menos en parte, razón al afirmar que el crimen organizado ha expandido enormemente su influencia en México y controla amplias áreas del territorio nacional. Es difícil obtener datos precisos sobre el alcance de la actividad delictiva en México, pero fuentes confiables apuntan a un aumento durante la presidencia de AMLO, una tendencia que continúa hasta la fecha.
Además del tráfico de drogas y personas, los cárteles mantienen lucrativas redes de extorsión, que se han convertido en una fuente de ingresos más importante tras el cierre efectivo de la frontera entre Estados Unidos y México a la migración indocumentada y la consiguiente caída de los ingresos provenientes de la trata de personas. Informes recientes revelan un aumento en los niveles de extorsión en todas las regiones y sectores, incluido el transporte de mercancías.
Mientras que AMLO suspendió las relaciones con la embajada de Estados Unidos en materia de seguridad durante su mandato, Sheinbaum ha buscado apaciguar a Trump aumentando la cooperación y el intercambio de información con las autoridades estadounidenses sobre el narcotráfico y otras actividades ilícitas. El Departamento de Estado de Estados Unidos y otros miembros de la administración Trump han elogiado la disposición del gobierno mexicano a colaborar.
Como parte de este esfuerzo, México extraditó a decenas de miembros de cárteles a Estados Unidos, incluyendo a 37 personas a finales de enero. Sheinbaum también designó a una Secretaria de Seguridad Pública experimentada y competente para coordinar al ejército y a la Guardia Nacional en operaciones de inteligencia, lo que resultó en enfrentamientos con cárteles notorios y la detención de numerosos líderes del crimen organizado.
El suministro de fentanilo desde México a Estados Unidos, una de las principales prioridades de la administración Trump, parece haber disminuido considerablemente (o al menos las incautaciones de la droga han disminuido drásticamente). Los homicidios han disminuido, pero las desapariciones han aumentado considerablemente, y el descubrimiento el año pasado de un campo de "exterminio" de un cártel, con reclutas forzados entre las víctimas, desató una indignación generalizada por el agravamiento del problema.
A pesar del aparente cambio de rumbo de AMLO en su enfoque de "abrazos, no balazos" hacia el crimen organizado y la mayor cooperación con Estados Unidos, los datos sugieren que estos grupos siguen expandiéndose. Así es, sin duda, como lo ven la Casa Blanca y la población mexicana (las encuestas en México y en toda Latinoamérica muestran que la seguridad es una preocupación prioritaria). Pero una intervención estadounidense en el país sin el consentimiento del ejército mexicano sería peligrosamente contraproducente, perjudicando gravemente las relaciones bilaterales y poniendo a la opinión pública mexicana en contra de Estados Unidos.
Además, sería ineficaz, ya que frenar el poder del crimen organizado requiere romper sus vínculos con el poder político. Es bien sabido que el partido gobernante, Morena, ha recibido fondos de organizaciones criminales para financiar campañas electorales en varios estados y municipios a lo largo de los años. Además, miembros prominentes del partido, incluyendo gobernadores y congresistas estatales, tienen presuntos vínculos con el crimen organizado.
La respuesta sencilla es que el gobierno de Sheinbaum investigue estos vínculos. Pero todos los políticos con presuntos vínculos con cárteles fueron nombrados por AMLO, y Sheinbaum claramente no puede o no está dispuesta a arriesgarse a una ruptura con su predecesor que fracturaría a Morena y pondría en riesgo su administración. Sheinbaum debe convocar elecciones intermedias en 2027 para conservar su presidencia, y por lo tanto necesita la maquinaria electoral de Morena. (Ese voto es una trampa inventada por AMLO para asegurar su control continuo de Morena incluso fuera del poder).
Trump no tiene las mismas limitaciones. Si realmente quiere atacar a los cárteles mexicanos, debería centrarse en revelar sus vínculos con políticos de Morena en lugar de impulsar acciones militares. Las docenas de miembros de cárteles extraditados a Estados Unidos seguramente han proporcionado información detallada sobre estos vínculos. La revocación de la visa estadounidense de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, en 2025, y el arresto del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, por presunto lavado de dinero son primeros pasos prometedores.
Más arrestos y acusaciones formales podrían tener un impacto positivo en las relaciones entre México y Estados Unidos.
Dichas acciones reducirían el control de AMLO sobre Morena, lo que permitiría a Sheinbaum tomar el control del partido y ampliar la lucha contra el crimen organizado. En el futuro, los políticos serían menos propensos a colaborar con los cárteles si supieran que esto podría llevar a su arresto y encarcelamiento.
Otro beneficio potencial es que la alianza con Morena podría fragmentarse, abriendo la posibilidad de una verdadera competencia política y un alejamiento del camino autocrático que AMLO impuso al país. Por supuesto, a Trump le importa poco la solidez de la democracia mexicana. Pero un sistema político más competitivo podría llevar a una flexibilización de las restricciones que AMLO impuso al sector eléctrico, en particular las restricciones a la inversión privada, un avance que podría ser de gran interés para las empresas estadounidenses y para Trump.
Quizás aún más importante, una aplicación más estricta de la ley contra los cárteles podría mejorar la percepción de México por parte de los inversionistas, tanto nacionales como internacionales. Dado que el estancamiento de la inversión es probablemente la principal razón del bajo rendimiento de la economía mexicana en los últimos años, este cambio podría ser beneficioso para México y Estados Unidos. Pero esto sólo podrá suceder si Trump combate a los cárteles con presión política, no con fuerza militar.
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Scherer, Ramírez Cuevas y una
bomba para Claudia
Columna de opinión escrita por Salvador Camarena para el diario El Financiero
Martes 10 de febrero de 2026
Salvador Camarena
Hijo de tigre, pintito. Julio Scherer Ibarra publica un libro que sacudirá al gobierno de Claudia Sheinbaum al reabrir la discusión sobre lo que es y lo que no es el obradorismo en cuanto a honestidad y rendición de cuentas.
Aunque oficialmente el libro Ni venganza ni perdón. Una amistad al filo del poder, de Scherer Ibarra en coautoría con Jorge Fernández Menéndez, comienza a circular mañana, algunos extractos ya son polémicamente públicos.
Scherer Ibarra escribe que anunció en septiembre de 2024 a la hoy presidenta y al entonces presidente que limpiaría su nombre; no pudo haber imaginado la coyuntura de máximo estrés gubernamental en que llegan tan claridosas memorias.
Año y medio después, Sheinbaum resiste la descomunal presión del gobierno de Estados Unidos, descarado en sus intentos injerencistas y una particular animosidad contra los cárteles mexicanos.
Scherer Ibarra complicará ese escenario de la mandataria. Una de las personas a las que el hijo del fundador de Proceso dirige sus baterías es Jesús Ramírez Cuevas, no sólo exvocero de AMLO sino colaborador nada trivial de Claudia.
Cuando mañana comience a circular abiertamente, Ni venganza ni perdón… ya llevará al menos tres días de haber puesto en el spot mediático a Ramírez Cuevas por al menos dos casos, uno sobre esquiroles y otro sobre narco.
Desde el domingo, la revista Proceso adelantó un capítulo relativo al decreto para pagar pensiones a extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro, que implicará una “afectación al erario por 27 mil millones de pesos”.
Según lo publicado en el portal de Proceso, “el caso evidencia cómo un encargo institucional pudo ser manipulado con fines personales y cómo la justicia social puede ser usada como pretexto para beneficios selectivos, sin sustentos financieros ni jurídicos adecuados. La actuación de Jesús Ramírez, bajo el manto de la confianza presidencial, comprometió las finanzas públicas, dividió al movimiento sindical y colocó recursos públicos al servicio de una precandidatura y de intereses políticos particulares”.
En otras palabras, Scherer y Fernández Menéndez señalan que Ramírez Cuevas favoreció a una facción del Sindicato Mexicano de Electricistas que fue aliada del calderonista Javier Lozano; grupo al que, no obstante, se le premió con pensiones que por décadas supondrán una carga multimillonaria a las finanzas públicas, y que, además, tal apoyo fue utilizado para respaldar sectariamente a Clara Brugada en su aspiración capitalina. Todo con cuestionable legalidad, según los autores.
Y en otro pasaje, denuncian que Ramírez Cuevas tuvo reuniones con Sergio Carmona, el rey del huachicol y acusado de presuntos narconexos, asesinado en Nuevo León en 2021 cuando, dicen, negociaba impunidad con EU.
En ese texto se dice que el exvocero presentó a Carmona con el hoy secretario de Educación y en 2021 presidente de Morena, Mario Delgado, e incluso que habría facilitado acercamientos con el expresidente López Obrador.
Las versiones del poderío criminal que Carmona logró circularon ampliamente en años recientes. Mas una cosa muy distinta es que ahora lo destaque quien fue consejero jurídico de Andrés Manuel y aliado de Sheinbaum.
Así fuera sólo por esos dos episodios, la presidenta tiene en puerta un nuevo escándalo. No se trata de que se fractura, si es que algo queda, la inmaculada aura del paraíso morenista con esta revelación de muy feas y muy costosas cuitas de Ramírez Cuevas. Es que el señalado de un gigantesco costo financiero por apoyar a una facción del SME y de ligas con un presunto delincuente de gran calibre no está en el exilio, ni en el pasado: opera junto y para ella en Palacio todos los días.






















